Grandes historias de 2013: el día en que "cerró" Estados Unidos

  • 23 diciembre 2013
Monumentos, parques y servicios cerrados por la paralización
Los servicios no esenciales permanecieron cerrados 16 días.

Empiezo por hacerles una confesión peculiar: no son pocos los que creen que soy dromomaníaco.

Eso significa un impulso irresistible por desplazarse de un lugar a otro. Pero en realidad no estoy desquiciado: simplemente soy un viajero apasionado.

Y, en un plano mucho más personal, dejó a los curiosos turistas que llegan a diario a la capital estadounidense sin acceso a las principales atracciones. Para ellos, que estaban sólo de paso, lo esencial era recorrer los parques nacionales, los museos públicos y los monumentos que hacen a la ciudad popular con los viajeros. Esencialmente, sin embargo, ¡se habían equivocado de fecha para vacacionar!

Por eso, cuando mi padre llegó a Washington, apenas al comienzo de la crisis, se encontró con que era imposible descubrir la capital en toda su plenitud. Él, un inglés andariego -y otro viajero incurable- recorrió miles de kilómetros para quedar paralizado, como el gobierno.

Protesta de empleados públicos por la paralización del gobierno
Algunos empleados públicos protestaron, impacientes, por la suspensión de sus sueldos.

Gracias a la indecisión de los congresistas, todo eso resultó imposible tanto para nosotros como para la tropa de turistas que no pudo cambiar sus planes a corto plazo y debió soportar con estoicismo el curioso imprevisto. Mi caso, en otras palabras, fue el caso de miles.

Los carteles de "cerrado" aparecieron el mismo primer día de aquel shutdown: en las calles vi a los empleados federales que dejaban sus oficinas antes del mediodía y ya empezaba a notarse la frustración que crecería en las siguientes dos semanas, hasta que se reabrió el gobierno, el 17 de octubre.

Conforme avanzaban los días, y mientras en los noticieros se multiplicaban las historias de los empleados en problemas, de las cancelaciones de matrimonios en lugares públicos, de los efectos negativos sobre la investigación médica y de las conversaciones políticas sin rumbo, los turistas se rascaban la cabeza con incredulidad. La pregunta era siempre la misma: "¿Y ahora qué hacemos?"

Lea: El día en que EE.UU. amaneció con su gobierno paralizado

Sorpresas ocultas

iglesia en DC
Algunos le sacaron provecho al cierre del gobierno. Esta iglesia, por ejemplo, invita a los fieles a misa porque "Dios nunca cierra y todos son esenciales acá".

La respuesta también era siempre la misma: descubrir.

No en vano, varios museos privados, que normalmente quedan relegados a un segundo plano ante la eminencia (y la gratuidad) del Smithsonian, tuvieron un notable incremento en sus visitas (y en sus ingresos) durante el problema gubernamental.

Tener alternativas es bueno, pero seamos claros: nada podría equiparar, en mi caso, la emocionante experiencia de ver de cerca el transbordador Discovery o el avión que botó la primera bomba atómica sobre Hiroshima -ambos tras puertas cerradas- que aprender, digamos, sobre la nueva generación del diseño de las escuelas verdes en el Museo de la Construcción, que permaneció bien abierto.

A pesar de todo, admito que durante el cierre hubo sorpresas ocultas. Así como culpo a los políticos en Washington por arruinar mis vacaciones, también tengo que darles las gracias. Gracias, señores congresistas, no sólo por mostrarme una capital que va más allá del gobierno federal, sino por hacer de mis vacaciones algo totalmente memorable y atípico.

monumento a Martin Luther King
Una imagen atípica que tomó mi familia: el monumento a Martin Luther King sin turistas.

Puede que tuviera que llenar muchos días con las más imprevistas actividades hasta que ustedes, señores congresistas, finalmente se pusieron de acuerdo -aunque sólo temporalmente- y reabrieron el gobierno, amenazados con la posibilidad de una crisis económica mayor.

También volvieron a funcionar parques y museos, pero la paralización dejó un sabor amargo: una confirmación palpable de que la política local está empantanada por las posiciones de dos bandos aparentemente irreconciliables.

En lo que concierne a mi padre, dos cosas quedaron en claro.

No sólo tendrá que volver a DC para conocer la ciudad -si los políticos lo permiten- sino que nunca olvidará que la primera vez que visitó la capital de Estados Unidos, deseoso de ver cómo funcionaba, no pudo ver casi nada porque estaba paralizada por primera vez en 17 años.

Lea: Cómo la crisis fiscal afectó la imagen internacional de EE.UU.

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