La epidemia invisible de la conmoción cerebral

  • 6 septiembre 2013
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Collage de episodios que pueden causar contusión

Es muy común tener pacientes que me cuenten que fueron noqueados mientras practicaban algún deporte o en un accidente. Pero las consecuencias de una conmoción pueden probar ser desastrosas.

Como jefe residente de neurocirugía en el Hospital de Veteranos de Palo Alto, en California, EE.UU., he tratado a muchos de nuestros oficiales en servicio. Algunos han vuelto a casa con lesiones que han cambiado para siempre sus vidas.

Siempre me acordaré de un soldado estadounidense del ejército que estuvo bajo mi cuidado. Mitch (no es su nombre real) estaba terminando su misión en Afganistán cuando su convoy fue atacado con una bomba que pusieron en el camino.

El blindaje pesado de su vehículo sirvió como escudo para la mayor parte de su cuerpo y salvó su vida. Pero hizo poco para proteger su cerebro. A pesar de la última tecnología en cascos, con frecuencia las poderosas ondas de choque de una explosión contra un vehículo causan estragos en el tejido suave del cerebro.

En un hospital de campo en Afganistán, Mitch fue sujeto a un procedimiento de emergencia llamado craniectomía descompresiva, donde los cirujanos quitan una sección de 33 centímetros del cráneo que ayuda a que haya espacio para una hinchazón incontrolable del cerebro.

Esta es una estrategia bastante común para tratar a pacientes con lesiones severas en la cabeza.

Una operación similar fue realizada en 2011 a la congresista estadounidense Gabrielle Giffords tras sufrir una herida de bala en la cabeza. Después del accidente en julio pasado del vuelo 214 de Asiana, en San Francisco, los pasajeros que sufrieron una contusión en la cabeza también fueron sometidos a esa operación.

La punta del témpano

Contusión

Yo realicé la última cirugía de Mitch, una craneoplastia donde usamos implantes especiales creados por una impresora en 3D para reconstruir los huesos fragmentados de su cerebro y restituir la forma natural de su cabeza.

El procedimiento también le permitió deshacerse del pesado casco protector que tenía que llevar. Mitch salió extraordinariamente bien de la operación.

En sus fotos de familia aparece sin el casco y abrazando a sus hijos. Y aun así, su lesión es un duro recuerdo de cuan destructivas pueden ser las lesiones en el cerebro.

Desafortunadamente el caso de Mitch es sólo la punta del témpano de hielo. Más de 260.000 soldados veteranos de Irak y Afganistán han sido diagnosticados con algún traumatismo craneoencefálico (TCE), la lesión invisible de la guerra.

Y estas cifras no están cerca de mostrar la extensión de las lesiones cerebrales sufridas por la población estadounidense.

Sólo este año, el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) estima que más de 1,7 millones de personas sufrirán alguna lesión cerebral traumática; ya sea una conmoción suave o algo más serio.

Durante la última década, las visitas a emergencias de niños y adolescentes por TCE, debido a una actividad deportiva o recreacional, han aumentado un 60%.

Tras el fútbol americano, el fútbol femenino es la categoría de adolescentes con contusiones de más rápido aumento.

Las lesiones cerebrales y enfermedades neurológicas han sido denominadas como la epidemia silenciosa de EE.UU.

Y no sólo es un problema de los estadounidenses, investigadores en Canadá informaron recientemente que cerca de uno de cada cinco adolescentes ha sufrido una TCE que necesita atención hospitalaria o ha causado que durante al menos cinco minutos hayan quedado inconscientes.

Prevención como tratamiento

La estadística más triste es que muchos de estas lesiones, que potencialmente cambian la vida, podrían haber sido evitadas.

Una lesión cerebral afecta a cada individuo de forma distinta. Pérdida de la conciencia, dolores de cabeza, pérdida transitoria de la memoria, cognición ralentizada, pitidos en los oídos y nauseas son sólo algunos de los síntomas que pueden o no estar presentes en el momento de la lesión.

Con frecuencia estos síntomas son tan abstractos que el diagnóstico de un TCE resulta difícil de detectar para los pacientes, parientes y doctores.

Con cada vez más las evidencias que relacionan la depresión y el Alzheimer con lesiones múltiples, los potenciales efectos secundarios de estos síntomas son muy graves como para ser ignorados.

Futbolistas americanos
La NFL recibió una demanda multimillonaria por los efectos de los deportistas que han sufrido contusiones.

El tratamiento más eficaz para las conmociones cerebrales es la prevención y, en caso de que esto no haya sido posible, una intervención a tiempo. Descanso, exámenes clínicos y terapia son cruciales para restituir la cognición, el pensamiento y la energía del cerebro. Cuanto más temprano es el reconocimiento de una contusión, mejor la prognosis. Algo que es especialmente cierto en niños.

El interés que hubo por la demanda colectiva contra la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés) sugiere que el público está cada vez más preocupado por los efectos de las conmociones cerebrales repetitivas.

Con el inicio de una nueva temporada de la NFL, esa acción legal intenta llegar a un acuerdo de US$765 millones.

Decenas de estados en Estados Unidos han aprobado leyes similares a la introducida en 2009 por el estado de Washington, bajo la cual los atletas jóvenes que sufren una posible contusión en el deporte deben ser revisados y dados de alta por un profesional médico antes de que se le permita regresar al campo de juego.

Hasta que nosotros, como nación, no entendamos la importancia de la salud cerebral, es poco probable que el dolor de cabeza de Estados Unidos mejore.

El doctor Anand Veeravagu (@AnandMed) trabajo para la Secretaría de Defensa y en la actualidad es jefe de neurocirugía de la Universidad de Stanford. Sus puntos de vista son personales y no reflejan los de ninguna institución.

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