Ingrid Betancourt: "Perdonar es una estrategia de liberación personal"

  • 21 octubre 2013
Ingrid Betancourt
Tras su liberación, las prioridades en la vida de Betancourt cambiaron.

"¿Quieres un té?", pregunta Ingrid Betancourt. Acto seguido, sirve una sola taza. "No puedo tomar ni cafeína ni teína, mi hígado está muy dañado, es un recuerdo de la selva", añade.

Han pasado cinco años desde que la excandidata a la presidencia de Colombia fuera liberada tras pasar casi siete años secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Se encontraba en campaña para los comicios de 2002 cuando fue capturada por el grupo guerrillero en los alrededores de San Vicente del Caguán, en el suroeste del país.

Ahora estudia Teología en la Universidad de Oxford, Inglaterra, pero a pesar del paso del tiempo, los recuerdos de sus días en cautiverio la acompañan todos los días. Muerte, dolor, humillación, miedo, depresión, soledad, hambre, ser tratado como un animal, estar enfermo sin tener la posibilidad de aliviar el dolor; ser criticado, ignorado por los compañeros de cautiverio, son algunas de las situaciones con las que lidió mientras estuvo en poder de las FARC.

Retomar la vida donde la dejó no ha sido tarea fácil. Hace poco declaró que no descartaba volver a la política. Sin embargo, sus prioridades han cambiado en forma radical, y la oposición de sus seres queridos podría convencerla de no regresar.

"Agrupaciones políticas en Colombia me han contactado, y yo descubrí que mi vínculo con el país es muy fuerte y por eso quisiera ayudar en el proceso de paz, aunque sea con mis pensamientos. Pero es una decisión difícil porque todavía tengo que sanar mis heridas y mi familia está en contra", dice.

Los años que precedieron su secuestro, Betancourt encarnó la imagen de una nueva generación de dirigentes, que no temía la polémica y ni le interesaba la posición tímida que tradicionalmente tuvieron las mujeres en la política colombiana. Y aun cuando la controversia siguió los años siguientes a su dramática liberación, muchos la consideran un símbolo del sufrimiento que la situación de secuestro impone a víctimas en el mundo entero.

BBC Mundo la entrevistó en la biblioteca de la universidad, donde habló de agradecimiento, perdón y vida.

Este trabajo forma parte de la temporada "100 mujeres: la mitad del mundo toma la palabra", en la que BBC explora los aportes y los retos de las mujeres en el mundo hoy.

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Pelea y reconciliación

¿Cómo se recupera la vida suspendida por cinco años de secuestro? Para algunas personas puede ser difícil de entender, pero para Betancourt agradecer lo vivido forma parte fundamental del proceso de sanación.

"Cuando me levanto en la mañana, lo primero que hago es darle gracias a Dios. Agradezco poder cerrar la puerta cuando voy al baño, tener un techo, una cama para dormir, que haya un interruptor para prender la luz y un grifo de agua caliente. Doy gracias por estar viva, soy una mejor persona debido a lo que me pasó, si eso no hubiera ocurrido, sería una niña malcriada", dice.

La gratitud, añade, es un componente esencial de la felicidad, ya que ofrece una perspectiva nueva: en vez de estar mirando todo lo que no se tiene, se agradece lo que sí se tiene.

Y se aprende. Especialmente sobre uno mismo.

"La pelea por la comida con otros compañeros que estaban secuestrados me trajo muchos problemas, pero eso reveló que yo era egoísta, impaciente e irrespetuosa con los demás. Normalmente evitas confrontarte con lo que no te gusta acerca de tu persona, pero estando en cautiverio, estás desnudo contigo mismo, así que descubrí muchas cosas acerca de mí, fue algo bueno que valoro en la actualidad".

Betancourt cuenta que el sentimiento de solidaridad familiar fue otra adquisición del secuestro.

"Aprendí que tenemos el tiempo contado. Es normal tener problemas con las personas que amamos, y cuando eso ocurre, es muy común dejar de hablarles. Estamos bravos y pensamos que, cuando nos pidan perdón, podremos arreglar el desacuerdo. Pero mi familia descubrió que ese es un lujo que no podemos darnos, porque en cualquier momento podemos morir, así que no sabes cuando será la última vez que beses a esa persona que quieres… Es por eso que no nos acostamos sin haber arreglado el problema que podamos tener".

