¿Será la Corte Penal Internacional el destino final de Al Asad?

  • 14 septiembre 2013
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Simpatizante de presidente de Siria muestra un afiche en Damasco

Si el presidente de Siria, Bashar al Asad, finalmente acepta dejar en manos de inspectores internacionales el arsenal de armas químicas –ese que hasta hace unos días decía que no existía- puede haber conjurado la amenaza de un ataque estadounidense que alteraría el equilibrio de fuerzas en la guerra civil que lleva ya más de dos años.

Si en Ginebra la diplomacia rusa y estadounidense llega a un acuerdo sobre cómo se llevará a cabo esa verificación internacional, y si Al Asad la aceptara finalmente, su gobierno puede contar con un tiempo extra que quizá le ayude a evitar la suerte de muchos de sus hasta hace poco colegas mandatarios del mundo árabe.

Pero quizá no le evite un viaje a La Haya para responder ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra.

Este viernes el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, pareció dar un adelanto de esas intenciones al asegurar que el gobierno de Al Asad "ha cometido muchos crímenes contra la humanidad".

"Estoy seguro de que habrá un proceso de adjudicación de responsabilidades cuando todo esto termine", dijo Ban, en lo que es la primera indicación por parte de un alto diplomático internacional sobre un eventual juicio a la cúpula gobernante siria.

Al presentar las justificaciones para la acción de militar de castigo contra Siria, el presidente estadounidense Barack Obama dejó claro que no busca un "cambio de régimen", pese a que señala a Al Asad de cometer abusos contra su pueblo.

Los grupos rebeldes que combaten al ejército sirio confiaban en que un ataque estadounidense debilitara al ejército y terminara de inclinar a su favor una guerra que en las última semanas parecían venir perdiendo terreno, aunque el resultado final negociado podría también implicar la salida de Al Asad del poder y su eventual enjuiciamiento ante el tribunal de la ONU.

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Adjudicar responsabilidades

Ban ki Moon, secretario general de la ONU

Ban habló en términos generales sin referirse al reciente ataque con armas químicas, prohibidas por un tratado del que Siria no era parte hasta que esta semana anunció su intención de adherirse.

Sin embargo, dijo que esperaba que pronto los inspectores del organismo le presentarán un reporte "abrumador" sobre el uso de ese tipo de armamento en un suburbio de Damasco a finales de agosto, del que Washington responsabiliza a Al Asad.

Aunque la ONU ha dejado claro que no adjudicará responsabilidades en el ataque, la confirmación implicaría que en el conflicto sirio se violó el derecho internacional humanitario y por tanto se cometió un crimen de guerra. Y en ese sentido muchos dedos sospechosos apuntan a Al Asad.

Por cierto que Ban expresó estas opiniones mientras se dirigía al Foro Internacional de Mujeres en la sede de la ONU, aparentemente sin saber que sus declaraciones estaban siendo transmitidas por televisión, lo que podría explicar ese pequeña pero importante ampliación de la agenda en la crisis siria, de lo militar y lo humanitario a lo legal.

El propio Ban reconoció que todavía falta esperar los resultados de las negociaciones que desde el jueves realizan en Ginebra el canciller ruso Serguei Lavrov y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry.

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De esas negociaciones ha salido la idea de discutir los preparativos de una conferencia de paz sobre Siria durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York a finales de septiembre.

En ese eventual foro, que también se realizará en Ginebra, participarán otros países que opinarán sobre lo que se puede hacer en la nación árabe y lo que se debe hacer con su presidente, heredero de una férrea dinastía de más de cuatro décadas.

Jean Marc-Ayrault, primer ministro de Francia, país que respalda la estrategia militar estadounidense, dijo al Parlamento en París la semana pasada que Al Asad "se ha convertido en un criminal de guerra".

Casi desde el principio de la crisis en Siria, la organización de defensa de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI) ha estado pidiendo a varios gobiernos que hagan gestiones para que el caso de la represión en la nación árabe sea presentado ante el Tribunal Penal Internacional.

Amnistía cita casos de bombardeos contra zonas civiles, ataques contra hospitales y profesionales de la salud, encarcelamientos arbitrarios, datos todos que se suman a lo que la organización define como "el extendido historial de tortura y otros malos tratos en Siria".

Primavera frustrada en Damasco

Barrio de Damasco destruído por bombardeos
Amnistía Internacional acusa al gobierno sirio de bombardear áreas civiles.

Cuando Al Asad llegó al poder, tras la muerte de su padre Hafez en junio de 2000, prometió cambios en la economía y lanzar "nuestra propia experiencia democrática", pero esas buenas intenciones de lo que se conoció entonces como la "primavera de Damasco" no duraron.

Líderes opositores empezaron a ser arrestados, se restablecieron controles a la libertad de expresión y las fuerzas de seguridad volvieron a la práctica de arrestar personas sin orden judicial, así como a mantenerlas largo tiempo en prisión incomunicadas.

En 2007 el presidente Al Asad ganó con el 97% de los votos un referendo que extendió su mandato otros siete años.

Luego vino el efecto contagioso de la llamada primavera árabe, pero al contrario de lo que hicieron sus colegas de Egipto, Libia o Túnez, que se vieron desbordados por las manifestaciones populares, Al Asad ordenó desde el principio reprimir duramente las demostraciones de calle.

También prometió conceder algunas reformas políticas, que no fueron del todo convincentes para los detractores de su gobierno.

Así, lo que empezó como expresiones de descontento, terminó en una guerra civil que ha costado la vida hasta ahora a unas 100.000 personas y generado más de 3 millones de desplazados, según cifras de la ONU.

Los investigadores del organismo internacional han determinado que en el conflicto interno sirio ambos bandos han cometido atrocidades y crímenes de guerra, aunque las fuerzas gubernamentales los habrían hecho en una proporción mucho mayor.

Ante las evidencias surgidas de abusos cometidos por las fuerzas rebeldes contra los seguidores del gobierno, civiles y militares, AI lamenta que no parezca que pueda avizorase "una revolución de los derechos humanos en Siria".