Por qué Cuba sigue en la lista negra de EE.UU.

  • 30 mayo 2013
Raúl Castro
El Departamento de Estado sostiene que el gobierno de Raúl Castro no hace lo suficiente para combatir el terrorismo.

Cuba continuó siendo designada como un país cuyo gobierno patrocina el terrorismo, según la nueva lista que emitió el jueves el Departamento de Estado de Estados Unidos y que incluye a Irán, Siria y Sudán.

Las razones que da el Departamento de Estado para la inclusión del país caribeño son básicamente las mismas: la residencia en la isla de miembros del movimiento separatista vasco, ETA, y de vínculos políticos con las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, ambos grupos designados como terroristas por EE.UU.

No obstante, ese departamento reconoce, entre otras cosas, que el gobierno cubano ha estado distanciándose de los integrantes de ETA y no ve indicaciones de que La Habana provea armas a las FARC u otras organizaciones colombianas alzadas en armas.

Es más, el gobierno de Raúl Castro está sirviendo de anfitrión para las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia -negociaciones que EE.UU. apoya- y designar a Cuba como promotor de terrorismo mal le serviría a ese proceso, señalan críticos de la postura de Washington.

Aunque hay quienes tildan la actitud de Washington hacia La Habana de anacrónica, muchos analistas -conservadores y liberales- consideran que mantener a Cuba en esa lista negra responde más a una táctica política de la administración de Barack Obama que de una amenaza real.

No hay "pistola humeante"

En todo lo que tiene que ver con la relación entre EE.UU. y Cuba existen dos posturas que ocupan los extremos del espectro político. Por una parte está el punto de vista conservador que ve cualquier cambio realizado por Washington como una concesión sin mérito por la intransigencia oficial del régimen de la isla.

Por otra parte, está la perspectiva liberal que tilda de escandalosa la inclusión de Cuba en esa lista anual del Departamento de Estado. Uno de estos es Wayne Smith, encargado del Programa Cuba del Centro de Política Internacional (CIP), en Washington, y exrepresentante de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana.

El embajador Smith se opuso a la inclusión original de Cuba en la lista de 1982 y continúa considerando que no hay razón para que el país caribeño continúe en ésta.

"En todos los años en que el Departamento de Estado ha incluido a Cuba no ha sido capaz de señalar una sola actividad, ni en hechos ni en declaraciones, de tipo terrorista", expresó a BBC Mundo. "Cuando un país está ahí que no merece estarlo, diluye el significado de la lista".

Smith no solo afirmó que Cuba no es culpable de ningún acto de apoyo al terrorismo sino que, muy recientemente, condenó esa actividad cuando envió condolencias a las víctimas del atentado con bombas en el maratón de Boston.

Pero Ray Walser, analista para América Latina de la conservadora Fundación Heritage, dijo que no se necesitaba encontrar una "pistola humeante" para vincular a Cuba con actividades extremistas en el hemisferio occidental.

"Cuba todavía se alinea con países que amenazan la paz, como Corea del Norte e Irán, y es juzgada por el tipo de compañía que guarda", afirmó. "Eso y la obvia triangulación Venezuela-Irán-Cuba son elementos fundamentales en la política exterior de La Habana que hacen que Washington no tenga urgencia en cambiar la designación".

Cuestión de percepción

Diálogos de Paz
La Habana está facilitando las conversaciones de paz entre le gobierno de Colombia y las FARC.

Walser reconoció a la BBC que Cuba no está planeando ataques contra EE.UU. pero todavía ofrece refugio a varios fugitivos de la ley estadounidense, además de no entrar a cooperar en ninguna de las organizaciones internacionales que combaten el financiamiento del terrorismo.

"La lista está gobernada por la percepción de la amenaza", explicó. "Al fin de cuentas, es el Departamento de Estado el que emite un juicio sobre la naturaleza de estas amenazas y de terrorismo".

No obstante, un blog publicado en el sitio del CIP opina que el lenguaje que utiliza el Departamento de Estado en su página internet para describir los presuntos vínculos de La Habana con el terrorismo hacen más por mejorar la imagen del gobierno de la isla que por proyectar una amenaza.

En unos breves párrafos el departamento indica que Cuba todavía alberga algunos miembros y exmiembros de ETA, pero dice también que hay informes de que el gobierno de La Habana ha estado intentando distanciarse de ellos negándoles servicios y acceso a documentos de viaje.

El texto añade que aunque "los reportes de prensa indican que el gobierno cubano proveyó cuidado médico y asistencia política a las FARC, no hubo indicación de que el gobierno cubano proveyera armas o entrenamiento paramilitar...a las FARC".

Un blog del CIP argumenta que Cuba podría ser el "un potencial socio en la región y, si no es un socio, definitivamente no es un adversario".

En este sentido, Smith apunta a la función de Raúl Castro como anfitrión de las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC -un proceso que Washington ha apoyado abiertamente- que podría verse comprometida por la alusión del apoyo cubano a las FARC, a quien Washington considera un grupo terrorista.

"Colombia ha dejado en claro que no objetan a esa relación con las FARC y ahora que están facilitando estos esfuerzos de paz hace aún menos sentido utilizar esa relación para mantener a Cuba en esa lista absurda", manifestó. "Podría repercutir en el resultado del proceso".

El éxito de ese proceso o, por lo menos, un movimiento en una dirección positiva bien podrían valerle a Cuba la exclusión de la lista negra del Departamento de Estado, comentó Adam Isacson, especialista en política de Seguridad Nacional de la Oficina en Washington sobre América Latina (WOLA).

"Eso es clave, y la sacada de la lista sucedería de una manera muy callada, si Cuba logra jugar un papel constructivo en el proceso de paz en Colombia", indicó.

Táctica política

Campaña para liberar a Alan Gross
El caso del empresario estadounidense Alan Gross, preso en Cuba, tendría que resolverse.

Sin embargo, Isacson indicó que también habría que lidiar con el caso de Alan Gross -un subcontratista de la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU. (AID), que cumple en Cuba una condena de 15 años de cárcel por "crímenes contra el Estado".

"Remover a Cuba de la lista sin resolver el asunto de Alan Gross se vería bajo la óptica que el gobierno de Castro está recibiendo algo por nada", añadió Isacson a la BBC.

La percepción de "dar algo por nada" es lo que más juega en la mente de los que se oponen a retirar a Cuba de la lista.

Por la ambivalencia en la postura del Departamento de Estado, Wayne Smith manifestó creer que el gobierno de Barack Obama aun no ve el momento conveniente para retirar a Cuba de la lista sin pagar un precio político muy alto.

"La lista es una táctica política", dijo el analista. "Mi esperanza es que la Casa Blanca está esperando pasar unas medidas en el Congreso donde necesitan los votos de los legisladores cubano-americanos antes de tomar la decisión de sacar a Cuba de la lista. Una vez se vote lo harán, espero".

Aunque Ray Walser de la Fundación Heritage coincide en que el Departamento de Estado está sopesando las opciones de acuerdo al beneficio para el gobierno, la situación de Estados Unidos en el ámbito internacional no es muy favorable.

"Es posible que el secretario de Estado, John Kerry, tenga una perspectiva diferente y quiera abogar por sacar a Cuba de la lista de patrocinadores de terrorismo, pero no ha podido ganar la guerra burocrática para hacerlo", afirmó Walser.

"En este momento no se está revisando a alto nivel la relación con Cuba y la tendencia es a mantener el estatus quo, sobre todo después de los titubeos frente a Corea del Norte y Siria. El gobierno no quiere verse blando frente a Cuba también".