BBC navigation

La austeridad europea se resquebraja, ¿pero hay alternativa?

Medidas políticas en el ojo de la tormenta

Diversas voces están cuestionando el camino de la austeridad europea.

Cada vez parece más evidente que la austeridad en Europa no da para más.

Y no lo dice este cronista. Lo afirman el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso; el nuevo primer ministro de Italia, Enrico Letta; los gobiernos de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España); los documentos secretos del Partido Socialista francés; los más de seis millones de desempleados de España, y hasta la oposición alemana.

La cuestión va más allá de la polémica sobre la estrategia económica. Hay coincidencia en que la crisis es política. Las elecciones de febrero en Italia marcaron un punto de no retorno. La contundente derrota del candidato de la austeridad, Mario Monti, fue una señal del agotamiento político y social con los planes de ajuste.

"La idea de que la austeridad iba a allanar el camino al crecimiento mediante el retorno de la confianza de los mercados no ha funcionado"

Simon Tilford, Centro para la Reforma Europea

Barroso intentó arropar su declaración con lenguaje diplomático, al afirmar que se necesitaba "una política correcta que tenga al mismo tiempo aceptación social y política".

La semana pasada, el nuevo jefe de gobierno italiano se comprometió a dar marcha atrás con la austeridad en su primer discurso ante el Parlamento.

"Italia está muriéndose con la aplicación de la austeridad. Necesitamos políticas de crecimiento", aseguró Letta.

Según Simon Tilford, del Centro para la Reforma Europea -con sede en Londres-, el consenso es casi unánime.

"La idea de que la austeridad iba a allanar el camino al crecimiento por medio del retorno de la confianza de los mercados no ha funcionado. El resultado está a la vista", le dijo a BBC Mundo.

Silenciosa marcha atrás

Los datos son incuestionables. El desempleo ha superado el 27% en España y Grecia, es récord en Portugal y Francia, y suma 19 millones en los 17 países de la eurozona, casi seis millones más que en 2007: un 12% de la población.

El impacto de la austeridad es igualmente evidente en el consumo, que cayó en más de 220.000 millones de euros desde el estallido financiero de 2008.

Las proyecciones indican que la eurozona sufrirá este año una contracción del 0,3%.

Voz diplomática

El propio presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, afirma que las medidas contra la crisis deben tener aceptación social.

Así, la crisis ha forzado un silencioso –y tenue– relajamiento de los planes de ajuste.

Recientemente, los ministros de Finanzas europeos le otorgaron a Irlanda y Portugal siete años más para pagar el rescate que recibieron de la Troika (Comisión Europea, Banco Central de Europa y Fondo Monetario Internacional).

Por su parte, Grecia y España, al igual que Portugal, ganaron una extensión de los plazos para bajar su déficit al 3% del Producto Interno Bruto (PIB) que estipula el Tratado de Maastricht.

El comisario de Finanzas de la Unión Europea (UE), Olli Rehn, le dijo a la cadena estadounidense CNN que la UE está escuchando los reclamos de la sociedad.

"Soy consciente de los altos niveles de desempleo y la falta de crecimiento. Por eso se está moderando el ritmo de consolidación fiscal. Al mismo tiempo, el nivel promedio de deuda es un 90% del PIB y eso tiene un impacto sobre el crecimiento", afirmó.

Deuda y crecimiento

No es casual que Rehn haya subrayado este umbral del 90% y su impacto negativo en la economía.

Con la crisis en Grecia y el estallido de la deuda soberana a principios de 2010, los halcones de la austeridad citaron un estudio de dos académicos estadounidenses, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, para defender la necesidad de los planes de ajuste.

Basándose en un análisis histórico del endeudamiento, Reinhart y Rogoff concluían que cuando los compromisos financieros excedían el 90% del Producto Interno Bruto (PIB) se perdía un 1% de crecimiento.

Pero en un paper reciente que revolucionó el debate, tres académicos estadonidenses señalaron errores de cálculo y metodología que invalidaban la conclusión de Reinhart-Rogoff.

Más grave aún para el argumento de Olli Rehn es que esta silenciosa relajación de la austeridad no parece suficiente.

El elusivo Plan B

"La alternativa es una expansión fiscal en el conjunto de la eurozona, con mayor gasto en países con fuerte superávit comercial como Alemania y un relajamiento muchísimo mayor de la austeridad en la perisferia"

Simon Tilford, Centro para la Reforma Europea

Estados Unidos es un contraejemplo. El gobierno de Barack Obama no siguió la ruta de la austeridad. En los dos últimos años la economía ha crecido en todos los trimestres: en el primero de este año se expandió un 2,5%.

