Venezuela: así fue la entrega de Leopoldo López

  • 19 febrero 2014

No querían que se fuera. Estaban empeñados en que la tanqueta que llevaba arrestado a Leopoldo López no avanzara. Así que el líder opositor venezolano habló por el altavoz del vehículo policial. Y pidió que abrieran paso.

López se acababa de entregar a las autoridades, acusado de promover la violencia durante los seis días de protestas contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Detrás había dejado -en medio de empujones, símbolos y sudor- a cientos de miles de personas que lo acompañaron vestidos de blanco y con sus gorras amarillo, azul y rojo.

Pero quienes llegaron hasta la tanqueta después de pasar varias barricadas de la policía, unas 500 personas, no lo querían dejar ir.

La "ballena" -como les dicen en Venezuela- logró avanzar lentamente después del mensaje de López, pero la gente la siguió como ballenatos hasta que fue imposible.

El ya denominado por muchos como el "Via Crucis de Leopoldo López" bien puede ser visto como parte de una estrategia de la oposición para martirizar a uno de sus líderes. De serlo, le salió muy bien.

Perfil: quién es Leopoldo López

La barrera

Protesta en Caracas
La oposición busca la salida del gobierno de Nicolás Maduro.

López llevaba seis días sin aparecer en público y dos días antes había publicado un video para convocar la marcha del martes.

El caraqueño de 42 años se ha convertido en la figura más importante para todos aquellos críticos del chavismo que ven la protesta como la forma de enfrentar y lograr la salida del sucesor de Hugo Chávez.

López, que incluso después de su detención reiteró que su objetivo es la dimisión de Maduro, había dicho que se entregaría en el Ministerio del Interior.

Pero el gobierno aseguró que no tenía permiso para marchar en el centro de la ciudad.

En la zona de la movilización había una barricada de policías y guardias con escudos y cascos en el límite entre Chacao, un municipio de Caracas típicamente opositor, y Libertador, una zona gobernada por el chavismo.

Pasar la barrera humana significaba jugar con la posibilidad de que se desataran nuevos disturbios.

De la barricada hacia el este había gente vestida de blanco, y hacia el oeste, principalmente policías (6.000, según los colegas de López en el partido Voluntad Popular).

Al mediodía López llegó, vestido con una camiseta de manga larga blanca que por delante tenía un mapa de Venezuela y detrás decía "El que se cansa pierde". Su objetivo, el cordón de guardias.

De lejos, era difícil ver la cara de López. De cerca se olía el calor que producen no solo el clima de Caracas, sino las cientos de personas que buscaban ver en primera fila, o incluso tocar, al implicado.

López se dirigió a sus seguidores un metro antes de enfrentar la barricada, desde la estatua de José Martí, el líder independista cubano que se volvió una figura para la izquierda latinoamericana.

Y citó, para el clamor de la gente, al poeta venezolano Andrés Eloy Blanco al hablar de sus hijos: "El que es padre de un niño, es padre de todos".

Mujeres de edad lloraban y algunas se veían trastornadas, en necesidad de salir de emergencia. Algunos coreaban cánticos contra Cuba, otros grababan como si fuera el concierto de un artista famoso.

El arresto

A las 12:30 López se entregó a los guardias en medio del caos, rodeado de su familia y sus abogados. Portaba margaritas blancas y andaba arropado por una bandera de Venezuela.

Lo esperaba una tanqueta a dos cuadras, y en el camino varios cordones que la gente tuvo que atravesar -por arriba, abajo, a la fuerza- para poder acompañarlo.

Muchos lo lograron. Muchos, quizá entre 200 y 300, vieron cómo Leopoldo López entró a la "ballena" 18 de la Guardia Nacional Bolivariana, que después de su mensaje por las bocinas pudo andar y llegar al barrio de Sabana Grande, donde peleó una y otra vez con la muchedumbre para poder seguir.

No dejaban. En un punto pararon. Se armaron nuevos cordones. Y López salió de la tanqueta junto a su esposa para montarse a una camioneta Cherokee negra de su partido político.

Es una incógnita por qué lo hizo. Se comentaba que para lograr mejor movilidad entre la gente. Pero la historia en la camioneta fue la misma: la gente no quería que se fuera.

Y, como algunas calles estaban cerradas por la movilización que el gobierno llevaba a cabo cerca, la caravana tuvo que hacer un lento recorrido por las calles de un municipio que el mismo López gobernó entre 2000 y 2008.

Parecía el funeral de un santo, acompañado de vendedores de agua, fotógrafos y corresponsales de la prensa local y extranjera.

La salida

Cada tanto, se volvía a generar el conflicto: avanzamos o no. Y en la avenida principal de Las Mercedes fue tal vez el momento más crítico: al frente de la camioneta, se forcejeaban opositores para dejar o no dejar andar el carro.

López salió el techo movedizo de la camioneta. Su cabeza se asomó. Estaba despelucado, su camiseta desjetada. Lo rodeaban tres guardias que iban sentados en el techo. Tenía un megáfono, pero lo que decía no se oía.

La gente pedía silencio, pero López no: él solo observaba, mostraba admiración y confusión. Miraba con las cejas fruncidas. Parecía no saber qué decir. No podía decirles a sus seguidores que se quitaran. Ni que se quedaran. Él miraba. Y recibía manos, y recibió una biblia.

Protesta en Caracas
Se espera que este miércoles Leopoldo López aparezca en tribunales.

Este corresponsal iba al pie de la camioneta. Hablaba con la redacción por teléfono para poder tuitear lo que veía. Y en un momento López me miró a los ojos. Yo le hice cara de "¿y ahora qué?". Pero él no respondió: miró a otro.

Al volver a entrar al barrio donde arrancó todo, la camioneta finalmente dejó de detenerse en cada cuadra. Anduvo por la Avenida Tamanaco hacia el este con más tranquilidad pero con más gente, que se vinculaba en cada cuadra para pasar de cientos a miles y de miles a decenas de miles. Otros admiraban desde las numerosas oficinas que hay en el sector.

A medida que salían del barrio y se ensanchaban las calles, el camino se hacía más fácil para la camioneta y más difícil para los marchantes.

De repente, la camioneta -con una decena de personas colgadas de los lados o sentadas en el techo- ya no iba rodeada de gente, sino de motos con corresponsales.

El político opositor fue trasladado a una cercana base aérea del ejército, tomó un helicóptero y lo llevaron al ministerio de Justicia, donde será presentado el miércoles.

Según informó su partido, pasará la noche en la cárcel de Ramo Verde. Y de acuerdo con el gobierno, su traslado fue supervisado por el segundo hombre del chavismo, el presidente de la Asamblea Diosdado Cabello.

Pero esa es otra historia. La gente, cuando vio que ya no podía acompañar la camioneta, se vio perdida en medio de la amplia autopista Francisco Fajardo.

Trataron de caminar hacia el este, pero era un camino sin fin. Discutieron si ir a la policía, o si a la plaza Altamira, el símbolo de protesta de la oposición.

Decidieron quedarse. Necesitaban sentarse. Porque su intenciones, dijeron, son seguir protestando.

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