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El Sinaí, el violento espejo en que se mira Egipto

Última actualización: Martes, 20 de agosto de 2013
Ataque en Sinaí

Sinaí ha sido escenario de un incremento de las muertes violentas en las últimas semanas.

En los últimos tres años, la península del Sinaí, en Egipto, se ha vuelto cada vez más violenta e incontrolable, precediendo al derrocamiento del presidente Mohamed Morsi y la matanza de sus seguidores de la semana pasada.

Pese a que esa península siempre ha sido de alguna manera inestable, la revolución egipcia de 2011 sacó a las fuerzas de seguridad del área y a muchos exmilitantes islamistas de las cárceles.

El comercio de armas se intensificó en el desierto del Sinaí y las armas fluían desde Sudán y Libia a Gaza, controlada por Hamas.

Tradicionalmente independientes, los grupos beduínos han ignorado a las autoridades, facilitando frecuentemente el trabajo a las redes de contrabando.

Alentados por la situación, los militantes extremistas, desde extranjeros hasta miembros de tribus locales, llevaron a cabo una serie de secuestros de turistas y ataques a soldados y policías.

Hacia el final de 2011, algunos de estos grupos militantes llegaron incluso a intentar establecer una rama de al Qaeda en el Sinaí, denominada Ansar al Jihad.

Sin embargo, los grupos militantes del Sinaí siguen estando dominados por un conjunto no uniforme de grupos provincianos con escasos vínculos con al Qaeda.

No hubo respiro durante la efímera presidencia de Morsi, en la que se produjo uno de los episodios más sangrientos en esa zona cuando 16 soldados egipcios fallecieron en la península del Sinaí, cerca de la frontera con Israel, en agosto de 2012.

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El Sinaí de Morsi

Mapa

El ataque lo llevó a cabo uno de esos grupos locales, Ansar Jerusalem. En esa ocasión, los propios Hermanos Musulmanes -el partido de Morsi- llamaron al gobierno a "confrontar ese serio desafío a la soberanía egipcia" y a "proteger al Sinaí de grupos armados".

Morsi respondió con mano dura. Esto incluyó -para el deleite de Israel- la demolición de túneles entre Sinaí y Gaza.

Pese a los esfuerzos, el expresidente fue acusado por el ejército de ser demasiado permisivo después de liberar a los islamistas de una prisión y vetar las operaciones militantes en Sinaí.

La ira se desató cuando nombró a un miembro de Gamaa Islamiya, un exgrupo militante que llevó a cabo ataques a turistas, como gobernador de la ciudad turística de Luxor.

Esos factores fueron citados más tarde como motivos para el derrocamiento de Morsi, pese a que las pruebas sugieren que hizo más para tratar de lidiar con la península del Sinaí que sus predecesores.

Y, a simple vista, la tendencia se mantiene tras su salida del poder. El pasado lunes, 24 policías egipcios murieron en una emboscada.

Pero la violencia en el Sinaí se ha intensificado desde el derrocamiento de Morsi, lo que sugiere que el núcleo de los eventos en Egipto está vinculado con lo que sucede en la periferia.

¿Por qué es así?

Tácticas duras

La crisis política egipcia comenzó cuando el ejército se enfrentó a los Hermanos Musulmanes. Otros grupos islamistas, incluidos los salafistas extremistas, incluso respaldaron el golpe en un primer momento.

Los Hermanos Musulmanes se quedaron aislados.

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Tanque

Egipto ha trasladado recientemente dos batallones a Sinaí.

Pero las tácticas duras del ejército y el aparente deseo del gobierno de erradicar a los Hermanos Musulmanes, están provocando que la crisis se funda con la violencia yihadista, dando un nuevo impulso a los grupos militantes.

La batalla contra los Hermanos Musulmanes se interpreta cada vez más como una lucha contra todos los islamistas más que contra un grupo político concreto.

Por su parte, los Hermanos Musulmanes están tratando de tener cuidado de utilizar sólo la resistencia pacífica pese a la reacción violenta de sus seguidores en todo el país.

Pero el discurso público de que "la lucha para derrocar este régimen ilegítimo es una obligación" va acorde con la histórica oposición yihadista a un ejército contra el que han luchado durante décadas y cuya vuelta al poder temen.

Repercusiones regionales

Los eventos en el Sinaí también ponen de relieve que la crisis egipcia es regional.

Los grupos militantes del Sinaí pueden amenazar las ciudades israelíes con cohetes de larga distancia. Sólo hace dos semanas un aparente ataque con un avión no tripulado israelí llevado a cabo con el permiso de Egipto acabó con la vida de cuatro personas.

El ejército egipcio también buscó y consiguió el permiso israelí, requerido por los términos del tratado de paz de 1979, para mover dos batallones extra al Sinaí como parte de una operación militar de mayor escala contra los grupos militantes, en un factor que contribuyó a la intensificación de la violencia.

Por eso, las autoridades israelíes han cabildeado para que Estados Unidos resista a las llamadas de suspender su sustancial paquete de ayudas al ejército egipcio.

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Las autoridades estadounidenses también están preocupadas de que los generales respondan a un eventual corte de la ayuda suspendiendo la cooperación en materia de seguridad e incluso permitiendo que la situación en el Sinaí empeore.

Eso, por su parte, inflamaría la situación en Gaza y pondría en riesgo las recientemente retomadas conversaciones de paz entre israelíes y palestinos, después de un considerable esfuerzo diplomático.

La inestabilidad en el Sinaí también ha desembocado en ataques repetidos en los oleoductos de Jordán, lo que ha puesto presión en la frágil economía de un aliado estadounidense clave.

Onda expansiva

Puesto de control en Rafah

Más de 20 policías egipcios murieron este mes en un ataque en la conflictiva península de Sinaí.

El Sinaí puede ser un sombrío augurio de lo que puede suceder en Egipto.

Si el gobierno cumple su amenaza de prohibir a los Hermanos Musulmanes, las contrapartes islamistas más radicales y violentas, incluyendo las basadas en el Sinaí, tendrán un aumento de alistamientos.

La represión estatal de los Hermanos Musulmanes en las décadas de 1950 y 1960, llevó al grupo a la clandestinidad y dio forma a la ideología de la yihad moderna internacional.

El actual líder de al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, era entonces un joven dirigente de la Hermandad Musulmana que se pasó del islamismo a la yihad en ese periodo.

Hoy en día, ese proceso tendría las ventajas añadidas de los medios sociales, la debilidad de estados como Libia en su frontera con Egipto y el surgimiento de los aliados de al Qaeda en lugares como Yemen y Siria.

La retórica y violencia brutal del ejército, así como la violencia de los Hermanos Musulmanes contra las fuerzas de seguridad y las minorías podrían significar la vuelta de la radicalización.

Si las dos partes no llegan a un compromiso, entonces Egipto se comenzará a parecer al Sinaí y la onda expansiva se sentirá más allá de las fronteras egipcias.

Contexto

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