¿Es esta ruta el plan B? Según Simon Tilford, el clásico estímulo fiscal keynesiano tiene que ser repensado en el caso de la eurozona.

"No se trata de gastar más dinero o que España o Italia se endeuden mucho más. La alternativa es una expansión fiscal en el conjunto de la eurozona, con mayor gasto en países con fuerte superávit comercial como Alemania y un relajamiento muchísimo mayor de la austeridad en la periferia", le dijo Tilford a BBC Mundo.

Esto requiere un relajamiento de las metas fiscales de Alemania en momentos en que el gobierno de Angela Merkel está embarcado en una consolidación fiscal con el objetivo de equilibrar por completo las cuentas (y mostrar al resto de la eurozona que es un ejemplo de probidad).

Las otras dos vías posibles pasan por una macroinversión a nivel europeo en los países periféricos y un estímulo monetario por medio de una reducción de las tasas de interés, decisión adoptó a principios de mayo el Banco Central Europeo (BCE): las recortó de 0,75% a 0,50%.

"Una macroinversión en infraestructura podría ayudar pero de un modo marginal, porque requiere sumas gigantescas para realmente marcar una diferencia y países como España no necesitan una inversión en infraestructura", señaló Tilford.

"Una nueva baja de la tasa de interés no va a cambiar nada. El problema por el que el crédito no aceita la economía en España o Italia es que los bancos se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad".

En resumen: el Plan B exige un cambio de estrategia de Alemania.

El dilema alemán

Fábrica de autos Volkswagen

Dos compañías clave para la economía alemana, Daimler y Volkswagen, recortaron drásticamente sus proyecciones de ganancias.

El creciente cuestionamiento de la austeridad se ha chocado hasta ahora con un muro: la canciller federal alemana, Angela Merkel.

En septiembre hay elecciones y la jefa de gobierno hasta ahora ha representado a la perfección el sentimiento mayoritario de la población: los países del sur europeo tienen que poner su casa en orden.

Sin embargo, el tiempo está corriendo para todos. La oposición alemana cazó al vuelo las declaraciones de José Manuel Barroso para atacar a Merkel.

"La austeridad es una trampa para países como Grecia, que no pueden crecer para domar su déficit fiscal", dijo el candidato de la oposición socialdemócrata, Peer Steinbruck.

La declaración es una clara señal del cambio de vientos: el año pasado este partido prefería el silencio.

Y es que la misma economía germana está sintiendo el impacto de la crisis de la eurozona. Este año, el crecimiento será de un 0,4%.

En ese termómetro de la economía alemana que es el sector automotriz, dos compañías líderes -Daimler y Volkswagen- recortaron drásticamente sus proyecciones de ganancias.

Según John Bowler, de la Unidad de Inteligencia del semanario británico The Economist, a pesar de ello la eurozona no puede esperar un cambio radical de dirección con las elecciones.

"Antes de septiembre Alemania no va a cambiar de posición. Es posible que después lo haga, pero no hay que esperar una especie de Plan B", le dijo Bowler a BBC Mundo.

Reloj, no marques las horas

El dilema de los recortes

Los problemas económicos comenzaron a golpear fuertemente a la eurozona hace cuatro años.

El problema de la eurozona es que se le está acabando el tiempo para solucionar una crisis que comenzó hace cuatro años y ha empeorado mes a mes desde entonces.

El agotamiento social y político es claro. Y el caso español es un ejemplo.

En el primer trimestre, unas 237.000 personas se añadieron a las filas del desempleo, dejando el total nacional en más de seis millones de personas o un 27,2% de la población.

Incluso estas cifras catastróficas están maquilladas por la emigración que ha tenido lugar desde el comienzo de la crisis. Según el diario español El País, sólo el año pasado emigraron unas 260.000 personas. Más de 17.000 fueron a Argentina, país que hace apenas once años era un generador neto de emigrantes a España.

Con una situación de esta naturaleza, ¿se puede esperar a que un resultado electoral en Alemania favorezca un cambio de posición que, aun en el escenario más drástico e improbable (victoria de la oposición), requeriría meses para concretarse?

"Sorprende el grado de austeridad que los países han tolerado hasta ahora sin que haya habido un estallido social. Pero no se puede apostar a esto indefinidamente. Es una estrategia insostenible", opinó Simon Tilford.

Contexto

BBC © 2014 El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.

Para ver esta página tal cual fue diseñada, debe utilizar un navegador de internet actualizado, que tenga habilitado el uso de hojas de estilo en cascada (CSS, por Cascading Stylesheets en inglés). Aunque en el navegador que está utilizando podrá ver el contenido de la página, no será presentado de la mejor forma posible. Por favor, evalúe la posibilidad de actualizar su navegador y/o habilitar el uso de CSS.