La sombra de Irak se cierne sobre Siria

  • 29 agosto 2013
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Soldado estadounidense pone bandera sobre la cabeza de la estatua de Sadam Hussein en Irak
Según las últimas encuestas, sólo un 2% de los británicos y un 8% de los estadounidenses creen que la guerra de Irak fue un éxito

Mientras EE.UU. y Reino Unido buscan un acuerdo diplomático para un posible ataque a Siria, algunos han identificado en sus acciones ecos del período previo a la guerra de Irak en 2003. Pero, ¿cuánto del recuerdo de Irak está moldeando los eventos presentes?

Muchos de los ingredientes de entonces están presentes hoy: los inspectores de armas en el terreno, la inteligencia que reúne antecedentes para argumentar a favor, la negación del gobierno autocrático y un teléfono que suena a medianoche para obtener apoyo internacional para la acción. Y, por supuesto, un público escéptico.

No se preocupe. Usted no es el único que pensó que tenía un deja vu de 2003. Esta vez con Obama, Cameron y Assad en vez de Bush, Blair y Hussein.

¿Dónde están las protestas?

Sin embargo, hay imágenes importantísimas que faltan. Cerca de un millón de personas salieron a las calles de Londres una gris mañana de febrero en aquel entonces, en lo que se convirtió en la mayor protesta de la capital británica de la que se tenga recuerdo.

Observando la multitud, el actor de Hollywood Tim Robbins comentó: "Así es como luce la democracia".

Fue la primera vez que Laurie Penny, de 16 años, no asitió a sus clases de forma voluntaria para tomarse un bus desde Brighton a Londres y participar de las manifestaciones.

"Cuando nos bajamos del autobús, las carreteras estaban atestadas de autobuses, había una ola de gente en las veredas, uniéndose a los cientos en las calles, los vendedores ambulantes y los de periódicos nos decían por dónde ir. Debajo de los puentes, por el río, las personas eran como una inundación".

Unas semanas más tarde, la invasión siguió adelante.

Protestas en Londres
Masivas protestas se realizaron en febrero de 2003 en contra de la guerra de Irak. Hoy el panorama cambió.

Penny, quien ahora es columnista de la revista New Statesman, dice que en ese entonces la gente creía que su participación podía cambiar las cosas. "El hecho de eso sucediera fue una ruptura en el compromiso de mi generación con la democracia representativa".

La desilusión que sintieron quienes marcharon se agravó a medida que se desarrollaron los acontecimientos.

Tres ministros del gobierno británico dimitieron y el denominado "dudoso informe" que se utilizó para justificar la guerra se convirtió en un símbolo de la profunda intranquilidad que sintieron los críticos de la guerra.

Las numerosas explicaciones pedidas por los distintos organismos no lograron aplacar la ira creciente por el hecho de que la búsqueda de las armas de destrucción masiva de Hussein -que fue la base para la invasión- quedara en nada. EE.UU. finalmente renunció a la búsqueda en 2005.

Antes de la invasión, todos los países europeos fueron sacudidos por masivas manifestaciones, cosa que no pasó en EE.UU., dice James Traub, columnista semanal de la revista Foreign Policy.

A pesar de que algunos estadounidenses pensaban que invadir era una mala idea, Traub dice que creían que salir a las calles parecía antipatriótico, dado el estado de ánimo tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.

En esta ocasión, predomina un sabor amargo de futilidad, añade.

Irak impopular

Colin Powell
Colin Powell fue quien defendió la intervención en 2003.

La discusión sobre si Irak es o no un país mejor que entonces continúa siendo acalorada, pero gran parte de la opinión pública en EE.UU. y Reino Unido sigue convencida de que la guerra fue un fracaso. Y esa creencia parece estar moldeando la opinión sobre Siria.

Una encuesta realizada hace apenas unas semanas por YouGov para la Universidad de Essex, en Inglaterra, indica que sólo el 2% de los británicos ve la guerra de Irak como un éxito. En EE.UU., sólo el 8%.

Thomas Scotto, quien estuvo a cargo de la encuesta, dice que esa es parte de la razón por la que la mayoría de los británicos y un poco menos de la mitad de los estadounidenses se oponen a la acción militar contra Asad.

El público británico sigue acarreando las cicatrices, dice Toby Dodge, un experto en Irak del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.

