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El cáncer derriba los muros entre las mujeres palestinas e israelíes

Última actualización: Viernes, 14 de febrero de 2014
Ibtisam Erekat y Ruth Ebenstein

Es un día tibio de invierno. Ibtisam Erekat y Ruth Ebenstein se encuentran en un banco a lo alto del Monte de los Olivos, en el lado este de Jerusalén.

Tras abrazarse, se sientan para ponerse al día con sus vidas. Ibtisam le muestra a Ruth fotos de un reciente matrimonio, mientras que Ruth le pregunta emocionada sobre cada invitado.

A primera vista, parecen dos viejas amigas. Sin embargo, Ibtisam y Ruth consideran que son mucho más que eso.

La relación ya inusual entre las dos mujeres, una judía y una musulmana, se vuelve más extraordinaria por los lazos que las unen. Se consideran hermanas, hermanas de cáncer.

Se conocieron hace tres años a través del foro Cope, un grupo de ayuda tanto para quienes sufren de cáncer de mama como para sobrevivientes de la enfermedad, y que atrae a israelíes y palestinos.

Ruth, de 45 años, fue diagnosticada con cáncer de mama hace tres años cuando amamantaba a su tercer hijo.

"Literalmente le estaba dando pecho a mi hijo cuando el radiólogo se me acercó y me dijo 'si el informe de patología regresa negativo, pensaré que es un error. Estoy muy seguro que es cáncer'", recuerda.

"Era una extraña sensación de que mi cuerpo producía leche -salud y nutrición- para mi bebé, y aun así ¿tenía cáncer? ¿Cómo podía ser? Escuchas la palabra 'cáncer' y piensas: 'Eso es todo, se terminó todo para mí'".

Ruth sigue contando que justo después de tener una tumorectomía, una amiga le comentó sobre el grupo de ayuda palestino-israelí. "Enseguida me metí, ¿quién podía entenderme mejor que otra mujer que haya pasado por lo mismo?"

Inicio de una amistad

Ibtisam Erekat y Ruth Ebenstein

Ibtisam y Ruth se consideran hermanas de cáncer.

Fue gracias a Cope que Ruth conoció a Ibtisam, una ama de casa de 50 años del pueblo palestino de Abu Dis, en las afueras de Jerusalén, que tenía una historia muy parecida a la suya.

"Estaba amamantando a mi hija y tenía un mes de embarazo cuando en el 2000 me diagnosticaron con cáncer de mama", cuenta Ibtisam.

A pesar de que no quería perder a su bebé, Ibtisam siguió el consejo de su doctor y se sometió a una operación de aborto, seguido de una mastectomía. Aunque el resultado de la primera operación fue sorprendente.

"Tras la operación tuve sangramiento, pero sentí que todavía estaba embarazada, y así fue", recuerda.

"De alguna forma milagrosa el aborto no funcionó. Sentí que Dios se llevó algo de mi cuerpo y me dio algo de vuelta. Mi hijo, Ahmed, que ahora tiene 13 años, es mi co superviviente".

Ruth señala que luchar contra el cáncer mientras amamantaban a sus recién nacidos no es lo único que estas dos mujeres comparten.

"Las dos somos muy creyentes de Dios, nos gusta mucho divertirnos, decimos lo que pensamos, nos reímos mucho -muy fuerte- y realmente no nos importa lo que piensen los demás".

Desde que se conocieron, sus experiencias de vida han alimentado esa amistad.

"En agosto me quitaron los ovarios, sólo para estar seguros", continúa Ruth. "Y tras la operación no llamé a nadie, salvo a Ibtisam. Sabía que le gustaría saber cómo estaba".

Ibtisam agrega que las dos "tienen el mismo optimismo y espíritu de lucha. Ella es un verdadero regalo del cáncer".

La amistad de estas dos mujeres se ha extendido a otros miembros de sus familias.

"Me he hecho amiga de toda su familia. Mis hijos la conocen, y el de cinco años me dijo 'voy a aprender árabe tan pronto como pueda para poder hablar con Ibtisam. Y yo le enseñaré hebreo", señala Ruth.

Falta de conocimiento

Familia de Ibtisam

La amistad de estas dos mujeres se ha extendido a las dos familias.

Lo otro que las dos tienen en común es su fuerte activismo para crear conciencia sobre el cáncer de mama.

"Si me entero de mujeres que tienen cáncer de mama, hago lo que esté a mi alcance para ayudarlas", comenta Ibtisam. "Las ayudo a que se saquen un seguro y a hacer todo el papeleo. Muchas mujeres de mi comunidad tienen miedo y no entienden cuán esencial es revisarse y recibir atención médica".

El doctor Jawad Bitar, epidemiólogo del Ministerio de Salud Palestino, explica que el cáncer de mama es la segunda causa más común de muerte entre las mujeres palestinas, tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania.

"Tristemente, el diagnóstico de cáncer de mama de la mayoría de las mujeres palestinas ocurre cuando la enfermedad ya se ha extendido a otras partes del cuerpo, lo que lleva a bajos índices de supervivencia", explica.

Una investigación hecha por Jamal Zidan, jefe del departamento de oncología del Centro Médico Ziv en el norte de Israel, puso en evidencia la necesidad de concientizar a las mujeres para que se hagan chequeos de prevención, particularmente entre las mujeres árabes.

"Descubrí que el origen étnico es un factor predictivo importante para el cáncer de mama", señala Zidan.

"La edad promedio de diagnóstico de cáncer de mama entre las mujeres árabes es 49, mientras que en las mujeres judías es de 59 años. Esto es un asunto particularmente malo porque por lo general el cáncer es más agresivo en mujeres jóvenes".

Solidaridad y empatía

Ruth

Ruth se considera una sobreviviente de un conflicto mucho mayor que el de Medio Oriente.

El doctor Bitar considera que concienciar sobre el cáncer de mama es un paso clave para mejorar la situación.

"En el pasado, las mujeres palestinas no tenían medios para hacerse chequeos de cáncer de mama, y pensamos que una vez que los hubo, las mujeres se harían más revisiones".

Pero Bitar cuenta que a pesar de que ahora le ofrecen pruebas gratis a todo el mundo, "todavía es poco popular. Sencillamente muchas mujeres no son conscientes de cómo la mamografía puede reducir la mortalidad de cáncer de mama".

Sin embargo, parece haber consenso tanto en las mujeres palestinas como en las israelíes de que no hay nada que temer, y que la clave está en el conocimiento y las revisiones, Ibtisam y Ruth son optimistas sobre la relación entre las mujeres de ambos lados del muro, gracias a Cope.

"Existe una verdadera solidaridad y empatía en el grupo", señala Ibtisam.

"Veo cómo algunas de las israelíes le dicen a las palestinas 'déjame llevarte a mi médico en Tel Aviv. Dame tus pruebas para que mi doctor les eche un vistazo'. Eso me da esperanza".

Ruth está de acuerdo. "Esto demuestra que la paz no es un sueño, que puede suceder".

"Cuando nos juntamos en esa habitación, ¿alguien se pregunta quien es palestino o israelí? Somos sobrevivientes del cáncer. Hemos peleado a un enemigo más grande que el conflicto de Medio Oriente. Nos enfrentamos al cáncer, y ganamos".

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