Egipto se parte en dos

  • 6 julio 2013
Dos Egiptos

Mohamed Ramadan estaba enojado. Al principio fue amable y acogedor, pero luego la furia se apoderó de él.

"El Ejército y el general Abdul Fattah al Sisi (su líder) han traicionado a Egipto, han traicionado nuestra revolución. Se supone que deben protegernos, a nosotros, al pueblo egipcio. Pero nos están estrangulando".

Mohamed estaba parado junto a una pequeña pared, construida con adoquines: un refugio improvisado que marca el borde de las calles que han sido ocupadas estos días por los seguidores del depuesto presidente Mohamed Morsi, en los alrededores de la mezquita Rabaa al Adawiya, en el distrito de Nasr City en El Cairo.

Lea: Batalla campal en El Cairo

Detrás de él había tres filas de hombres, casi todos con barba.

Protegían sus cabezas con cascos de obreros. En sus manos tenían una amplia variedad de palos y tubos. Un hombre incluso tenía un garrote que había adornado cuidadosamente -casi con amor- con tornillos afilados.

"Ellos tienen las armas de fuego y los aviones, nosotros sólo tenemos esto", gritó otro hombre, cuando me vio mirando las armas que tenían en la mano.

El Ejército, mientras tanto, ha hecho un llamado a la calma y ha dicho que quiere proteger a todos los egipcios.

Los ciudadanos de este país tienden a respetar, incluso venerar, a las fuerzas armadas. Pero su intervención en la política y la manera en la que removieron al presidente Morsi, ha distanciado a una gran parte de la comunidad.

Existen dos Egiptos uno al lado del otro.

Uno está compuesto por hombres y mujeres partidarios del presidente Morsi y los Hermanos Musulmanes, que están tan enojados como Mohamed Ramadan. Están furiosos porque creen que la voluntad democrática del pueblo ha sido burlada y no están de humor para aceptar de forma sumisa lo que se les ha hecho.

El otro Egipto sigue acudiendo en masa a la plaza Tahrir y a los alrededores del palacio presidencial. (Este viernes por la noche las manifestaciones de uno y otro grupo tomaron un giro sangriento, cuando enfrentamientos callejeros en Cairo, Alejandría y otras ciudades dejaron 26 muertos)

Lea: 26 muertos durante manifestaciones

Durante algunos días de esta semana los militares entretuvieron a sus simpatizantes con una serie de espectáculos aéreos en el cielo de El Cairo.

Los helicópteros vuelan en línea, arrastrando banderas sobre la plaza Tahrir. Más arriba, rápidos aviones sueltan un vapor negro, blanco y rojo: los colores de la bandera nacional de Egipto.

Lea también: El verdadero poder del Ejército egipcio

Torbellino yihadista

Esos aviones también son un recordatorio de quién está a cargo ahora. Los líderes de la oposición laica, que perdieron en la última elección presidencial frente a los islamistas políticos, no utilizan las palabras "golpe de Estado" o "intervención" para describir lo que ha ocurrido en Egipto, a pesar de que lo sucedido concuerda con la mayoría de las definiciones de esas palabras.

Mohamed El Baradei
Mohamed El Baradei: "El país ha estado atrapado entre la espada y la pared".

Según ellos, las fuerzas armadas están actuando a petición de la gente.

Mohamed El Baradei, el líder de la oposición que criticó a los militares durante el periodo en que administaron Egipto luego de decirle al presidente Hosni Mubarak que su tiempo había terminado, asegura que el país ha estado atrapado "entre la espada y la pared".

El Baradei me dijo que el presidente Morsi había estado tratando de convertirse en un faraón y en el proceso había perdido su derecho legítimo a gobernar.

La alternativa a la movida de los militares era una guerra civil, que podría haber sido -según dice- tan mala como la de Somalia.

El Baradei explicó que la democracia egipcia era "incipiente" y que las normas de la democracia europea o estadounidense no pueden aplicarse en su país.

Según él, las acciones del Ejército pondrán de nuevo a la revolución por el camino correcto.

El mejor escenario para Egipto es que el Ejército imponga un período de calma. El Baradei dijo que la política se reanudará y y se llevarán a cabo elecciones. El peor escenario es que la violencia -que el Ejército dice querer prevenir- se convierta en un torbellino yihadista.

Aunque se hable de reiniciar el sistema político de Egipto, el hecho es que su experimento democrático ha fracasado estrepitosamente.

Los líderes de los Hermanos Musulmanes y su partido político, que juntos conforman el movimiento político y social más importante del país, han sido detenidos y encerrados como ocurrió con frecuencia en los años anteriores a 2011.

La intervención del Ejército no hace frente, por si sola, a los enormes problemas económicos de Egipto y ahora el país está profundamente dividido.

No es un buen comienzo para una nueva era.

Lea también: ¿Se cierra la vía democrática para los islamistas tras el golpe en Egipto?