"Para la opinión pública, los paralelos son que nos mandaron a la guerra con pretextos falsos y que aquello no hizo de Irak un lugar mejor, así que, ¿por qué deberíamos hacerlo de nuevo?".

Esta "resaca de Irak" alimenta un escepticismo público sobre lo que los políticos dicen y piden, asegura Dodge. Así que, más allá de lo impresionados que estén por lo que está pasando en Siria, eso no los mueve a apoyar a los políticos que les solicitan respaldar una acción militar.

Irak está muy presente en las mentes de los líderes militares que han expresado sensata cautela sobre Siria, pero ese no parece ser el caso con los políticos británicos que llaman a la acción, dice el analista.

Tapar el sol con un dedo

Sin embargo, los políticos de alto cargo de Reino Unido se esfuerzan en señalar que no existen paralelismos en absoluto.

"No hay comparación entre el presente e Irak", dijo el secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague. "Aquí se ha cometido un crimen contra la humanidad y no puede haber ninguna discusión al respecto".

House of Commons
El Parlamento británico se reúne este jueves para votar sobre una potencial intervención militar en Siria.

El viceprimer ministro Nick Clegg, cuyo Partido Liberal Demócrata se opuso a la guerra de Irak, le envió una carta a los miembros de su partido con cinco diferencias:

  1. El uso de armas químicas es un crimen de guerra, y no hay duda de que estas armas se han utilizado.
  2. Estamos trabajando en un bloqueo con nuestros socios internacionales de Francia, la Unión Europea, la Liga Árabe y Turquía y un presidente demócrata en Estados Unidos.
  3. Una acción militar proporcional específica, tras el uso de armas químicas por parte del gobierno, es legal bajo el derecho humanitario.
  4. No se trata de tropas en el terreno. No se trata de un cambio de régimen. Esto se trata de respetar el derecho internacional y humanitario e impedir el uso de armas químicas para proteger a las personas inocentes de ser asesinadas en el futuro por brutales dictadores.
  5. Habrá una votación en la Cámara de los Comunes. Hemos ido a la ONU, y el fiscal general está publicando consejos inéditos, basados en la evidencia.

Es comprensible que los políticos quieran desviar el foco de las similitudes, pero la retórica y el lenguaje tienen paralelismos sorprendentes, dice David Kay, quien encabezó el equipo de búsqueda de armas en Irak y renunció cuando no se encontró ninguna.

"Personalmente, veo que la sombra de Irak se avecina detrás de los acontecimientos, pero estoy muy sorprendido de que muy pocos en el gobierno de Obama parecen ver esa sombra".

"Ellos dicen 'tenemos pruebas, tenemos comunicaciones interceptadas'. Pero si vas para atrás y escuchas a Colin Powell hablar en el Consejo de Seguridad, también creímos tener todas esas cosas".

"Tú escuchas a Joe Biden decir que no tenemos que esperar que los inspectores de armas finalicen (su investigación)", dice Kay, "y podrías estar escuchando al exvicepresidente Dick Cheney".

En cuanto al estado de ánimo de la opinión pública estadounidense sobre Siria, en general hay dos movimientos contra la acción militar, ambos moldeados por Irak y Afganistán, dice Barry Pavel, un exconsejero de los presidentes Bush y Obama en asuntos de seguridad nacional.

Uno de ellos está cansado de que EE.UU. trate de solucionar los problemas de otras personas sin sacar nada, dice.

El otro piensa en las familias militares a las que les tomará décadas recuperarse de la pérdida de vidas o lesiones sufridas en los campos de batalla lejos de casa.

Pero el llamado síndrome de Irak tiene implicaciones más amplias que Siria, dice Pavel, ahora vicepresidente del centro de estudios Atlantic Council.

"Obama ha hecho un buen trabajo en restablecer el tono de la estrategia diplomática estadounidense, pero la política exterior en Medio Oriente se ha basado más en la retirada y la desconexión. Gente de la región me dice: '¿Dónde está EE.UU.?'".

"Sin representar ese papel, estamos viendo que todas estas tensiones se vuelven mucho peores, un resultado directo de una política exterior que ha estado pensando demasiado sobre los riesgos de la acción y no lo suficiente sobre los riesgos de la inacción", concluye.