Las incógnitas que se abren en Zimbabue

  • 4 agosto 2013
Mujer vende frutas en calle de harare, Zimbabwe
Una nueva crisis política podría hacer retroceder la economía de Zimbabwe.

Generalmente una sólida victoria electoral despeja dudas sobre el futuro de cualquier país, pero en el caso de la contundente relección de Robert Mugabe en la presidencia de Zimbabue, la reacción de la oposición y las sospechas expresadas por parte de la comunidad internacional presagian el regreso a tiempos tumultuosos para la nación sudafricana.

Este sábado la Comisión Electoral anunció que Mugabe había logrado el 61% de los votos, frente al 32% obtenido por el opositor y hasta este día primer ministro, Morgan Tsvangirai, mientras que el gobernante Zanu-PF, dominará dos tercios del parlamento.

Una resonante victoria que le da al anciano líder, de 89 años, un lustro más en el poder que ejerce desde 1980 y una cómoda mayoría legislativa para las reformas a la constitución que quiera acometer.

Pero la contundencia de los números se disipa frente al previsible efecto que tendrá la denuncia de fraude masivo que hace la oposición, el abrupto final del gobierno de unidad en el que Mugabe y Tsvangirai venían compartiendo el poder desde las traumáticas elecciones del 2008 y las dudas expresadas por buena parte de la comunidad internacional.

Son factores que amenazan con desestabilizar al país y afectar su debilitada economía.

El futuro de la economía

La primera consecuencia de la denuncia de fraude es la disolución de la coalición de gobierno de Tsvangirai y su partido Movimiento por el Cambio.

"No nos vincularemos, ni participaremos en el gobierno", dijo Tsvangirai en la misma rueda de prensa en la que denunció el supuesto fraude y anunció que presentará un recurso ante la justicia para anular el proceso.

Robert Mugabe, presidente de ZImbabwe
Mugabe ha estado en el poder desde 1980.

Muchos analistas consideran que la coalición de gobierno a la que se vieron forzados los zimbabuenses por presiones de la comunidad internacional tras las elecciones del 2008, también denunciadas por Tsvangirai, ayudaron a estabilizar al país que venía experimentando un grave deterioro económico reflejado en la galopante hiperinflación de más 1.000.000%.

Desde 2008 la economía retomó el crecimiento, gracias a una mezcla de reducción de las tensiones políticas y la autorización del uso de monedas extranjeras duras como el dólar estadounidense o la británica libra esterlina para comerciar internamente.

Sin embargo, años de desindustrialización y de pérdidas en el sector agrícola, afectado por la política de confiscación y redistribución de tierras en manos de la minoría blanca, siguen afectando el abastecimiento, pese a que la dolarización eliminó la hiperinflación.

Por eso muchos se preguntan si el divorcio político puede radicalizar aún más los discursos y marcar un regreso a las políticas agresivas contra la minorías políticas y raciales o intereses extranjeros que fueron comunes durante la primera década del siglo XXI.

La mirada internacional

Sin la coalición de gobierno y con parte importante de la comunidad internacional respaldando las denuncias de la oposición, es previsible que EE.UU. y la Unión Europea piensen regresar a la política de sanciones contra Mugabe con la que han reaccionado en el pasado.

Ya Washington dijo que la victoria de Mugabe "no era creíble" y Londres - el antiguo poder colonial de la zona- ha expresado su "grave preocupación" por las denuncias por cómo el presidente zimbabuense ha logrado el que será su séptimo mandato al frente del país.

Aunque dos grupos de observadores africanos certificaron la limpieza de las elecciones, señalaron algunas irregularidades, como la producción de dos millones de boletas de votación extras y el que a algunos votantes se les haya impedido sufragar en algunos centros electorales.

Europeos y estadounidenses destacan esos señalamientos parciales a la hora de justificar sus dudas sobre las elecciones.

Hasta ahora, más allá de esas expresiones de preocupación y conminar a que se resuelvan los problemas en paz, en la comunidad internacional no han adelantado qué medidas se tomarían en caso de que concluyan que el triunfo de Mugabe fue producto de un fraude.

El futuro de la oposición

Morgan Tsvangirailíder opositor de Zimbabwe
Tsvangirai ha sido derrotado tres veces por Mugabe

Dada su avanzada edad, es previsible que Mugabe esté pensando no tanto en el periodo presidencial que viene sino en el legado que dejará a los suyos para que logren mantener la estructura de poder que han controlado por más de tres décadas.

En cambio, para Tsvanrigai, aún joven a sus 61 años, estas elecciones pueden representar un hito en una carrera en la que ha sido derrotado por Mugabe en tres oportunidades.

La confianza en sus credenciales políticas puede empezar a decrecer, incluso entre sus más fervientes partidarios, que pueden pensar que el ya exprimer ministro ha fracasado en su intento por convertir a su movimiento en una alternativa de poder, bien por maniobras del gobierno o por su propia incapacidad política.

En 2008 Tsvangirai forzó a Mugabe a ir a una segunda vuelta tras obtener el 47,9% de los votos frente al 43,2% del presidente. Sin embargo, en medio una ola de violencia, la oposición se retiró de las elecciones.

La crisis se resolvió con el experimento de compartir el poder, que trajo estabilidad al país. Pero muchos destacan que al final Mugabe mantuvo los sectores claves del poder –como la judicatura o las fuerzas de seguridad- y recibió la legitimidad que aquellas elecciones inconclusas no le habían dado

Dependiendo de lo que resulte ahora del desafío lanzado por Tsvangirai y del respaldo interno y externo que pueda lograr, es posible que en la oposición muchos estén ya buscando un jefe a quien el veterano líder no le vuelva a ganar la mano.

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