Las misteriosas vacaciones juveniles de las tortugas bobas

  • 6 marzo 2014
Joven tortuga boba
Adosar dispositivos de rastreo a pequeñas tortugas fue un desafío.

Se marchan recién nacidas y regresan años después. ¿Pero a dónde van y qué hacen las jóvenes tortugas bobas todo ese tiempo?

Un equipo de investigadores colocó rastreadores satelitales a un grupo de tortugas de pocos meses de edad para seguirlas durante ese período misterioso en el que abandonan las costas de Estados Unidos y se adentran en el Océano Atlántico.

Según la información que pudieron recoger, los animales pasan bastante tiempo en el Mar de los Sargazos, que abarca parte del Triángulo de las Bermudas, posiblemente flotando sobre las acumulaciones de grandes algas conocidas como sargazos.

Tortuga boba
Las tortugas bobas tienen una baja tasa de reproducción y no llegan a la madurez sexual antes de los 17 años.

"Este ha sido un estudio divertido porque los datos sugieren que las tortugas están haciendo algo un poco más inesperado que lo que todo el mundo había asumido en las últimas décadas, y básicamente se trata de tener la tecnología adecuada para poder seguir a los animales", dijo Kate Mansfield, investigadora de la Universidad de Florida Central, Estados Unidos, y autora del trabajo.

Hasta ahora, los científicos no habían podido seguir la pista a las tortugas cabezonas (de la especie Caretta caretta) en sus primeros años de vida.

Después de dejar sus nidos en las playas de Florida, las tortugas recién nacidas corren hacia el agua y se lanzan a la aventura.

Pero a dónde van y lo que hacen antes de volver a la costa estadounidense como grandes ejemplares jóvenes era un misterio.

Un colchón de algas

Estudios genéticos, la pesca accidental y el avistamiento ocasional de tortugas mar adentro habían dado algunas pistas generales: viajan en un enorme círculo dentro de las corrientes asociadas con el giro oceánico subtropical del Atlántico Norte y llegan hasta las islas Azores y Cabo Verde antes de volver al Golfo de México y a Florida.

Seguirles el rastro con ayuda de satélites puede dar respuestas más concluyentes, pero la tarea de adherir un rastreador a tortugas de pocos meses de edad y que crecen rápidamente no es sencilla.

El equipo de Mansfield utilizó monturas flexibles y técnicas más propias de un salón de manicura y consiguió que los dispositivos se mantuvieran en el caparazón de los animales hasta por 220 días.

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Jóvenes tortugas bobas
Las tortugas de este estudio fueron liberadas en la costa oriental de Estados Unidos.
Tortuga boba
Los científicos creen que las algas les ofrecen protección, alimento y calor.

Y así pudieron ver que las jóvenes tortugas se salían de las corrientes predominantes del giro hacia la mitad del Atlántico, en lo que se denomina el Mar de los Sargazos.

Los rastreadores también indicaron que los animales permanecían la mayor parte del tiempo en la superficie, algo que sugieren los registros de temperatura, que fueron un poco más altos de lo esperado.

Por eso, los científicos creen que las tortugas viven entre grandes y espesas masas formadas por las algas sargazos que se encuentran en el Atlántico Central.

Suponen los investigadores que las jóvenes tortugas encuentran en las algas protección ante los predadores y alimento.

tortuga boba
La tecnología satelital permite seguir los pasos de las tortugas y ayudar a su conservación.
Tortuga boba
La información de los rastreadores indica que las jóvenes tortugas se mantienen cerca de la superficie.

Pero Mansfield también piensa que esto puede ofrecer beneficios térmicos para estas criaturas de sangre fría.

"Su supervivencia, su metabolismo, su comportamiento alimentario: todo mejora con las temperaturas óptimas. Y los sargazos son como un cálido micro-hábitat flotante. Las masas atrapan agua donde pueden obtener calor localizado", explicó la investigadora a la BBC.

"Hicimos un experimento con sargazos en un balde de agua junto a otro balde de agua sin algas y se ve una diferencia de temperatura que puede explicar lo que observamos en los dispositivos".

Los resultados de estas observaciones fueron publicadas por la revista especializada Proceedings B de la Real Sociedad británica.

Conservación

Las tortugas bobas o cabezonas atlánticas están clasificadas como una especie amenazada, y la preocupación es aún mayor dado que a estos animales les lleva mucho tiempo alcanzar la madurez sexual.

Pueden pasar 25 años o más antes de que se reproduzcan.

Por eso, saber lo que hacen durante su juventud constituye información muy útil para los esfuerzos de conservación.

"Este estudio marca un gran paso adelante en el desarrollo del rastreo satelital", consideró por su parte Brendan Godley, coordinador del Grupo de Investigación de Tortugas Marinas de la Universidad de Exeter en Reino Unido, al ser consultado por la BBC.

"Esta es la primera vez que se han rastreado tortugas tan pequeñas. Hacerlo de esta forma está continuamente ofreciendo nuevo conocimiento de los patrones de vida de esta elusiva especie y mejorando nuestra capacidad de proteger este importante grupo animal", dijo el científico a la BBC.

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