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Brasil recuerda a las víctimas del incendio

Última actualización: Lunes, 4 de febrero de 2013
Familiares de las víctimas

Familiares de las víctimas y ciudadanos comienzan el proceso de lidiar con las pérdidas por el incendio.

Este domingo se conmemora una semana del incendio ocurrido en una discoteca de Santa Maria, en el sur de Brasil, que dejó 236 muertos y más de 70 heridos.

Se trata de la segunda mayor tragedia de ese tipo en Brasil.

Hace unos días fueron encarcelados los dos dueños del club nocturno, Kiss, además de otros dos miembros de la banda Gurizada Fandangueira, que tocaba en la fiesta universitaria que se efectuaba en el local.

Estas son las historias de quienes participaron en la fiesta, el rescate y el reconocimiento de las víctimas y también de quienes brindaron ayuda a los familiares y afectados por lo ocurrido.

Bernardo Bopp, estudiante

El estudiante de zootecnia Bernardo Bopp, de 22 años, se encuentra reunido con su familia en Itaara, a 14 kilómetros de Santa Maria, desde que escapó del incendio en la discoteca Kiss. Su clase era una de las organizadoras de la fiesta que se llevaba a cabo el sábado 27 de enero, cuando ocurrió la tragedia.

Bopp era uno de los responsables de las invitaciones a la fiesta y asegura que el incendio comenzó minutos después del inicio. Él y unos 15 amigos fueron los primeros en abandonar el local.

"Vi que (la banda) había encendido las bengalas, pero sólo me di cuenta cuando la banda dejó de tocar. Comenté con mi colega y me dijo 'mira, está ardiendo'. La gente estaba cerca de uno de los pasillos que conducen a la salida. Fuimos los primeros. Sólo dos de nuestros compañeros no salían. El chico murió, la chica está en el hospital", señaló a la BBC.

El estudiante y sus amigos ayudaron a otras personas a salir del club a las 7 de la mañana del domingo. Entre los muertos había amigos de la infancia de Itaara, que había invitado para la fiesta.

"Unos diez segundos después que salí, todavía salía gente caminando. Poco después, fueron sólo las personas rescatadas por los voluntarios y bomberos, con algunas señales de vida. Alrededor de las 3 de la mañana yo estaba ayudando a sacar personas, en su mayoría ya muetas. Y entonces vi que sacaban a uno de mis amigos", recuerda.

"El primo de ese amigo vio desde lejos y quiso venir a ver si era él mismo, pero no lo dejé. La gente habló con él a la hora. Fue muy mala".

Según Bopp, diversos estudiantes de la Universidad Federal de Santa Maria (UFSM) piensan no volver a las aulas inmediatamente. Algunos, hasta el próximo semestre.

"Todo el mundo está bien agitado, la mayoría viajó a sus casas en otras ciudades. Hay personas que están pensando en no venir, demorar más de una semana, o abandonar el semestre. Ese semestre ya está atrasado por causa de la huelga. De mi clase murió una persona, pero hay clases de agronomía en las que murieron más de diez, imagínate".

Alberto Tessmer, voluntario

Una semana después de la tragedia, la ciudad de Santa Maria está tratando de adaptarse y volver a la realidad, cuenta el poblador Alberto Tessmer, de 35 años, voluntario que ayudó en el rescate de las víctimas de la discoteca Kiss. "(Estamos tratando) de aceptar lo que pasó, pero sin comprender".

"Es muy difícil. A pesar de ser una ciuda de casi 300.000 habitantes, todo el mundo se conoce. Sales a la calle y encuentras a alguien hablando de eso; ¿de qué más van a hablar? Vemos al país llorando a sus hijos y diciendo que perdieron el sentido de la vida. Es difícil cicatrizar".

La principal dificultad, dice él, es el sentimiento de rebeldía por las "cosas no esclarecidas" sobre el incendio en la madrugada del 27 de enero en Kiss.

"La ciudad no entiende este juego de acusaciones, de que nadie asuma responsabilidades. ¿Por qué no aparece la produtora de la fiesta? ¿Y los responsabes del proyecto (arquitectónico de la discoteca)? Alguien registró el proyecto, y de eso no sa habla".

Él también está sintiendo personalmente los efectos de la tragedia, como dificultades para dormir y tratamiento médico para desintoxicar los pulmones por el humo que respiró mientras rescataba a las víctimas.

Joel Oliveira Dutra, fiscal

El fiscal Joel Dutra es uno de los responsables de la investigación criminal sobre el incendio en la discoteca Kiss, pero dice que su participación comenzó antes del trabajo. "Mi entrada al caso ocurrió antes como particular, como padre. Una de mis hijas casi fue a la fiesta y su enamorado perdió a un primo y un amigo allí".

La hija de Dutra, estudiante de derecho en la UFSM, fue a cenar con sus amigas y pretendía ir a la fiesta, pero decidió volver a casa. "A eso de las 4 de la mañana, llegó una señora que quería hablar con mi hija y se identificó como la tía de su enamorado, diciendo que su hijo estaba en la fiesta en Santa Maria. Ella recibió una llamada de un amigo del chico y quería que mi hija tratara de encontrarlo, porque no conseguía comunicarse con su celular", cuenta.

Temprano por la mañana, Dutra acudió al lugar del incendio, mientras que su hija y su yerno buscaban al chico desaparecido en los hospitales de la ciudad. "Llegué pensando en encontrar alguna información. Me identifiqué como fiscal, los bomberos me ayudaron, me coloqué una máscara y cuando entré al local, vi aquel horror, aquellos jóvenes sin vida".

Para llegar a donde estaba el baño de la discoteca, según el fiscal, fue preciso tener cuidado de no pisar los cadáveres sobre el piso. Cuando salió de la discoteca, se dirigió al centro deportivo de la ciudad, a donde fueron llevados los cadáveres.

