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La casa que hace 20 años "aprendió" a nadar

Última actualización: Martes, 24 de septiembre de 2013
Walter Suárez bajo la casa flotante.

Con barriles de aceite y mucho ingenio, Walter Suárez logró que su casa flotara.

En los últimos 30 años y con su ceguera a cuestas, Miguel Ángel Castillo ha vendido velas en la puerta de la Catedral de Cuenca, sur de Ecuador. Si alguien le pregunta por un momento particular de su extensa carrera, no lo duda: 1993.

"La historia que yo más recuerdo fue la Josefina, cuando la gente venía llorando a poner sus velas para, mediante el poder de Dios, salvarnos del peligro de que desapareciera media ciudad".

Hace dos décadas, la noche del 29 de marzo, millones de metros cúbicos de tierra del cerro Tamuga, en el sector de La Josefina, cayeron y represaron los ríos de la región, sepultando a un centenar de personas a su paso.

El cerro estaba ubicado sobre una falla geológica y se derrumbó debido a la explotación minera improvisada a la que había estado sometido.

La tragedia provocó más de 5.500 damnificados y más de 740 casas destruidas, pero una se salvó, la de Walter Suárez, quien mucho antes de que Disney y Pixar imaginaran a un anciano elevando su hogar con globos, hizo flotar el suyo con barriles de aceite vacíos.

"La casa de madera llevó cuatro años para construirse y era una casa vacacional. La hizo un tallador de altares llamado Luis Chacón. En la región no había casas de madera talladas a mano", le cuenta Suárez a BBC Mundo en el segundo piso de la casa flotante que ya no flota y vuelve con su memoria 20 años atrás.

Lluvia de agua y tierra

"Yo estaba en mi casa en Cuenca cuando me llamaron por teléfono que se había caído el cerro. No podía hacer nada porque estaba lloviendo. Al siguiente día que vine se iba estancando el agua y a los 15 días ya iba el agua acercándose a El Descanso. Ahí decidí desempernar la casa para que se eleve en el agua".

La casa con una soga.

Una soga impedía que la vivienda se fuera.

Como Suárez, cada uno de los habitantes de la provincia recuerda dónde estaba cuando ocurrió la tragedia.

"Fue una noche muy lúgubre. Llovía mucho y en un momento quedamos sin luces en Gualaceo. Al otro día nos levantamos con la preocupación de que no había paso a Cuenca. Llegué al sector de la Josefina y me asusté porque era de ver una montaña tapando el río y la carretera", le cuenta a BBC Mundo César León, ex alcalde de Gualaceo, una de las poblaciones aisladas por el deslave.

Alejandro Serrano, exalcalde de Cuenca y exvicepresidente de Ecuador, fue despertado a medianoche por el cuidador de una propiedad que administraba en la región. El río repentinamente se había secado.

"El problema fue adquiriendo unas dimensiones extraordinarias. Al día siguiente con la claridad se pudo establecer que la represa era muy grande y que eso iba a inundar aguas arriba el río Cuenca, el río Deleg y el río Azogues. Y efectivamente, durante los 30 días subsiguientes de represamiento se dio la inundación aguas arriba.

Se calcula en unos 300 millones de metros cúbicos el volumen de agua represada”, explica Serrano a BBC Mundo.

A petición de su amigo personal, el entonces presidente Sixto Durán Ballén, Alejandro Serrano se hizo cargo del Comité de Programación de las Obras de Emergencia de la Cuenca del Río Paute y de sus afluentes, mientras el mandatario se instalaba en Cuenca.

"Sixto se vino a establecer aquí, porque para él y para el gobierno tenía una implicación más grave todavía. El desembalse podía poner en riesgo la represa de Paute, es decir, dejar sin corriente eléctrica a todo el país. Es decir, la situación era gravísima".

"Como un barquito"

Walter Suárez y varios hombres, en la casa sobre barriles.

Los barriles de aceite vacíos resultaron cruciales.

Mientras el agua se acumulaba y el presidente de la nación debatía con los técnicos la mejor manera de desfogar esa espontánea laguna, Walter Suárez aflojaba las tuercas de su casa y hacía cálculos.

"Mis amigos me dijeron que no iba a elevarse la casa, pero la decisión era mía. Porque cada tanque vacío eleva seis llenos en el agua. Entonces súmele la cantidad de tanques y aproxímele el peso de la casa y tiene que de ley elevarse".

Pero los tanques de aceite que le proporcionaron empresas del sector y sus compañeros camioneros no eran suficientes. Suárez debió realizar un corte con una motosierra en la parte de atrás de la casa que estaba incrustada a una estructura de cemento.

"Lo que se perdió fue la parte baja, nada más. Le saqué los muebles y todo. Cuando la casa ya reventó, con la presión del agua, todo empezó a temblar. Y ahí yo dije: 'Chuta, hablé de una gana, a lo mejor no flota'. Y de golpe se destrabó y la presión del agua hizo 'traaaa'. Y en ese momento se sintió como un barquito".

Suárez ató dos sogas a la casa, una contra unos eucaliptos en el monte y otra contra el fondo de la laguna. Según Serrano, quien sobrevoló en helicóptero la zona del desastre en más de una ocasión, era un espectáculo ver la casa flotar sobre ese gran espejo de agua.

Un mes después, el ejército realizó un boquete en esa represa natural para terminar con la inundación y la corriente se llevó ciudadelas, casas y puentes.

Tres meses de calvario

"Yo me fui de acá del centro a ver cómo desfogaban las aguas y vi una pareja llorando", rememora César León. "La mujer le decía al marido 'siquiera sacamos la cubiertita de la casa que nos regaló el padrino'. El agua se tragó una escuela y dos puentes, uno de hormigón armado y otro de madera. Los árboles de eucalipto se viraban como una ramita y se perdían".

Preguntado por la casa flotante, el exalcalde de Gualaceo rescata el ingenio de Walter Suárez: "Las casas son inmuebles pero en este caso, con el desastre, la casa resultó mueble, porque fue trasladada para que no se vaya como tantas casas y puentes".

La casa flotando en mitad de un lago.

En su momento, la casa fue todo un espectáculo.

Luego de que bajaron las aguas la casa flotante quedó tres meses botada. Sus ventanas, que habían sobrevivido intactas a la "navegación", fueron destruidas a pedradas por gente del lugar. Algunos vándalos incluso entraron para robarse los interruptores de la luz.

"Cuando entraron a romper la casa, ahí me puse yo. No iba a dejar que le hagan pedazos. Y entonces la alcé en palos y la cargué en un tráiler, la amarré y le nivelé. Fue un trabajo largo. Un ingeniero me dijo que le regalara la casa para hacer leña. Le dije que no. 'Con qué sacrificio le saqué a la casa para yo regalarle para que haga leña, no sea malo, piense para hablar'".

Hoy la casa es una atracción turística en la zona de El Descanso, en el cantón Paute. Sólo viven en ella los álbumes de fotos de 20 años atrás, con los recortes de prensa que destacan la hazaña de Suárez.

En la planta baja su dueño ha levantado un santuario a la Virgen de la Dolorosa, cuyo reflejo reproduce una pequeña pileta de agua.

"Fue un capricho nomás. No fue necesidad. Quería demostrar que uno tiene una visión. A mí en el tráiler me gustaba, si se dañaba algo, inventarme. Si no hay un clavo, le pongo aunque sea un palo, o un alambre. El tema es buscarle una solución", concluye Suárez y cierra la puerta de la única casa tallada de madera en la región… que además flotó.

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