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La obsesión estadounidense con nombrar montañas en honor a presidentes

Última actualización: Viernes, 29 de marzo de 2013
Monte Rushmore, Ronald Reagan, Monte McKinley

Una campaña para cambiar el nombre de una montaña de Nevada por el de Ronald Reagan está tomando impulso. ¿Por qué los estadounidenses son tan aficionados a nombrar cumbres en honor a sus presidentes?

El monte se eleva desde la árida llanura del desierto de Mojave, por sobre la estridencia de Las Vegas.

Es una vista impresionante, que actualmente se llama Frenchman's Mountain.

Sin embargo, pronto este hito podría quedar indeleblemente asociado con Reagan. Los partidarios de la campaña quieren darle su nombre a esta montaña de tundra de 1.235 metros de altura.

Las conexiones del área con el 40° presidente de Estados Unidos, quien creció en el Medio Oeste del país e hizo su carrera en California, son tenues en el mejor de los casos.

Aparentemente se presentó en la Franja de Las Vegas durante un par de semanas cuando era actor, y apareció en una película de propaganda de la II Guerra Mundial filmada en una base aérea del estado de Nevada.

El tamaño no importa

Se dice que el panorama desde la cima del el futuro Monte Reagan es espectacular.

La altura de su potencial tocayo no es particularmente imponente. Es mucho más bajo que el Monte McKinley, en Alaska -que le hace honor a William McKinley, el relativamente olvidado 25° presidente-, el pico más alto de EE.UU.

Cumbres presidenciales

  • La Cordillera Presidencial, en Nuevo Hampshire, incluye montañas con los nombres de John Adams, John Quincy Adams, Dwight Eisenhower, Andrew Jackson, Thomas Jefferson, James Madison, James Monroe, Franklin Pierce y George Washington.
  • California, Massachusetts, Nevada, Nuevo Hampshire, Oklahoma y Washington tienen un Monte Lincoln cada uno. Colorado tiene dos.
  • Hay un Monte Jefferson en Arkansas, Idaho, Massachusetts, Maine, Montana, Nevada, Nueva York, Carolina del Norte, Oregón, Carolina del Sur y Virginia.
  • Virginia también tiene un Monte Jackson y Washington, así como un Monte Adams.
  • Zachary Taylor dio su nombre a una montaña en Nuevo México. Vermont tiene un Monte Grant.
  • Canadá tiene montañas nombradas en honor a Chester Arthur y Franklin D. Roosevelt.
  • El Monte Eisenhower, en Alberta, revirtió su nombre a Castle Mountain, como se llamaba originalmente, una década después de su muerte.

"No es la montaña más alta del estado ni del país", admite Chuck Muth, el activista conservador que encabeza la campaña del Monte Reagan.

"(Lo interesante) es la vista desde la cima, no la montaña en sí; el contraste entre el desierto árido y Vegas, que brilla como ninguna otra ciudad".

Si Muth llega a tener éxito, su héroe estará en buena compañía.

Unos 14 presidentes ya han dado sus nombres a montañas en toda América del Norte.

La Cordillera Presidencial en Nuevo Hampshire presume de montañas llamadas en honor a no menos de 12 comandantes en jefe.

Desde Nueva Inglaterra hasta la Costa Oeste, presidentes tan celebrados como Abraham Lincoln y tan poco conocidos como Zachary Taylor -quien ejerció el cargo sólo 16 meses entre 1849 y 1850- comparten los honores.

Es una costumbre que distingue a EE.UU. de otras naciones.

En Reino Unido, a nadie se le ocurriría rebautizar a Ben Nevis, Snowdon o Scafell Pike, ni siquiera por Winston Churchill. Y la cumbre más alta de Europa Occidental es el Monte Blanco, no el Monte de Gaulle.

Quizás el único otro país que ha rendido tanto homenaje a exlíderes de esta manera es la exrepública soviética de Kirguistán, que ha "bautizado" montañas en honor a los presidentes rusos Boris Yeltsin y Vladimir Putin, así como la figura para nada política de Santa Claus (Papá Noel).