"Lo que más me incomodó fueron los celulares en el piso que sonaban insistentemente. Me imaginaba la desesperación de los padres. Conseguí que mi hija llevara una fotografía de los chicos y desgraciadamente localizó a los dos. Fue difícil reconocerlos con las fotos, porque uno de ellos estaba con el rostro oscuro y el otro tenía hematomas en la cara y en el pecho".

"Como fiscal nunca paré de trabajar. Por más que estuviese en el primer momento involucrado con esas personas, llamé a mi oficina en Porto Alegre la mañana siguiente para alertarlos de que la cosa era muy grave".

Dutra cuenta que el clima de pesar afecta incluso a quienes visitan la ciudad. "Dos funcionarias nuestras que vinieron de Porto Alegre contaron que estaban en el centro comercial almorzando. Mientras conversaban, contaron algo gracioso y se rieron. De pronto, percibieron que cerca de ellas una persona lloraba y se sintieron mal. Afirmaron que 'por el momento, parece que está prohibido sonreir en Santa Maria'".

Ana Alice Giacomelli, voluntaria del centro deportivo

"Pasé una tarde trabajando ahí. Tuve que quedarme más tiempo, porque también estaba ayudando a una familia que perdió un ser querido", dice a la BBC la profesora de inglés y estudiante de Letras Ana Alice Giaconelli, de 22 años.

Ella ayudó a distribuir agua y alimentos para las familias que reconocían y lloraban a los suyos en el local. "A todo mundo le cayó de sorpresa, y como la mayoría de los estudiantes no eran de Santa Maria, los padres llegaban corriendo, sin prepararse".

Giaconelli se enteró del incendio durante la madrugada, después de recibir una llamada telefónica de su hermano, que había pasado por la discoteca durante la operación de rescate y contó que vio "por lo menos 30 cadáveres en el piso".

En Facebook, ella encontró las primeras fotos del local y mensajes en los que pedían ayuda. "Fui a la página (de Facebook) de la discoteca y comencé a ver a la gente comentando: '¿Qué está pasando?', 'Mi hijo está allá' o 'Mis amigos fueron todos para allá'".

Fue también en las redes sociales que la profesora descubrió que Defensa Civil requería de la ayuda de voluntarios en el centro de deportes local. "Primero pidieron ayuda de profesionales del área de la salud, que era lo más importante, pero cuando vieron que allí también sería el reconocimiento de los cadáveres y los velorios, que la gente pasaría el día allí, comenzaron a pedir más personas".

La internet, según Giaconelli, sigue siendo el escenario de la movilización de los jóvenes de la ciudad durante la investigación sobre la responsabilidad por el incendio. "La gente piensa que si el integrante de la banda no hubiese usado la bengala, esto no habría ocurrido. Podía no haberse incendiado aquel día, pero sí otro. Están circulando en las redes sociales fotos de fiestas anteriores en Kiss. En octubre o noviembre del año pasado tuvimos una fiesta mexicana y las fotos ya mostraban personas usando esas bengalas", afirma.

"También vi una foto de unas personas bebiendo en un bar y a su lado tenían un balde de champaña con una bengala adentro. Ellos hacían eso todo el tiempo. Cuando el propietario de la discoteca dijo por televisión que eso no se usaba, la gente comenzó a recordar y a colocar fotos. Usaban esas bengalas bien cerca del techo".

Según Giaconelli, los homenajes a las víctimas también continúan. "Colocaron tantas flores y carteles frente a la discoteca que ya atravesaron la calle y llegaron a la cuadra de enfrente".

Maria de Fátima Fischer, psicóloga

Maria de Fátima Fischer forma parte de la coordinación del servicio de asistencia psicológica a las víctimas y a las familias de las víctimas de Santa Maria. La red, que comenzó casi inmediatamente después del incidente, tiene como objetivo atender a cada uno de los 62 municipios afectados por la tragedia solamente en Rio Grande do Sul.

Según Fischer, los equipos se dividen en asistencia las 24 horas, apoyo a las familias en los rituales de despedida, compañía en los hospitales, visitas domiciliarias y atención a los profesionales involucrados en la operación. "Queremos incorporar estos servicios al Sistema Único de Salud de Brasil. Es importante que la gente sepa que no va a no va a desaparecer y que podrán hablar de esto de aquí a tres meses".

"Ya tenemos 92 personas atendidas por la situación esperada en los primeros días, que son la fase más aguda. Son personas con síntomas de agitación, pánico, una gran crisis emocional. Cada muerte nueva es revivida por mucha gente. Después de las primeras 72 horas comienza una fase de asimilación del sufrimiento agudo", comenta.

"Traté con las personas directamente, la madrugada ha sido muy interesante. Una joven llegó por la noche al centro de atención de 24 horas, tres días después de los sucesos. Ella contó que una hermana y dos amigas habían fallecido en la discoteca y pude observar que por fin estaba logrando hablar del asunto".

Fischer afirma que es posible ver señales de recuperación en la postura de enfrentamiento de los ciudadanos que exigen justicia. "Durante la marcha, por ejemplo, había mucho dolor, pero las personas caminaban con esperanza. Es muy importante para la recuperación social que se apoyen".

"Estaba preocupada porque comenzamos a ver algunas manifestaciones aisladas de moralismo, pero quien quiera escribir mensajes moralistas sobre 'corregir comportamientos' debe saber que eso no ayuda. No vamos a corregir a la juventud. La juventud tiene que bailar, divertirse y pasar por toda esa fase con seguridad. Vamos a defender la vida y las formas colectivas de alegría de esa fase. La juventud no tiene la culpa de lo que ocurrió, tiene que vivir".

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