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Arte chileno en medio del hielo de la Antártica

Última actualización: Jueves, 12 de septiembre de 2013

Un día con los artistas de expedición en la Antártica

Acompañe a un grupo de artistas chilenos durante parte de su aventura de un mes por la Antártica y sus impresiones acerca de uno de los parajes más aislados y remotos del mundo.

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Pocos pueden llamar a Antártica su hogar. Los seres humanos que allí deambulan son en su mayoría como aves migratorias, aparecen con el calor y remontan vuelo cuando llega el frío, ya sean científicos, turistas, militares, periodistas u otros de los que poco o rara vez se habla: los artistas.

Paloma Villalobos, Gabriel del Favero y Ariel Bustamante forman parte de esta última corte de artistas privilegiados. Estos jóvenes chilenos recién regresan del continente helado y se dedican ahora a recomponer retazos de memorias y materiales acumulados tras 33 días de periplo antártico a bordo de un buque de la armada.

Y uno de sus objetivos es hacer que los chilenos que jamás pisaron ese sitio, incorporen a la Antártica en el concepto que tienen sobre su territorio y hogar. Es decir, fraguar con lenguaje artístico una identidad antártica chilena.

Una expedición artística

Artistas en Antártica

Paloma, Gabriel y Ariel expondrán su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile.

Británicos, neozelandeses y argentinos llevan tiempo enviando artistas a la Antártica con un propósito similar. Pero hace poco más de un año que los primeros artistas chilenos empezaron a visitar el continente helado amparados por el Consejo de Cultura, la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército de Chile.

Este verano los artistas seleccionados se embarcaron en el Lautaro, un remolcador militar a bordo del cual vivieron las penurias de aquellos que se atreven a cabalgar las olas descomunales del Pasaje Drake, paso obligado para muchos de los que se aventuran a explorar el Polo Sur por vía marítima.

BBC Mundo se reunió con ellos en el último tramo de su expedición, cuando la comitiva se disponía a visitar la isla volcánica de Decepción rumbo a Bernardo O'Higgins, la base militar más aislada que tiene Chile en el continente, anclada en la punta de lo que podría considerarse la trompa de esa cabeza de elefante sonriente que dibuja la geografía antártica.

"Aquí realmente estás mucho más en contacto con tu entorno, con un ecosistema que funciona por si solo, que no está dominado ni controlado por el hombre"

Paloma Villalobos, artista visual

"Estoy construyendo un archivo fotográfico de habitantes de la Antártica, de paisajes, de gente que vive o ha vivido algún periodo más extenso", nos cuenta la artista visual Paloma Villalobos, cuando nos reunimos con ella en su camarote. "Ahí me encontré que la gente no está mucho tiempo acá".

"Pero es emocionante sentir que hay nuevas formas de vida, que el aislamiento es más poderoso en las ciudades que acá. Es al revés, aquí realmente estás mucho más en contacto con tu entorno, con un ecosistema que funciona por sí solo, que no está dominado ni controlado por el hombre".

Con su trabajo, Paloma quiere construir un collage de imágenes tomadas por los residentes antárticos, que unidas a sus propias tomas, introduzcan al público dentro de esta comunidad compuesta en su mayoría por militares y científicos.

El mundo "ideal"

Ballenero y crucero de fondo

Ballenero noruego abandonado con crucero moderno en el fondo.

Cuando uno llega al continente helado, tiene la impresión de llegar a un mundo ideal; un lugar donde culturas muy distintas conviven en aparente paz, con paisajes sin rastro de presencia humana y animales que, con actitud mansa, tadavía parecen fiarse del hombre.

Si uno trata de ignorar las disputas de soberanía que sobrevuelan el continente, a medida que se funden los témpanos polares (dejando al desnudo sus recursos) ve un mundo donde el cuidado del medio ambiente tiene categoría de ley y donde los países cooperan sin rechistar, ya que es una cuestión de vida y muerte. Sin mencionar que artistas y militares chilenos comparten un mismo espacio y misión, algo impensable décadas atrás durante el gobierno de facto de Augusto Pinochet.

