La ciudad que vive asediada por las hienas

  • 2 marzo 2014
Hiena comiendo

Es tarde en la noche en Adís Abeba. Stephen Brend, un zoólogo de la Fundación Born Free me está llevando al aeropuerto desde donde partiré con destino a Londres.

"¿Podemos desviarnos por diez minutos?", me pregunta, mientras pasamos frente a la embajada británica. "Por supuesto", le respondo.

Entonces, dobla y se mete por un camino destapado entre unas chozas y una colección de viejos cacharros que hacen las veces de taxis en la capital etíope.

"¡Mire eso!", exclama.

En la claridad que dan las luces delanteras veo varios pares de ojos destellando en la oscuridad como espejos diminutos.

A medida que nos acercamos empiezo a distinguir la forma de los dueños de esos ojos.

Son unas bestias horribles, del tamaño de los perros más grandes, cuya piel es de pelos ásperos con manchas, cuellos largos y las patas del frente más largas que las de atrás, de manera que su espalda es mucho más estrecha en la cola que a la altura de sus poderosos hombros.

"Hienas", dice Stephen.

Unos de los depredadores más feroces del planeta.

Y están rebuscando comida con absoluto descaro en unas canecas de basura al lado de una cancha de fútbol y a menos de 50 metros de casas en las que vive gente.

Buenos pero también muy malos y feos

Hiena
Hasta los leones les temen a las hienas.

Un grupo de adolescentes pasa al lado de los animales.

"¡Están locos!", dice Stephen.

Las mandíbulas de las hienas son tan poderosas como las de los tiburones blancos, explica. Pueden romper una pierna de elefante. Se devoran hasta el último bocado de sus presas, huesos incluidos.

"No dejan nada".

Londres está infestado de zorros urbanos. Delhi está sitiada por monos citadinos. Adís Abeba está plagada de hienas que se han mudado a la ciudad desde las lomas de los alrededores para instalarse en la capital de Etiopía.

En algunos sentidos, prestan un servicio útil, controlando la creciente población de perros callejeros y gatos silvestres. Además consumen los cadáveres de caballos y otros animales.

Pero ahora se estima que ya hay entre 300 y 1.000 viviendo en la ciudad, y son peligrosas.

En 2011, las autoridades aeroportuarias tuvieron que llamar a cazadores para que mataran a una manada de hienas que amenazaban a los aviones al despegar y aterrizar.

La gente que vive cerca del cementerio público Ketchene se ha quejado de que las hienas cavan y se comen los cuerpos de los pobres, a los que entierran en fosas poco profundas.

Casos espeluznantes

Indigente en Adí Abuba
Los indigentes de la capital son vulnerables a ataques de hienas.

Las hienas tienden a cazar en manada y una noche, un guarda de la embajada británica vio una línea de 40 de ellas corriendo al lado de las rejas del complejo.

Periódicamente atacan a algunos de los muchos etíopes que duermen en las calles. Un voluntario de una clínica administrada por la misión Madre Teresa en la ciudad dice que un par de veces al mes tienen que atender a personas sin techo e indigentes a los que las hienas se les comen los dedos de las manos y los pies cuando están drogadas o borrachas.

En una ocasión, un hombre llegó luego de que una hiena le había arrancado casi todo su cuero cabelludo mientras dormía, de manera que le colgaba sobre sus ojos.

El 2013, a una madre, que estaba acampando al frente de la iglesia San Estefan cerca del hotel Hilton, una hiena le arrebató su bebé de los brazos y lo mató.

Cachorritos

Dos jóvenes en Adí Abuba
Las hienas viven cerca de los hogares de la gente.

En diciembre pasado las autoridades organizaron una eliminación selectiva en la que cazadores con licencias mataron a 10 hienas que estaban viviendo en un terreno baldío de cuatro hectáreas cerca del centro de la capital.

Al menos media docena de otras guaridas han sido reportadas cerca del centro de la ciudad.

Las autoridades tuvieron que actuar de nuevo cuando una hiena hembra hizo una madriguera en una alcantarilla de un barrio densamente poblado llamado Shiro Meada, a las espaldas de la embajada estadounidense. Había parido dos cachorros.

Cachorros
Stephen cuidará de los cachorros en casa hasta que cumplan seis meses.

La mataron en enero y Stephen se llevó a los cachorros a la casa. Ahora viven en la cama en su cuarto de huéspedes. Se llaman Screamer y Stylo, y han destruido el colchón, las cortinas, los armarios... todo. Son unas criaturas feas que emiten gritos agudos y tienen que ser alimentados con leche grasosa tres veces al día con un tetero, la tercera vez a la medianoche.

A pesar de todo, para Stephen, "son muy lindos a su manera".

Cuando cumplan seis meses, los llevará al santuario de la fundación Born Free en las afueras de Adí Abeba.

"Serán muy peligrosos: lo que para ellos es un pequeño pellizco, para nosotros es una amputación".