Mujica sobre Chávez: “La causa permanece y hemos perdido el símbolo”

  • 8 marzo 2013
Cristina Fernández, José Mujica, Evo Morales
José Mujica anunció su asistencia a las exequias de Hugo Chávez inmediatamente conoció la noticia sobre su muerte.

El presidente uruguayo, José Mujica, descartó que en América Latina haya una figura que pueda encarnar a corto plazo el símbolo que representó Hugo Chávez, el líder venezolano muerto el martes a los 58 años por un cáncer.

En una larga conversación telefónica con BBC Mundo desde Caracas, a donde asistió para despedir los restos de su "amigo entrañable", Mujica dijo empero que la causa de la integración regional planteada por Chávez sigue vigente y marcó varios desafíos para Venezuela y el continente.

A su juicio, "es una hora de luchar por libertad y por paz" en Venezuela. "Espero que tengan la habilidad de poder conducir esto. Porque las contradicciones en una sociedad no se aplastan; se conducen", dijo.

También sostuvo que Brasil tiene una "responsabilidad histórica" de liderar sin crear un nuevo imperio regional y que Estados Unidos debe respetar y dejar a los latinoamericanos ser ellos mismos.

Lo que sigue es un resumen del diálogo con Mujica sobre el legado de Chávez, el desafío de Venezuela y el papel de la región.

Legado

¿Qué legado dejó Chávez para América Latina en términos históricos?

Todavía los sucesos están muy frescos. Hay que tomar un poco de perspectiva, paciencia y tiempo.

Nunca hemos estado tan cerca los latinoamericanos como hoy.

¿Es autor Chávez de eso? ¿O también se puede interpretar que Chávez es una expresión notable de algo que nos viene pasando? Izquierda y derecha en América Latina no se podían sentar en la misma mesa. Y hoy lo más notable es que latinoamericanos de credos muy distintos políticamente es como si hubiéramos decidido empezar a caminar juntos y no repelernos por las diferencias.

Algunas decisiones que tomó Unasur rápidamente en momentos medio dramáticos eran impensables en América Latina hace algunos años. Por ejemplo, cuando la tentativa de golpe de Estado que se produjo en Ecuador, rápidamente se juntaron todos los presidentes y hubo propuestas radicales por presidentes muy distintos. Eso era impensable.

No sé si nos estamos juntando por Bolívar o por Martí. Nos estamos acercando por el susto estratégico de lo que está pasando en el mundo.

¿Por qué?

Hace poco en la Celac había algunos presidentes que decían: "Acá está un tercio de la humanidad". Sí, un tercio de la humanidad con 60 o 70 parlamentos, tantos gobiernos, tratados, contradicciones".

Y del otro lado del Pacífico hay algo más que un tercio con unidad de comando y con hábitos colmenares sociológicamente, en la manera de moverse. Y esa fuerza va a ser cada vez más determinante en el mundo que va a venir.

Entonces parecería que los latinoamericanos, donde el principal comprador es China por todos lados, nos damos cuenta que nos tenemos que ir juntando para ser algo.

Hugo Chávez y José Mujica
Reunión de Mercosur, Montevideo, Uruguay. Diciembre 20 de 2011.

¿En qué influyó Chávez su forma de gobernar en Uruguay?

Son países muy distintos. Pero en Chávez hemos tenido un amigo.

Ser amigo no es sonreírse con afecto. Ser amigo es socorrerse cuando las papas queman. Y Chávez… desde ese punto de vista, no ha existido nada parecido en la historia de América Latina.

Por eso uno entiende que él aplicó a su modo un latinoamericanismo militante y comprometido.

Y también nos ha dado una lección, porque siempre se puede hacer algo por el más débil o los que están en peores circunstancias. Este es un legado que nos deja Chávez. Hemos perdido un amigo entrañable.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha dicho que la muerte de Chávez deja un vacío en América Latina. ¿Hay alguien que pueda reemplazar el liderazgo que él ejerció en una parte de la región?

No. Justamente, es ese factor que tienen las personalidades inconmesurables.

Lo que queda vivo es la causa de Chávez. Lo esencial. Es una obra de integración. Y vamos a seguir caminando por ese camino, con contradicciones, marchas y contramarchas.

Pero no va a haber ninguna personalidad en el corto plazo que cumpla ese papel simbólico, porque cuando un árbol muy grande cae deja un vacío gigantesco. Hay hombres que simbolizan causas. Acá la causa permanece y hemos perdido el símbolo. Tal vez tengamos la madurez y lo podamos sobrellevar.

¿Pero hasta qué punto la Venezuela de Chávez es hoy un paradigma para la izquierda latinoamericana, como fue Cuba en los años 60? Hay analistas que señalan que en la región nadie dice que quiera parecerse a Venezuela…

Estamos en otra época totalmente distinta.

Primero que buena parte de la izquierda no cree en la dictadura del proletariado ni en el partido único. Ni Chávez creía en eso.

La democracia liberal tiene muchísimos defectos. El mayor es que promete en el campo del derecho algo que no cumple en el campo de los hechos: que somos iguales. Pero la revolución liberal y los valores que trajo no se pueden dejar tirados a la basura ni pueden ser un recurso de ocasión. Va a haber una humanidad mejor a partir de afirmar y respetar eso.

Esta cuestión de la libertad y del camino plural era un capital que probablemente la izquierda no tenía, porque había otros modelos. Ese mundo estalló, se hizo pedazos.

La gran diferencia de la izquierda con la derecha está en que la izquierda entiende que hay que forzar el reparto en la sociedad y básicamente todos los hombres tienen derecho a una vida digna. Pero por otro lado hay que desarrollar las fuerzas productivas y uno no puede repartir lo que no tiene.

