Grandes historias de 2013: la violación en grupo que conmocionó a India

  • 16 diciembre 2013
Graffitti en el piso, en protesta por la violación de una joven estudiante en Nueva Delhi
La violación de una joven provocó un movimiento social que sorprendió a India y al mundo.

El año 2013 comenzó en una nota extremadamente dolorosa para India.

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La violación dos semanas antes, el 16 de diciembre, de una joven estudiante de 23 años justo aquí, en la ciudad capital, en un lugar adonde todos vamos a ver películas, a distraernos, a pasar un buen rato, había sacudido al país y al mundo.

La víctima, conocida como "Corazón Valiente", murió el 28 de diciembre y el 2 de enero miles de mujeres coparon las calles de la ciudad para exigir el fin de la violencia de género.

Los ataques contra las mujeres en India no son una historia nueva. No pasaba por primera vez. Y tampoco era la primera vez que ocurría en una forma tan brutal.

Los cuatro hombres condenados a muerte por la violación de la joven
En septiembre, un tribunal condenó a muerte a cuatro adultos involucrados en la brutal violación. Un quinto fue juzgado como menor y un sexto se suicidó.

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Yo estaba en Londres cuando ocurrió la violación, y al principio no creía que fuera a desencadenar un movimiento tan grande. Pensé: "Esto se va a desvanecer. Son protestas cosméticas, están impulsadas por los medios; son muy urbanas y de clase media".

Pero me equivoqué. Y muchos otros también. Las protestas siguieron, sin importar las circunstancias, el clima, la acción policial.

Esta vez parecía que algo se había roto. Algo que que había tocado a los 1.250 millones de habitantes de India.

La joven representaba al país en una forma muy especial. No era una mujer religiosa, no pertenecía a un sector oprimido, no provenía de un rincón remoto... Toda la situación no había ocurrido en tierra de nadie.

Por el contrario: era joven, tenía aspiraciones. Trabajaba, estudiaba, vivía en la capital. Había salido con un amigo, había ido a ver una película, un largometraje inglés. Estaba en una zona acomodada de la ciudad.

Representaba la India del siglo XXI, el superpoder económico, el gigante de tecnología, la nación joven y moderna de la que todos hablan. Representaba todo aquello a lo que los indios aspiran, el "sueño indio".

Creo que eso fue lo que tocó una fibra sensible. La clase media -la más numerosa de India- podía identificarse con ella.

Por contraste, los seis hombres involucrados en la violación pertenecían a la clase media baja. Venían de familias pobres en pueblos, vivían en casas pequeñas en guetos de Nueva Delhi. Representaban a los hombres oprimidos, frustrados con la vida, furiosos porque las mujeres los están desplazando, tomando un espacio público que dejó de pertenecerles.

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Cuando la muchacha murió, la gente no la abandonó. Esto nos sorprendió a todos.

Manifestantes en Delhi, 2013
Los manifestantes no abandonaron las calles, incluso después del veredicto.

India había sido escenario de una suerte de estallido de sociedad civil en 2011 contra la corrupción. Los manifestantes salieron a apoyar a un activista social, al reformista anticorrupción Anna Hazare, quien se había declarado en huelga de hambre.

Aquel episodio también tomó al país desprevenido, y creo que en cierta forma los dos fenómenos se parecieron. El movimiento que se derivó de la brutal violación se alimentó de la fuerza del impulsado por la inconformidad con la corrupción.

Sin embargo, era más sólido, porque no estaba liderado por nadie: no había personaje central. La víctima era la protagonista. La gente se agrupó en torno a ella.

Todo esto obligó al gobierno a tomar medidas. Se creó un comité que hizo un número importante de recomendaciones, que luego formarían parte de la reformada ley sobre violación. La descripción de delitos se amplió, para incluir cosas como el acoso sexual, y la legislación en general se volvió más estricta.

Hubo, pues, un cambio tangible. El gobierno se dio cuenta de que la violencia contra la mujer es un problema real y que no puede esconderlo bajo la alfombra.

Pero para mí fue también un momento de mucha catarsis. Tuve una extraña sensación de alivio, porque la gente estaba hablando del asunto. En algún punto paré para preguntarme por qué nos había tomado tanto tiempo hacerlo.

Muchos nos dimos cuenta de que todavía ocurría un gran número de violaciones en India. Había incontables casos increíbles de violencia que no se reportaban, algunos de los cuales tenían lugar en sitios remotos del país, que nadie notaba.

Escultura en arena con rostro de mujer
La joven se convirtió en un símbolo, dentro y fuera de India.

Ahora más casos se salen a la luz, lo que no significa que se hayan incrementado, sino probablemente que más personas están encontrando el valor de hablar de ellos.

En la distancia, me fue posible analizar dónde estamos parados como nación en el siglo XXI y cómo reaccionamos. Y me di cuenta de cuán profundo y cuán difícil es romper estos paradigmas. ¿Cuánto nos tomará lograr un sentido de igualdad? Es todavía un sueño remoto para nosotros.

Pero además, esta especie de momento de renacimiento no fue exclusivo de India. No sólo nuestro país estaba hablando del caso, sino el mundo entero. Se trata de un problema que afecta a casi todas las naciones del mundo.

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El caso de la violación de una joven estudiante en Nueva Delhi, la reacción en la calle, el juicio a los acusados, se convirtieron en un punto de confluencia mundial.

Fue un despertar, en cierto modo. Pero un despertar al fin.

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