Las exageraciones en el periodismo de García Márquez

  • 17 abril 2014
El diarismo mágico de García Márquez

En 1954, el diario colombiano El Espectador envía a uno de sus jóvenes periodistas, Gabriel García Márquez, a cubrir una protesta multitudinaria contra el gobierno en la remota ciudad de Quibdó, en el estado del Chocó.

Tras una odisea de dos días de viaje por la selva, García Márquez y su fotógrafo llegan por fin a su destino y se llevan una sorpresa: la ciudad de Quibdó está en completa calma. El corresponsal local de El Espectador, Primo Guerrero, había falseado los hechos que había informado a la redacción en Bogotá.

Es decir, García Márquez se percata de que la protesta por la que había sido enviado a reportear no existe. Ante este panorama, el joven periodista le dice a Guerrero que no quiere regresar a la capital con las manos vacías.

Así que se ponen de acuerdo y, "con tambores y sirenas", ambos convocan y organizan una protesta para poder escribir la crónica y tomar las fotos.

La nota sale publicada en El Espectador bajo el título "Historia íntima de una manifestación de 400 horas" y, en ella, García Márquez asegura que la protesta duró 13 días, "nueve de los cuales estuvo lloviendo implacablemente".

El reportaje detalla que bajo la lluvia "los manifestantes lloraban, escribían memoriales y se lavaban en la vía pública".

Años más tarde, al recordar este episodio, en una entrevista con el periodista Daniel Samper, García Márquez confesó: "Inventábamos cada noticia...".

El diarismo mágico

Gabo y su creatividad
García Márquez desbordó su creatividad no sólo en sus novelas sino también en sus columnas y reportajes.

Una de las características de las novelas de García Márquez es su capacidad para inventar una "realidad desbordante", según ha escrito el crítico Claudio Guillén. Y esto tiene que ver, en parte, con el uso de la hipérbole, es decir, la exageración.

¿Cuán común es la invención o la exageración en el periodismo de García Márquez? Para mi tesis de doctorado, estudié la promiscua relación entre el periodismo y la literatura en América Latina.

En el caso de García Márquez, es posible detectar exageraciones e invenciones en diferentes etapas de su periodismo. En algunos momentos, estas exageraciones e invenciones están presentes de una forma abundante y abierta y, en otras, de forma dosificada y velada.

Esto es un fenómeno que se enmarca en lo que he llamado el diarismo mágico de García Márquez. Sin embargo, yo no soy el primero, ni mucho menos, que ha detectado las invenciones en el periodismo garciamarquiano.

El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, en su libro "Historia de un deicidio", documenta la invención que García Márquez hizo de la protesta de Quibdó y dice que es parte de su personalidad aventurera y su fascinación por los hechos y los personajes inusitados.

Según Vargas Llosa, "lo que sedujo" a García Márquez del periodismo no fue la página editorial sino el trabajo de reportero, "que se moviliza tras la noticia y, si no la encuentra, la inventa".

El poeta inexistente

El crítico Raymond Williams considera que muchos de los textos periodísticos de García Márquez son "anécdotas ficcionales".

En 1948, García Márquez dedicó una columna periodística al poeta César Guerra Valdés, en la que cuenta cómo el poeta visitó la sala de redacción del periódico en que trabajaba en aquel momento, El Universal de Cartagena.

García Márquez elogia al poeta explicando que este "autor de cinco libros fundamentales" es "uno de los grandes revolucionarios estéticos" de América Latina.

La columna resalta la calidez de la escritura del poeta y menciona que aunque pasa inadvertido en el ambiente local, este escritor está provocando una renovación en la literatura latinoamericana.

Sin embargo, varios críticos han confirmado que el poeta César Guerra Valdés nunca existió.

Más adelante, cuando trabaja para El Heraldo de Barranquilla, García Márquez comienza a publicar la vida y milagros de una extravagante marquesa alemana a quien su esposo manda a matar varias veces.

En una de sus columnas periodísticas, García Márquez recrea una conversación ficticia con la alemana y en su conversación, él dice que todos sus personajes "son imaginarios".

Inventar un poquito

En una entrevista para mi tesis, conversé con Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), la escuela de periodismo con sede en Cartagena de Indias, fundada por García Márquez en 1994.

Abello Banfi admite que hay un doble discurso en los círculos periodísticos y literarios, ya que por un lado, la posición oficial de manuales y convenciones periodísticas prohíbe de forma tajante incluir datos falsos en los textos de prensa.

García Márquez regresa a Macondo
En 2007, García Márquez viajó con su esposa Mercedes a Aracataca, el pueblo que inspiró Macondo.

