Señales por internet conectan dos cerebros humanos

  • 29 agosto 2013
El "receptor" del experimento espera a que le lleguen las señales cerebrales
El "receptor" del experimento espera a que le lleguen las señales cerebrales.

Una interfaz ha permitido comunicar dos cerebros humanos por primera vez, lo que permitió a una persona controlar un movimiento de otra, según científicos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos.

Rajesh Rao, uno de los investigadores que participó en el experimento, envió una señal de su cerebro, a través de internet, a su colega Andrea Stocco, que se encontraba al otro lado del campus de la universidad.

¿El resultado? El dedo de Stocco se movió sobre un teclado.

En el experimento se utilizaron grabaciones eléctricas del cerebro y una forma de estimulación magnética.

"Fue emocionante y espeluznante a la vez ver cómo una acción imaginaria de mi cerebro se traducía en acción real a través de otro cerebro", dijo Rao.

"Era básicamente un flujo unidireccional de información de mi cerebro al suyo. El siguiente paso será tener una conversación bidireccional directa entre los dos cerebros", añadió.

Estudios anteriores hicieron avances en este campo y llevaron a cabo experimentos parecidos entre animales.

La Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard consiguió el pasado mes de abril conectar un cerebro humano al de una rata, lo que resultó en el control de los movimientos del animal. La rata movió la cola a voluntad del participante humano.

Lea también: Logran mover la cola de una rata con la mente humana.

El proceso

El "emisor" envía señales cerebrales al "recibidor" conectados a través de internet
El equipo estuvo conectado en todo momento a través de videoconferencia, pero los participantes no podían ver las pantallas.

Rajesh Rao, profesor de ciencias de la computación e ingeniería, trabaja en interfaces cerebro-ordenador en su laboratorio desde hace más de 10 años. En su ambición por demostrar el concepto de comunicar cerebro con cerebro en humanos, se asoció con Andrea Stocco, profesor asistente de investigación en psicología.

Desde un laboratorio, Rao estaba sentado vistiendo una gorra sobre la cabeza que contenía electrodos conectados a una máquina de electroencefalografía, que lee la actividad eléctrica en el cerebro.

Stocco, también sentado, se encontraba en su laboratorio al otro lado campus y llevaba un gorro de baño púrpura, que tenía una marca en el lugar donde debía situarse la "bobina de estimulación magnética transcraneal".

Ésta se coloca directamente sobre parte izquierda de la corteza motora, que controla el movimiento de la mano.

Durante el ejercicio, Rao debía mirar una pantalla de ordenador y se dispuso a jugar a un simple videojuego con su mente.

El juego consistía en disparar un cañón contra un objetivo, así que pensó en mover su mano derecha (con cuidado de no hacerlo en realidad), como si estuviera presionando el botón de "fuego".

Casi instantáneamente, cuentan los investigadores en el comunicado, Stocco -que llevaba auriculares para evitar el ruido y no podía ver la pantalla de ordenador- involuntariamente movió su dedo índice para presionar la barra espaciadora del teclado que había frente a él.

Stocco explicó que el movimiento involuntario de la mano se parecía al de un tic nervioso.

Videojuego que probó la comunicación entre cerebros
Es la primera vez que un cerebro humano puede controlar los movimientos <br>de otra persona.

Las tecnologías utilizadas por los investigadores para el registro y la estimulación del cerebro son ampliamente conocidas.

La electroencefalografía es utilizada de forma rutinaria por los médicos e investigadores para registrar la actividad cerebral no invasiva en el cuero cabelludo.

Asimismo, la estimulación magnética transcraneal es una forma no invasiva de estimular el cerebro para provocar una respuesta.

Su efecto depende de donde se coloca la bobina.

En este caso, se dispuso directamente sobre la región del cerebro que controla la mano derecha de una persona. Mediante la activación de estas neuronas, la estimulación convenció al cerebro de que tenía que mover la mano derecha, explican los científicos.

Un grupo de estudiantes de ciencia e ingeniería informática escribió el código informático para el proyecto y tradujo las señales del cerebro de Rao en un comando para el cerebro de Stocco.

Los aparatos estuvieron conectados a través de internet, por donde viajaron las señales.

"Internet era una manera de conectar las computadoras, y ahora puede ser una manera de conectar el cerebro", dijo Stocco.

El equipo estuvo conectado en todo momento a través de videoconferencia, para que los dos laboratorios pudieran coordinarse.

Ni Rao ni Stocco podían verse en las pantallas, pero cada vez que Stocco movía el dedo, un grito de alegría se escuchaba en el otro laboratorio al confirmar que, efectivamente, el experimento estaba funcionando.

"Ciencia ficción"

Andrea Stocco bromeó con que el resultado del experimento se asemejaba a la "fusión mental", mediante la que los humanoides de Star Trek intercambiaban pensamientos por telepatía.

Pero Rajesh Rao advirtió que, aunque el descubrimiento tiene una amplia gama de posibilidades, por ahora sólo se trata de poder canalizar simples señales cerebrales, no pensamientos reales. Y aclaró que este descubrimiento no le daría a nadie la capacidad de controlar acciones de otro en contra de su voluntad.

"Creo que algunas personas se pueden poner nerviosas porque sobrestiman la tecnología", dijo Chantel Prat, profesora asistente de psicología en la Universidad de Washington. "No es posible que la tecnología de que disponemos en la actualidad se pueda aplicar a un individuo sin su participación voluntaria", añadió.

Los investigadores dieron algunos ejemplos de la utilidad de esta tecnología, en caso de poder desarrollarse en el futuro.

Uno de los casos, propusieron, es que alguien desde la tierra pueda ayudar a un asistente de vuelo a los viajeros en un avión si el piloto queda incapacitado. O que una persona con discapacidad pueda comunicar su deseo, por ejemplo, por la comida o el agua.

"Las señales del cerebro de una persona a otra funcionarían incluso si no hablan el mismo idioma", apuntaron.

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