La mujer policía a cargo de pacificar la mayor favela de Río

  • 9 septiembre 2013

Pricilla de Oliveira Azevedo tiene 35 años y una carrera agitada en la policía militar brasileña, que incluye tiroteos, un secuestro y un premio de la primera dama de Estados Unidos a su "coraje". Pero quizá su mayor reto profesional recién comienza: comandar la polémica unidad policial de Rocinha, la mayor favela de Río de Janeiro.

Azevedo inicia su nueva misión este lunes, en medio de una serie de cambios en varias unidades policiales instaladas en las favelas cariocas y serios cuestionamientos a la de Rocinha, por la desaparición de un habitante de la comunidad tras ser interrogado por sus efectivos.

Al ser presentada el viernes como comandante policial de esa gigantesca favela, ubicada en la zona sur de Río entre los barrios más ricos y turísticos de la ciudad, Azevedo lanzó un pedido directo a la comunidad de más de 70.000 vecinos: "Que tenga confianza en la policía militar".

Sin embargo, los expertos creen que gran parte de la credibilidad del proyecto de "pacificación" de Rocinha y otras favelas de Río, antes de la llegada del Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, está ahora en las propias manos de esta mujer de hablar pausado y mirada firme.

Tiros y secuestro

Mayor de la policía militar, Azevedo está lejos de ser una novata en las favelas de Río.

En 2008 fue nombrada comandante de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de Santa Marta, la primera de las favelas cariocas reconquistada por el Estado tras décadas de control de narcotraficantes armados.

Allí llegó como la única mujer policía, al frente de 126 hombres.

Azevedo declinó una solicitud de entrevista para este artículo, pero en una conversación previa que tuvo con BBC Mundo indicó que la experiencia de ser "policía de proximidad" en Santa Marta cambió su forma de ejercer la labor policial.

"Antes de trabajar en la UPP trabajaba en un área que no tenía nada que ver con la pacificación, que era el área del Complexo de Alemao", dijo en referencia a un conjunto de favelas de la zona norte de Río también dominada por narcos hasta que fue ocupada por la policía.

En los operativos que se hacían ahí, Azevedo solía entrar con fusil en mano y chaleco antibalas para capturar drogas en un fuego cruzado entre policías y narcos, donde hasta inocentes morían o salían heridos.

"Al día siguiente ya había cantidades iguales o mayores (de droga), entonces no valía la pena", evaluó.

Un día de 2007, cuando salía de su casa, Azevedo fue secuestrada por un grupo de criminales. La llevaron a una favela donde hombres armados la golpearon hasta que consiguió escapar.

Al día siguiente, ella misma participó de un operativo para atrapar a los responsables.

"Muy complicado"

Azevedo recordó que cuando comenzó su tarea en Santa Marta fue recibida "de una forma muy fría" por los habitantes locales, que veían a la policía como un enemigo, y su reto fue ganar su confianza a través de la proximidad.

Rocinha,
Expertos aseguran que Azevedo deberá rescatar parte de la credibilidad de la policía pacificadora de Rocinha.

"Con el tiempo fui entrando en la comunidad; nadie me llamaba pero yo estaba ahí", dijo en la entrevista anterior a su nuevo cargo. Y afirmó que en una UPP "es mucho más fácil detectar" un policía corrupto porque son los propios habitantes de la favela quien lo denuncian.

Su tarea en Santa Marta, sostuvo, le significó postergar proyectos personales, como tener un esposo e hijos.

Pero al mismo tiempo le valió varios reconocimientos.

En marzo de 2012, viajó a Washington para recibir el premio "Mujeres de Coraje" que le entregaron la entonces secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, y la primera dama Michelle Obama.

Antes de su misión en Rocinha, se desempeñó en la secretaría de seguridad del gobierno de Río, coordinando la labor de todas las UPPs que se fueron instalando en la ciudad, que hoy suman 34.

João Trajano, del laboratorio de análisis de la violencia en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, señaló que ahora Azevedo deberá rescatar parte de la credibilidad de la UPP de Rocinha, y por extensión del proyecto de "pacificación" de la ciudad, tras el golpe que supuso la desaparición de Amarildo de Souza.

Este albañil de la favela fue visto por última vez el 14 de julio cuando policías locales lo detuvieron para interrogarlo. Un caso oscuro, que está siendo investigado y desató protestas comunitarias exigiendo verdad, con acusaciones de que Souza fue asesinado por la UPP de Rocinha, que niega eso y sostiene que lo dejó en libertad.

En medio de esa situación fue anunciado el cambio en el comando de 25 de las 34 UPPs de Río, incluida Rocinha, y el reforzamiento de los operativos de control en esta y otras favelas.

Consultada sobre cómo va a encarar el reto, Azevedo se limitó a declarar que buscará "unirse a los habitantes para que la gente consiga liberarse de todos esos problemas que sabemos que existen en las comunidades de Río".

Con 310 policías a cargo para cuidar un área de unos 890 mil metros cuadrados, Azevedo tiene "un desafío enorme" en Rocinha que también pasa por lograr el apoyo de sus subordinados, advirtió Trajano.

"Es una iniciativa arriesgada porque el funcionamiento de la policía es muy complicado", explicó. "Si no eres un equipo, la tropa muchas veces derriba el comando; necesitas tener la tropa contigo para conseguir imponer tu filosofía de trabajo".

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