Sin embargo, en la práctica, se nota cómo los grandes escritores se toman licencias fácticas cuando escriben textos periodísticos.

En su contacto con García Márquez y con escritores como Tomás Eloy Martínez y Ryszard Kapuscinski, Abello Banfi asegura que ellos admitieron haber inventado ocasionalmente en sus reportajes.

"Hay que decirlo, los grandes cronistas inventan un poquito". Lo hacen de una manera dosificada, de manera que los lectores "no se den cuenta".

Sin embargo, la posición oficial de la fundación que Abello Banfi dirige es que los periodistas mantengan un apego a los datos fácticos.

Eso sí, reconoce que el terreno entre la ficción y la no ficción es un campo movedizo, cuya inestabilidad ha aumentado aún más con las nuevas tecnologías, como internet.

Abello Banfi sostiene que un ejemplo de invención en el periodismo de García Márquez se encuentra en su reportaje "Caracas sin agua".

Este texto de 1958 cuenta la historia de un ingeniero alemán llamado Samuel Burkart, quien está en la capital de Venezuela durante una crisis de escasez de agua.

En el reportaje, García Márquez narra cómo Burkart, ante la falta de agua tiene que rasurarse con jugo de duraznos.

Abello Banfi me comentó que el ingeniero alemán nunca existió y que cuando García Márquez describió la vida de Burkart en Caracas, más bien, estaba contando sus propias experiencias.

El mejor oficio del mundo

Como muchos periodistas de América Latina, debo confesar que he sido un lector devoto de García Márquez y reconozco que mi fervor por su estilo se agigantó dentro una sala de redacción.

En 1996 comencé a trabajar como reportero en un diario de Costa Rica y, coincidentemente, en octubre de ese año, García Márquez pronunció un discurso que rápidamente pasó de mano en mano y estalló como una pólvora de entusiasmo en las redacciones latinoamericanas, "El mejor oficio del mundo".

En ese texto, que extraoficialmente se convirtió casi de inmediato entre periodistas jóvenes y veteranos en una especie de manual de estilo, García Márquez pide considerar al reportaje como un género literario y habla sobre los "atentados éticos" que muchos reporteros cometen por prestar más atención a la tecnología que a las personas y a las palabras.

García Márquez recibe el Nobel
En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.

"La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón".

Ese énfasis en la ética aparece en un libro del periodista español Alex Grijelmo, donde García Márquez insiste en que el periodista debe apegarse a la verdad y no puede caer en la tentación de mentir.

"En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad".

¿Cómo se puede entender entonces esta poética de apego a la verdad fáctica y de rechazo a la mentira, mientras en sus textos se puede rastrear el uso de las exageraciones y las invenciones?

Esta es parte de las contradicciones que se pueden hallar en la obra garciamarquiana, de los abrazos y rechazos de su periodismo con la ficción.

Zigzagueo histórico

La relación porosa entre la ficción y la no ficción en América Latina no es un fenómeno nuevo.

García Márquez es parte de una tradición latinoamericana de escritores que zigzaguean entre la escritura de noticias y reportajes y la de cuentos, novelas o poemas.

Los intercambios en ambos sentidos son comunes.

El crítico Aníbal González explica cómo en América Latina, en diferentes épocas, la literatura y el periodismo han tenido estrategias de disimulo e imitación mutua para evitar la censura, ante la vigilancia de la ley, la religión y el Estado.

Un ejemplo del periodista escritor, una figura literaria que Roland Barthes llama "écrivain-écrivant", es el primer novelista latinoamericano, José Joaquín Fernández de Lizardi.

En 1816 Lizardi publica en México El periquillo sarniento, considerada la primera novela latinoamericana y, al mismo tiempo edita el periódico El pensador mexicano.

Desde entonces, la lista de periodistas escritores tiene a nombres como José Martí, Rubén Darío, Lima Barreto, José Marín Cañas, Roberto Arlt, Jorge Amado y Tomás Eloy Martínez, sólo por dar unos pocos ejemplos.

Y aquí me estoy refiriendo a escritores que trabajaron a tiempo completo en las salas de redacción.

Porque si se hiciera una lista de los escritores latinoamericanos que publicaron en periódicos habría que incluir prácticamente a todos.

Néfer Muñoz es un periodista costarricense que realizó un doctorado en literatura en la Universidad de Harvard. El título de su tesis es "Novelando en el periódico y reporteando en la novela de América Latina". Su capítulo sobre García Márquez desarrolla el concepto de "diarismo mágico" y estudia el uso de la hipérbole en el periodismo.

El diario El Espectador publicó el primer capítulo de Cien años de soledad en 1966.