Recuerda haber tenido una pelea con Dios. "Le reclamé que era injusto que me hubiera puesto en una situación que no merecía, pero aprendí que en la vida no tienes lo que mereces, sino lo que te toca. Se trata de la capacidad que tienes de sobreponerte a esas cosas. Y eso también lo aprendí en la selva. Lo que nos pasó fue un drama, pero eso le pasa también a millones de personas: a un familiar le detectan cáncer o muere porque un auto lo atropella. La vida es eso, imprevistos que no esperábamos".

"Nunca, nunca, nunca"

Yolanda Pulecio (madre de Betancourt), Ingrid Betancourt y Juan Manuel Santos.
La excandidata presidencial colombiana pasó casi siete años secuestrada por las FARC.

Betancourt reconoce que, sin embargo, hay momentos emocionales difíciles de manejar. "A veces recuerdo algunas situaciones, y es como si me devolviera a la selva, vuelvo a sentir el dolor y la falta de oxígeno –se lleva las manos a la boca del estómago, como si le faltara el aire- pero es pasajero. Sé que estoy aquí y estoy a salvo".

En esos casos, cuando un evento desagradable le llega a la mente, su reflejo inmediato es buscar un recuerdo de felicidad, equiparable en intensidad a ese momento doloroso.

Está convencida de que una máxima de su papá –quien murió cuando ella estuvo secuestrada- la ayudó en este sentido: buscar augurios más altos que el duelo, es decir, al tener un problema, hay que concentrarse en algo más importante que eso.

Eso también la ayudaba estando en cautiverio, cuando la castigaban físicamente y la maltrataban de diversas maneras, a lo que se refiere como los "momentos negros". De esos eventos se ha negado a hablar hasta la fecha.

"Hay cosas difíciles de perdonar. La decisión racional de hacerlo está ahí, pero las emociones se quedan atrás, hay una reticencia del alma frente a cosas que uno siente que fueron abominables. Tengo que hacer un gran esfuerzo para perdonar esos 'momentos negros'. Hay muchos, pero no vale la pena mencionarlos porque no tienen que vivir fuera de uno. Al respecto he hablado con prisioneros de guerra y gente que estuvo en campos de concentración, y hemos coincidido, hay cosas que uno decide que nunca, nunca, nunca, va a contar".

La importancia del perdón

La excandidata presidencial colombiana piensa, no obstante, que el perdón es fundamental para recuperarse de una experiencia traumática como la que atravesó. No es fácil hacerlo, es un proceso complejo y con varias etapas.

"La primera es la más superficial, decides que te vas a liberar de tu pasado y vas a perdonar. Pero la mayoría de las personas lo concibe desde el punto de vista cristiano, es como hacerle un favor a quien nos hizo daño. Pero no es así, en realidad es una estrategia de liberación personal. Si no perdonas, estás amarrado a tu ira, a lo agrio de tus sentimientos, y eso te envenena. El otro ni se entera, pero tu sigues macerando la sed de venganza".

"Después viene el manejo de la memoria, no puedes recordar constantemente los momentos desagradables de la vida porque hace daño, así que hay que tener memoria selectiva, no se trata de ignorar estos instantes, sino de saber cuándo deben regresar. Esto se define por la utilidad que pueda tener ese recuerdo, para uno o para ayudar a otro. Pero si lo traes de vuelta para recordar el dolor, es masoquismo, y hay que disciplinarse para no ser enemigo de uno mismo".

Según la experiencia de Betancourt, la siguiente etapa del perdón está relacionada con el manejo de la emoción, ya que cuando se autoriza a la mente a traer de vuelta el recuerdo, hay que mirarlo de frente.

"Es necesario ir al detalle de ese sufrimiento y verbalizar lo que se sintió para ponerle palabras, de esa manera se convierte en algo externo, lo que permite verlo con perspectiva y distancia. Cuando lo procesas, el sentimiento sigue presente, pero es mucho más liviano, eso te da la libertad de saber que te dolió, pero que fue tu manera de rebelarte contra el mal, así reivindicas tus emociones y tu sufrimiento y empiezas a cerrar las heridas".

Le pregunto si se ha enfrentado a muchos de esos momentos.

Con los ojos vidriosos responde: "Tengo una colección de esos momentos".

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