¿Por qué se suicidan tantos soldados estadounidenses?

  • 5 junio 2013
Soldados del ejército estadounidense
Los militares a menudo recelan de la asistencia que les pueden ofrecer los especialistas civiles.

El suicidio se ha convertido en causa de muerte más frecuente entre los militares estadounidenses que la guerra en sí.

Las cifras hablan por sí solas. Cada día se quita la vida en Estados Unidos un militar que ha regresado de una zona de conflicto.

Por ejemplo, el número total de soldados que se suicidaron desde que volvieron de Afganistán supera a la cantidad de militares muertos en combate allí.

¿Qué está fallando en la atención a los miembros del ejército de EE.UU.?

El sistema está desbordado y no hay especialistas suficientes para tratar a los militares que sufren de desórdenes mentales al volver de la guerra.

El PTSD como principal trastorno

Los problemas mentales son una de las causas principales que empujan a los veteranos a buscar ayuda en el Departamento de Asuntos de Veteranos, dependencia del gobierno federal de Estados Unidos. Dentro de ellos, el síndrome de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) es el trastorno más frecuente, por encima de la depresión y el abuso de sustancias.

Paula Schnurr, vicedirectora ejecutiva del Centro Nacional para el PTSD en Estados Unidos, le dice a BBC Mundo que "el PTSD es un problema muy significativo entre los veteranos y el personal militar puesto que es uno de los trastornos más comunes que afecta a los individuos que viven una experiencia traumática durante el servicio militar, como por ejemplo la exposición a una zona de guerra".

¿Es ajustado vincular el trastorno de estrés postraumático con la alta tasa de suicidio entre los militares estadounidenses?

"La incidencia del suicidio en personas con PTSD u otros desórdenes mentales es alta", responde Schnurr, "pero la gran mayoría de personas que sufren PTSD no intentan suicidarse. Es un problema serio, pero hay que subrayar que la mayoría de los pacientes no tiene tendencia al suicidio".

Más atención mental por ley

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vio la luz de alarma y decidió invertir más recursos materiales y humanos a la atención psicológica para los veteranos de guerra y militares aún en servicio.

El 31 de agosto del año pasado, publicó un decreto de ley con el que se otorgaba más fondos y más poder a un conjunto de departamentos oficiales que trabaja en la atención a los miembros del ejército. Son el departamento de Asuntos de Veteranos, la secretaría de Defensa y el servicio de Salud.

Entre agosto de 2012 y el pasado marzo, se ha incrementado la capacidad de la Línea de Atención a los Veteranos en un 50% para garantizar que los veteranos en crisis pueden recibir ayuda.

El pasado año, se invirtieron US$5.000 millones en servicios de salud mental.

Desde el departamento de Asuntos de Veteranos, se informó a BBC Mundo que, en estos meses, se han establecido 15 proyectos piloto en 7 estados donde trabaja dicho organismo en los que proveedores de salud mental locales ayudan a los veteranos a tener acceso a servicios de salud mental a tiempo.

Se ha contratado a 1.600 proveedores de salud mental y 248 nuevos especialistas del ramo.

Además, se puso en marcha una campaña nacional para la prevención del suicidio con el fin de conectar a los veteranos y militares en activo con los servicios de salud mental.

Paula Schnurr enfatiza que junio es el mes de sensibilización sobre el trastorno de estrés postraumático. El proyecto AboutFace es un sitio de internet donde veteranos y militares comparten con el público sus propias experiencias de PTSD.

Allí podemos conocer, por ejemplo, el caso de Mary C. "Katie" Weber, quien sirvió en el ejército estadounidense entre 1993 y 1995.

"Iba de compras por la noche, cuando los niños dormían, para tener paz y no preocuparme por estar en contacto con otros seres humanos, era un lugar seguro", relata. "Ahora soy capaz de ir con mis niños, soy capaz de ir a la piscina con mis hijos y dejarles jugar, puedo ir al parque y sé que todavía no soy como todos los demás pero es un comienzo".

David Edgar, por su parte, que estuvo activo en el ejército entre 1983 y 1986, reconoce públicamente que bebía y se drogaba. Al principio se decía a sí mismo que era algo recreativo, "pero al madurar me he dado cuenta del efecto que esto ha tenido en mi vida", lamenta.

"En realidad era un abuso, era una manera de ciontrolar lo que ponía en mi sistema para no sentir lo que sentía".

El dinero no lo es todo

Sin embargo, juzgar toda esta situación como una mera falta de recursos es, según los expertos, simplificarlo demasiado. Así lo subraya Raúl Coimbra, director del sistema de Salud del Hospital de San Diego.

Hay otros factores que juegan un papel muy importante, como el estigma que persiste en torno a los problemas mentales. Muchos militares no se sienten cómodos pidiendo ayuda, no quieren ser calificados como locos, le dijo Coimbra a BBC Mundo.

Los hay que sí quieren tener ayuda pero no de la mano de un especialista civil. Los militares se quejan de que los civiles desconocen la realidad a la que se enfrentan los miembros del ejército y por eso prefieren acudir a otras fuentes de ayuda.

Como la organización Veterans4Warriors (Veteranos por los Guerreros), que ofrece asistencia a todo veterano o militar en servicio que acuda a ellos.

A través de una línea de atención telefónica o por correo electrónico, la persona que sufre de algún tipo de secuela mental puede recibir la ayuda de otra persona afín que puede comprender mejor la situación que está atravesando.

Por su parte, el departamento de Asuntos de Veteranos atiende a 9 millones de veteranos que acuden en busca de ayuda, del total de 22 millones de veteranos que hay en todo el país.

Terapias alternativas

En el caso concreto del trastorno de estrés postraumático, se ha criticado la tendencia a medicar a los pacientes que lo sufren en lugar de ofrecerles terapias más prolongadas, que requieren de más personal, más tiempo, y por supuesto, más financiación.

Las terapias tradicionales también están bajo la observación de una lupa. Entre las alternativas que surgen con más fuerza está la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) o la teoría del crecimiento postraumático, según la cual las experiencias traumáticas pueden convertirse, a medio y largo plazo, en una vivencia que cambie a la persona en un sentido positivo.

Con la terapia ACT se pretende que el paciente no niegue o eluda la causa de su desazón, sino que la acepte, la enfrente y aprenda a desprenderse de ella. Además, el paciente debe identificar los valores principales que son el eje de su existencia y comprometerse a vivir conforme a ellos.

Según Paula Schnurr, tanto la medicación como la psicoterapia son eficaces en el tratamiento del PTSD. "Todos los manuales de salud mental que rigen en Estados Unidos recomiendan que se utilicen los dos medios", precisa.

Schnurr subraya además la importancia de la educación y la difusión de información sobre el PTSD, así como la atención a familiares y personas que rodean a los pacientes.

"Más allá del estigma asociado con las enfermedades mentales, mucha gente simplemente necesita información. Quizá no entiendan que padecen de PTSD o que hay tratamientos que les pueden hacer sentir mejor", le dice a BBC Mundo.

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