Confesiones de una epiléptica compradora compulsiva

  • 19 junio 2013
Helen Purves

La vida con epilepsia no convulsiva puede ser un desafío. La bloguera Helen Purves le contó a la BBC algunas de las cosas más inusuales e incluso peligrosas que le han sucedido durante las prolongadas convulsiones que afectan su cerebro, pero no su cuerpo.

"Vagabundo sentado toca pega muerde huele".

No es el mensaje de texto que uno suele enviar, pero muchas de las personas en mi lista de contactos están acostumbradas -no sin preocupación- a recibir de mi parte este tipo de cosas.

No son producto de borracheras. Suceden porque tengo epilepsia.

Cuando tenía 22 años fui diagnosticada con algo que llaman epilepsia parcial simple y complicada, aunque probablemente lo he tenido durante toda mi vida.

Como muchas otras discapacidades ocultas, yo confundí mi trastorno con locura. Se cree que Juana de Arco lo tuvo. Ella pensaba que había sido tocada por Dios, lo que creo pudo haber sido una creencia más reconfortante y atractiva.

Cuando la gente piensa en epilepsia, tiende a imaginar a alguien convulsionando dolorosa e incómodamente en el piso. Con una variedad no convulsiva, yo también pierdo el control, pero en forma mucho más interesante.

Yo me mantengo muy despierta durante dos o tres minutos muy largos mientras el mundo me da vueltas. Veo formas sobrenaturales que aparecen delante de mis ojos y no tengo manera de controlarlo.

30 minutos en trance

Dibujo de Juana de Arco
Se cree que Juana de Arco tuvo epilepsia no convulsiva.

Esta es la variedad sencilla. Los episodios complejos duran mucho más, hasta 30 minutos con mala suerte, y durante ese tiempo divago por ahí como alguien completamente desconectado de la realidad. Mantengo el poder del habla, a pesar de que mi cerebro no puede manejar más de una frase.

Así que puedo hablar, puedo enviar mensajes de texto, y todo parece indicar que durante los episodios complejos también me convierto en una compradora compulsiva.

En una ocasión caí al suelo en un supermercado cuando intentaba alcanzar un paquete de chuletas de cerdo. Yo odio las chuletas de cerdo.

Una vez que pasó el episodio, me encontré con una cesta de la compra llena de decenas de distintos líquidos para limpiar. Una acotación interesante: ninguno era amarillo.

En otra ocasión, me desperté en mi sofá rodeada de paquetes vacíos de papas fritas y 34 medios litros de leche. También había varias latas sin abrir de leche de fórmula para bebés.

En mi estado de casi pánico del efecto postictal (el término científico para una "resaca de epilepsia") llevé el lote a un café cercano diciendo que había organizado un evento para tomar café que había fracasado. Nunca más regresé a ese local.

Mi compra más creativa durante un episodio de "parranda" ocurrió poco después de entrar a un gran supermercado. Ya estaba caminando a casa cuando recuperé el sentido y me vi cargando bolsas con tres melones, siete limones, tinte negro para el cabello, lustrador de zapatos y comida mexicana.

"Helen, melón"

Leche
En una ocasión, Helen se despertó de la epilepsia con 34 botellas de leche.

La mayoría de las veces no puedo recordar mis episodios parciales complejos, pero he tenido pequeños flashbacks de algún viaje particular, y no son recuerdos que atesoro.

Me acuerdo de haber estado en la zona de frutas y vegetales junto a los melones e intentando comunicarme con la mujer que estaba a mi lado.

"Melón", dije haciendo un gesto hacia la fruta. Y luego me señalé a mi misma: "Helen".

Seguí en esa tónica. "Helen, melón... melón, Helen", hasta que la mujer terminó pasándome la fruta.

Con sólo cambiar la palabra "melón" por "limón" puedes hacerte una idea de como continuó esa tarde.

Claro que es terriblemente gracioso, hasta que alguien se hace daño. No importa cuán divertidas puedan ser mis payasadas: saber que puedo perder el control de mi cerebro y mi cuerpo si me salto aunque sea una dosis de mi medicación algunas veces da un miedo increíble.

Recientemente me desperté en la sala de emergencias de un hospital (afortunadamente estaba perfectamente bien) debido a que un vecino me había encontrado parada en medio de la calle preguntandole a extraños cómo llegar a casa de mis padres.

Casi nadie sabe lo que es la epilepsia no convulsiva, así que con más frecuencia de lo que me gustaría termino tratando de convencer a la gente de que estoy cuerda.

Menos mal que mis amigos, colegas y familia me cuidan. Pero si alguna vez me encuentran divagando por las calles con bolsas llenas de repollos, siéntanse libres de intervenir. No doy miedo, sólo soy aterradoramente epiléptica.

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