Kirguistán

Kirguistán llamó una montaña con el nombre de Vladimir Putin.

Mejor una montaña que un aeropuerto

El icónico Monumento Nacional Monte Rushmore en Dakota del Sur, que tiene los rostros de Lincoln, George Washington, Thomas Jefferson y Theodore Roosevelt tallados en granito, podría también haber ayudado a vincular el paisaje con la grandeza presidencial.

"(El Monte Rushmore) es tan conocido como homenaje, que una montaña tiene una estima más alta que un valle o un arroyo", afirma Muth.

Aeropuerto Ronald Reagan

Reagan ya tiene un aeropuerto, una autopista y miles de hitos con su nombre.

Mientras que ya existen unos 3.000 hitos nombrados en honor a Reagan, incluidos colegios, carreteras, edificios y el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington en las afueras de la capital, los activistas de Nevada ven una montaña como la expresión definitiva de la inmortalidad política.

"Los aeropuertos pueden ser arrasados y desbaratados", agrega Muth. "Algo así tiene más permanencia".

Un obstáculo potencial, no obstante, es que el Monte Reagan ya tiene nombre y hasta dos: oficialmente, se le conoce como Frenchman's Mountain; los locales se refieren a él como Sunrise Mountain (montaña del Amanecer).

Cuando la legislatura estatal de Nuevo Hampshire intentó designar un Monte Reagan hace un par de años, la Junta de EE.UU. sobre Nombres Geográficos (BGN, por sus siglas en inglés) se opuso.

La BGN se resiste a renombrar montañas que ya están designadas en mapas, y el potencial Monte Reagan en Nuevo Hampshire ya se llamaba Monte Clay, en honor a un secretario de Estado del Siglo XIX, Henry Clayamed.

¿El nombre es lo de menos?

"He estado en la cima de la Montaña"

Monumento a Martin Luther King

Notablemente, hay pocas montañas llamadas en honor a afroestadounidenses. Un ejemplo destacado es Beckwourth Pass, en la Sierra Nevada de California, cuyo nombre viene del esclavo liberto James Beckwourth.

Mientras unas 730 ciudades de EE.UU. tienen calles con el nombre de Martin Luther King, aún no tiene la distinción de ser recordado con una montaña, a pesar de su celebrado discurso de 1968, conocido bajo el título de "He estado en la cima de la Montaña".

De hecho, se pueden rescindir los nombres de hitos en circunstancias especiales, como cuando son considerados ofensivos racialmente. En 2010 la montaña Negrohead en California fue rebautizada como Ballard Mountain en honor a John Ballard, un herrero y exesclavo.

Esto es un recordatorio de que decidir cómo se llama un lugar es un acto profundamente político, especialmente en un país cuya historia incluye la esclavitud y, antes de eso, olas de migraciones y conquistas.

"Cuando le das a un lugar el nombre de alguien, le otorgas un sentido de legitimidad. Cuando le das el nombre a una montaña, literalmente lo estás elevando", afirma Derek Alderman, profesor de geografía en la Universidad de Tennessee, en Knoxville.

Para los nativos de Alaska -y para algunos montañistas-, el Monte McKinley sigue siendo Denali, su nombre en la lengua indígena local.

Por otra parte, para quienes realmente escalan una montaña, más que para quienes simplemente la miran en un mapa, el nombre puede significar muy poco.

En 1970, Arlene Blum ayudó a encabezar el primer ascenso de un grupo integrado sólo por mujeres al Monte McKinley.

En su camino a la cumbre, dice, lo último que tenía en la mente era el exgobernador republicano de Ohio que ocupó la Casa Blanca entre 1897 y 1901.

"Escalas una montaña porque es bella, o desafiante, o porque hay algo especial sobre ella", señala.

"Realmente no creo haber pensado nunca en cómo se llamaba o en honor a quién".

Contexto

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