Por eso el andar buscando modelos únicos para copiarlos es una cosa del pasado. Cada cual va buscando su rumbo y es una larga marcha.

El desafío de Venezuela

Venezuela quedó dividida, polarizada en torno a la figura de Chávez, y enfrenta varios problemas económicos. ¿Esto supone algún riesgo de inestabilidad en el futuro de Venezuela?

Es una sociedad polarizada, pero aspiro a que la gente que queda conduciendo tiene un enorme compromiso con la paz, la libertad y el legado más simbólico que dejó Chávez.

Porque Chávez hacía discursos largos, todo lo que quieran. Pero en el fondo era la figura más alejada de lo que puede ser un dictador en América Latina. Basta abrir un diario de la oposición en Venezuela y uno se da cuenta que libertad es lo que sobra.

Espero que tengan la habilidad de poder conducir esto. Porque las contradicciones en una sociedad no se aplastan; se conducen.

Ha quedado una cantidad de gente joven que va a poder conducir este proceso y espero que mantenga esos rasgos de libertad que son fundamentales, porque cuando la sociedad pierde la libertad pierde el termómetro más valioso para corregir los inevitables errores que cometemos.

No creo que la libertad se pueda considerar un atributo de determinadas clases sociales. La libertad es un instrumento imprescindible para todos los postergados que hay en una sociedad. Esos son los que precisan libertad, porque en libertad uno aprende. Entonces es una hora de luchar por libertad y por paz. Y espero que lo entendamos eso.

El ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo en un artículo para The New York Times que para mantener el legado de Chávez, sus simpatizantes en Venezuela "tienen mucho trabajo por delante para construir y fortalecer las instituciones democráticas", ayudar a que el sistema político sea "más transparente" y mejorar el diálogo con la oposición. ¿Es el desafío del chavismo?

Naturalmente. Tiene que entrar en un ciclo de madurez y de enorme responsabilidad, porque arranca con un capital importante.

Y para que una cosa deje un legado francamente positivo tiene que tener la sabiduría de influir en los adversarios. Porque no se gobierna sólo con los que están a favor; se gobierna también con los que están en contra y para los que están en contra y para los hijos de los que están en contra.

Entonces son los pasos que hay que transitar. Pero hay un capital acumulado al que le sobra riqueza para sobrellevar esta hora.

Lo que pasa es que ahora hay un impacto de una emotividad tremenda. Pero la emotividad está demostrando un grado de compromiso muy serio.

La oposición también tiene que ser inteligente. Y la verdadera inteligencia está en el sostenimiento de la paz con libertad.

El papel de la región y EE.UU.

¿Qué papel debe jugar la región en el devenir político venezolano?

Ayudar en todo esto. Uno no se tiene que entrometer en casa ajena, pero tiene que ayudar a que lo mejor que hay en la casa ajena se encuentre y pueda caminar.

Venezuela es un país clave, determinante. Es un emporio de energía y demandante de muchas cosas portentosas que tiene la región. Tiene un desafío de recrear una cultura, una inteligencia, masificar el conocimiento en el seno de la sociedad. Tiene enormes tareas por delante, pero tiene con qué hacerlo.

Y el paso muy audaz de ayudar a que entrara en el Mercosur es para suscribir un compromiso: Brasil está comprometido con Venezuela. Brasil es un continente y será más continente si carga con la responsabilidad histórica de liderar, sin aplastar. Y como el gobierno actual de Brasil es francamente republicano pienso que se va a dar cuenta de esta tarea que tiene por delante.

Y algunos más pequeños tendremos la independencia de recordárselo a cada rato. A veces ser chico tiene ventajas, porque se puede decir con claridad lo que se piensa. Tenemos que ayudar también a Brasil en esa tarea.

¿Usted dice que no hay ninguna figura que pueda reemplazar el liderazgo que Chávez tuvo pero Brasil sí tiene la responsabilidad de liderar en la región?

Sí. Liderar hoy no significa crear un nuevo imperio, porque si vamos por ese camino estamos fritos. Pero las dimensiones y desafíos que tiene Brasil lo conducen inevitablemente a ser un gran actor de carácter mundial. Ese actor necesita un soporte que es el conjunto de países latinoamericanos que acompañen.

Y vamos a acompañar por nuestra propia conveniencia. Venezuela es una pieza clave en todo eso. Estamos en la gestación de ese tiempo. La Unasur es algo de eso, una manifestación de carácter político de nuestra lucha.

Fundamos muchos países pero falta el común. Ese es el desafío de nuestra época. Tenemos un capital enorme y Chávez es uno de los que nos va a convocar desde el pasado.

¿Y Estados Unidos qué debe hacer a su juicio?

Estados Unidos tiene que respetar. Estados Unidos, la política más favorable que puede tener es dejarnos ser. Los latinoamericanos estamos intentando ser nosotros. Y si lo logramos, Estados Unidos se va a sacar una responsabilidad de encima muy grande y vamos a vivir en un mundo mucho más equilibrado.

Hasta hace poco había circunstancias que podían servir para que lo peor de Estados Unidos endureciera la política con Venezuela. El factor seguridad ante la implacable necesidad de consumir energía podía ser una amenaza para con Venezuela.

Sin embargo, las transformaciones tecnológicas que se están dando con enorme velocidad en el seno de Estados Unidos hacen vaticinar que ese formidable devorador de energía va camino de valerse por sí mismo.

Eso va a tener una repercusión en el mundo de carácter colosal. Las dos últimas intervenciones cruentas y duras que ha habido fueron con países ricos en petróleo. Ese fantasma creo que se empieza a alejar con superación tecnológica.

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