Pero esta concepción idealizada de Antártica es refutada de cierto modo por Gabriel del Favero mientras escruta con su cámara las inmediaciones de un ballenero abandonado en isla Decepción. Un islote que es, en sí, una humeante lengua de tierra volcánica yerma sobre la que yacen las ruinas dejadas atrás por pescadores noruegos.

Su gesto se tuerce cuando en la lejanía aparece otra visión no tan romántica; un crucero anuncia su presencia con música electrónica. En pocos minutos, hordas de turistas septuagenarios transforman la playa de Decepción en una versión gélida de Miami Beach.

Nueva comunidad

Artistas Antártica

Los tres artistas exploraron distintos enclaves y bases militares en Antártica a bordo del remolcador Lautaro.

"Obviamente uno se construye una imagen mental de los lugares, pero igualmente sabía que me iba a encontrar algo así. Es parte de la evolución, es un hecho que es un continente cada vez más habitado", dice.

No obstante, admite también que en la Antártica "se crea una nueva comunidad, acontece una nueva forma de relación entre las personas. Al ser un lugar tan alejado, no hay que perder el tiempo conociendo a la gente. Las personas rápidamente se conocen, se genera una nueva dinámica".

Gabriel pretende intenta su experiencia en "Mundus alter et ídem" ("Un viejo mundo y uno nuevo"), una instalación de video de 20 minutos en las que se fusionarán documental y ficción.

"Serán videos que tratarán temas como la exploración, nuestra vida como producto de hechos que han ocurrido históricamente, el tratado antártico, la relación entre Rusia y Estados Unidos con la Antártica en particular, cómo decidieron no reclamar territorio para liberar tensiones durante la guerra fría".

La acústica antártica

Ariel Bustamante

Ariel Bustamante quiere reflejar el impacto sonoro del hombre en el entorno antártico.

A diferencia de otros programas artísticos en Antártica, el chileno tiene la peculiaridad de apostar por disciplinas artísticas no tan convencionales, y de ahí que pudimos seguir de cerca el trabajo del artista sonoro Ariel Bustamante.

En su visita a Decepción, Ariel se dedica la mayoría del tiempo a deambular por las inmediaciones agudizando el oído para captar lo que dice son los sonidos imperceptibles de la Antártica.

Usando una grabadora de alta sensibilidad dice poder captar el desprendimiento del hielo, el sonido de los cristales al estallar y liberar así lo que le gusta imaginar que es sonido y aire contenido durante millones de años.

Con todo esto Ariel quiere construir "la sonoridad de la Antártica". "Hay muchos sonidos que de primera no se escuchan, que requieren otras técnicas, como el sonido del hielo", nos cuenta.

"Vine acá y me hablaban del silencio, pero las bases son muy ruidosas. Quiero reflejar cómo la geografía reacciona a eso. Una idea es usar la sirena del buque y grabar la reflexión del eco en la geografía".

Inspirado en esta experiencia dice querer construir un "búnker", una bóveda acústica, "en la cual se pueda aislar el lugar en donde se expone".

"Por lo tanto, que todo lo que suene dentro no salga y lo que suene afuera no entre", explica.

Identidad

Pingüinos en Antártica

El proyecto artístico pretende acercar el territorio antártico a los chilenos.

¿Cómo ayudará todo este trabajo a generar una identidad antártica entre los chilenos?

"La idea es que haya muchos espectadores anónimos que puedan conocer esto a través de nuestra obra", responde Paloma. "No sé si hay una identidad antártica, pero si es una cuestión que está incluída en nuestra extraña geografía".

"Sí hay un desconocimiento general, pero también sobre otras zonas del país. Está dentro del léxico geográfico, pero se desconoce porque es muy difícil acceder a este lugar".

Bajo el título "Proyecto A: Residencia Artística en la Antártica", el trabajo de Paloma, Gabriel y Ariel puede se expone en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, Chile, hasta este domingo.

Contexto

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