El fracaso no es una barrera para el éxito en EE.UU.

  • 9 junio 2013
Rocky
Rocky Balboa es un héroe, no tanto por ganar, sino por no darse por vencido.

Desde que los colonos europeos llegaron en busca de nuevas oportunidades, el norte de América ha encarnado una cultura de independencia y voluntad de asumir riesgos.

Para los empresarios en Estados Unidos, eso significa aceptar el fracaso como un rito de iniciación en el sendero hacia el éxito. Muchos inversores en ese país incluso prefieren compañías o individuos que han caído y se han levantado de nuevo.

"Nuestra historia de fracasos nunca ha sido una traba. Nos ha ayudado a establecer bases con experiencia", asegura Randal Pinkett, fundador y director ejecutivo de la firma consultora BCT Partners, que se espera reportará ganancias de US$10 millones este año.

"La cuestión no es si uno ha fallado y caído sino si es capaz de volverse a levantar", señala.

Resultados rápidos

BCT, que asesora sobre programas de construcción comunitarios, es el quinto negocio de Pinkett y nada parecido a su primera empresa: vender CDs desde su habitación cuando todavía era estudiante. Cuando eso se no funcionó, lanzó una compañía de entrenamiento corporativo, que también se hundió, como sucedió con su tercera y cuarta iniciativa.

Randal Pinkett y Donald Trump
Pinkett cayó y se levantó y hasta ganó El Aprendiz: la encarnación del sueño americano.

Desde entonces, ha ganado varios premios internacionales por sus logros empresariales y ha escrito libros al respecto.

En 2005 fue además el ganador del reality El Aprendiz, en el que el magnate Donald Trump juzga a los participantes por su habilidad al manejar proyectos.

Según Pinkett, la velocidad del cambio en EE.UU. lleva inevitablemente a fracasos en los negocios. Pero también puede acelerar los resultados.

"Entre más rápido falle, más rápido alcanzará el éxito", afirma a la BBC. "La cultura de EE.UU. casi que se basa en la innovación y la experimentación como una manera de fallar y llegar al éxito".

"Prueba de fuego"

Es una actitud estadounidense por excelencia, opina Casey Willson, un asesor de negocios del Centro para el desarrollo empresarial y tecnológico de la Universidad de Maryland.

"Cuando un inversor está en busca de una oportunidad, si (el empresario) ha pasado la prueba de fuego, se puede considerar un mejor riesgo pues la gente que falla y sigue intentando, invariablemente ha aprendido de su fracaso".

Agrega que incluso Hollywood celebra ese sentimiento, con películas como "Breaking Away" o "El relevo", sobre un joven que persevera hasta convertirse en un campeón de ciclismo, y las películas del boxeador Rocky.

Sylvester Stallone, interpretando al héroe Rocky Balboa en la última cinta de la serie, declara: "No se trata de cuán duro pegues. Se trata de cuán duro te pueden pegar y que tú sigas adelante; cuánto puedes aguantar y seguir. Así es como se gana".

Willson se basa en su propia experiencia cuando aconseja a otros. Su primer emprendimiento, una franquicia de tiendas de zapatos, tuvo problemas cuando el fabricante quebró.

"Nos quedamos sin productos que vender, siete arrendamientos que pagar y muchas deudas. Pero me llevó a otras pequeñas empresas y se convirtió en una forma de vida".

"Uno se acostumbra a ser creativo, a controlar su propio negocio, a hacer sus propias decisiones y a responder a las necesidades de los clientes y los mercados", explica.

"Hecho trizas"

A veces los negocios fracasan por circunstancias externas que no se pueden controlar.

Shelley Pumphrey es dueña de Financial Concierge Services en Maryland, una exitosa compañía que ayuda a la gente a organizar sus finanzas. Ha desarrollado su pericia tras dos décadas trabajando para corporaciones y dirigiendo sus propios negocios.

Su primera idea fue ayudar a pequeñas empresas a unirse para obtener los descuentos que los grupos reciben en las tarifas de seguros.

"Funcionó muy bien hasta que las leyes cambiaron en Maryland -cuenta-. De repente el modelo de mi negocio quedó hecho trizas".

En 2008, cuando el mercado inmobiliario colapsó en EE.UU., empezó a comprar casas embargadas. Las remodelaba y las vendía más caras. Eso estaba funcionando bien hasta que tuvo que abandonar ese negocio por razones personales.

"En las dos instancias, yo sabía cómo hacer los planes y cuál era mi objetivo; en ambos casos, lo que liquidó las compañías fueron eventos que no podía anticipar".

"La determinación es lo que marca la diferencia"

La lección que aprendió fue cuán importante es elaborar un presupuesto para las épocas malas y la experiencia le dejó una mejor comprensión de la naturaleza cíclica de los negocios. Pero su recurso más preciado es su carácter.

"Efectivamente, uno se despierta algunos días pensando 'no me está yendo tan bien como pensé'. La determinación es lo que marca la diferencia entre alguien que se cruza de brazos y se va a trabajar para otro, o alguien que sigue intentándolo y tiene éxito".

Para Jean Card, de la Federación Nacional de Empresas Independientes, empezar un negocio es uno de las más grandes pruebas para un individuo.

"La promesa de una recompensa potencial hace que la gente lo siga haciendo. Se les considera valientes por intentarlo pues crear un negocio es algo que la gente de este país admira. Es un fenómeno cultural", dice.