Embriones de tiburón se "ocultan" de sus depredadores

  • 10 enero 2013
Embrión de tiburón puntarroja colilarga de bambú en su huevo
Un embrión ya sabe cómo cuidarse.

A la mínima señal de peligro los embriones de una especie de tiburón se quedan perfectamente quietos en sus huevos y dejan de respirar para evitar ser detectados, según un reciente descubrimiento de científicos en Australia.

Aún confinados en sus huevos son capaces de utilizar el mismo método que los tiburones adultos emplean para identificar a potenciales presas, depredadores o peces de su especie: receptores eléctricos ubicados en la cabeza, capaces de detectar los diminutos y diversos campos eléctricos emitidos por todos los seres vivos.

Investigadores de la Universidad del Oeste de Australia, en Crawley (cerca de la ciudad de Perth), colocaron huevos de la especie de tiburones pintarroja colilarga de bambú (Chiloscyllium punctatum) en un tanque de agua.

Luego los estimularon con campos eléctricos semejantes a los que emiten sus depredadores y observaron que los ejemplares dejaban de mover sus agallas y se quedaban quietos.

Los embriones utilizados en el estudio, publicado en la revista PLoS One, pueden alcanzar hasta 1,2 metros de largo y se encuentran en los mares del norte de Australia, sur de Nueva Guinea e Indo-Pacífico occidental.

La hembra de puntarroja colilarga de bambú deposita los huevos fuera de su organismo, lo que los deja más expuestos a depredadores -y hace especialmente relevante su capacidad de quedar "congelados"-, a diferencia de lo que sucede con otras especies de tiburón, en las que los embriones se desarrollan dentro del cuerpo de la madre.

Un mejor repelente

Un joven ejemplar de tiburón puntarroja colilarga de bambú
Los ejemplares jóvenes de puntarroja colilarga de bambú usan el dibujo de su piel para disuadir a los depredadores.

Los científicos de la Universidad del Oeste de Australia también descubrieron en sus experimentos que si seguían emitiendo el campo eléctrico del depredador cuando los embriones necesitaban comenzar a respirar de nuevo, estos volvían a mover sus agallas de todos modos, pero a un ritmo más lento que el normal, como intentando "esconderse".

Y detectaron otro comportamiento que les llamó la atención.

Los embriones eran capaces de reconocer un estímulo al que habían sido expuestos con anterioridad. Pero en esos casos su respuesta defensiva disminuía, como si hubieran perdido un poco el miedo.

"Esto significa que los tiburones pueden estar condicionados a los actuales dispositivos repelentes, si las señales que estos emiten no varían con el tiempo", dijo Ryan Kempster, miembro del equipo de investigadores.

El hallazgo sugiere que, para ser más efectivos, los repelentes de tiburones deberían permitir variar la señal eléctrica que utilizan, para que esta especie no se acostumbre y siga percibiendo peligro.