Cómo una hija de Freud causó impacto en el psicoanálisis

  • 9 septiembre 2013
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Anna Freud junto a su padre Sigmund

El legado de Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, es más que conocido. Pero es probable que ese no sea el caso de su hija Anna, cuyo trabajo tuvo –y sigue teniendo– un impacto en el psicoanálisis infantil.

Anna, la menor de seis hermanos, fue la única que siguió los pasos de su padre.

Se empezó a involucrar con apenas 13 años, cuando participó en las discusiones semanales de su padre sobre ideas psicoanalíticas.

En un episodio controvertido, también se cree que recibió cierta terapia informal de su padre.

Para el momento de su muerte en 1982, el trabajo de Anna Freud había revolucionado la forma en que tratamos a los niños en muchos aspectos de la vida: como en los hospitales, con más horas de visitas cuando los niñas están bajo tratamiento, y el sistema judicial, donde ahora se utilizan pantallas y videos cada vez que un niño tiene que dar su testimonio.

Anna creía que para entender el comportamiento normal se necesitaba observar cada uno de los movimientos de los niños más pequeños.

El personal de su guardería en Viena, y más tarde en Londres tras el exilio en 1938 de los Freud durante el nazismo, debía escribir meticulosamente las observaciones de los niños para intentar construir una teoría del desarrollo normal. También fueron entrenados para pensar analíticamente sobre lo que pudiera haber detrás del comportamiento.

Unidad familiar

Un centro en Hampstead, en el norte de Londres, que ahora lleva el nombre de Anna Freud, empezó como una guardería en tiempos de guerra. Abrió en 1941 para ayudar a unos 100 niños que se habían quedado sin hogar tras los bombardeos aéreos.

Anna Freud
Anna Freud se centró en el psicoanálisis infantil.

Freud era profesora y estaba influenciada por las ideas de desarrollo infantil de la pionera Maria Montessori.

La razón por la que abrió una guardería se debe a que creía que existía la necesidad de un ambiente seguro para los niños, cuyas madres estaban muy ocupadas con los esfuerzos de la guerra.

Según el doctor Nick Midgley, un psicoterapeuta infantil del centro, a los niños se les observaba cómo lidiaban con los problemas a través de sus juegos, como el caso de un niño llamado Bertie, cuyo padre murió durante un bombardeo.

"Bertie construía pequeñas casas de papel para después tirarles piedras, pero cada vez que jugaba a esto, en el último momento todos se salvaban", explica Midgley. "Y se dieron cuenta que no fue hasta que pudo hablar con alguien sobre la muerte de su padre que este juego cambió".

El actor inglés Michael Byrne tenía apenas un año cuando su madre soltera lo llevó a la guardería en 1941.

A pesar de que al principio todo el personal se encargaba de todos los niños, Anna Freud introdujo muy rápido el concepto de "unidades de familia".

"Nos pusieron en unidades de familia de cinco o seis", recuerda Byrne, "la idea era que no nos querían institucionalizar y para ello teníamos hermanas y hermanos y una madre suplente".

Su propia madre trabajó durante un tiempo en la guardería. Muchas de las personas que estaban al cuidado de los niños no tenían experiencia, pero Anna Freud pensó que aprenderían de los pequeños.

"Ellos tomaban nota. Todo el tiempo se fijaban en los efectos que esta pesadilla de la guerra tenía en los niños", señala Byrne.

Cambiando con el tiempo

La doctora Inge Pretorius, psicoterapeuta infantil y de adolescentes, quien ahora está a cargo de los servicios para los padres y menores de tres años del centro, explica que fue durante esos años de guerra que Ann Freud "se dio cuenta de la importancia de las relaciones tempranas para el desarrollo y la intervención temprana para prevenir futuras dificultades en el desarrollo del niño".

Este enfoque continúa. Ignorados por los niños, los estudiantes de psicología observan a los de uno a tres años y las luchas que tienen cuando son separados de sus madres o deben aprender a sentarse en la mesa para comer.

Los padres del centro aprecian este enfoque.

Jessica, que tuvo una depresión postnatal, lleva cada semana a su hija de 18 meses.

"Después de dar a luz todo el mundo necesita apoyo. Estás cansada, preocupada por cosas pequeñas y quieres conectar con otros padres que saben por lo que estás pasando. Creo que hay más interacción y están más centrados en su desarrollo".

No obstante, los críticos a la idea central de Freud consideran que la observación de niños carece de rigor.

El psicoanalista Ian Parker dice que la observación puede llevar a que el analista piense que lo que ve es importante en vez de lo que escucha durante el análisis.

"En el psicoanálisis lo más importante son las interpretaciones que ofrece el paciente, en vez de la interpretación del analista".

Pero la doctora Pretorius considera que si te fijas cuidadosamente en un niño que no habla mucho, especular en lo que pueda estar detrás puede ser útil, aunque subjetivo.

La directora del Centro Anna Freud, Mary Target, cree que todavía hay una conexión con el trabajo de Anna, a pesar de que su investigación está progresando hacia nuevas direcciones.

"El laboratorio de desarrollo neurocientífico está tratando de observar las áreas del funcionamiento del cerebro que están fuera de nuestra conciencia ordinaria, pero que sustentan los juicios, experiencias, reacciones, relaciones; sobre todo en los niños muy pequeños y en los adolescentes, en lo que está pasando a nivel cerebral que nos pueda ayudar a entender –por ejemplo– si un niño traumatizado se puede beneficiar de una relación con un adulto, dependiendo de si se siente o no capaz de confiar en el mayor".

¿Qué diría Freud de esto? "Ella sentía que no sólo debíamos trabajar de una forma clínica, sino en otras formas de intervención", responde Target. "Pensaría que hubiera visto apropiado el hecho de haber cambiado con el tiempo".

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