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Navegación a vela, ¿futuro del comercio internacional?

Última actualización: Sábado, 5 de enero de 2013
"Tres Hombres"

El "Tres Hombres" puede cargar 35 toneladas y albergar cinco tripulantes y diez pasajeros.

"Deseábamos mantener la energía que los productores habían puesto en el vino, y no romper la cadena. Te digo que... este vino sabía increíble".

Un caluroso día de verano en agosto, el comerciante de vinos danés Sune Rosforth recibió 8.000 botellas de vino recién llegadas de Francia.

Desde las oficinas de instituciones financieras que flanquean el muelle, los trabajadores miraban algo que no se veía en el centro de Copenhague desde hacía años.

El barco que llevó el vino desde el puerto bretón de Brest era un bergantín de 32 metros de eslora, llamado "Tres Hombres".

Su compañía, Rosforth and Rosforth, abastece a restaurantes en Dinamarca con vinos orgánicos y biodinámicos.

Hace tiempo que hablaba de transportar vino de una manera más ecológica con un productor de Anjou que también capitanea un barco, pero el plan original usaba barcazas de canal.

"Un día nos llamó para contarnos que había una oportunidad de trasladar el vino, pero en un velero", señala. "Respondimos '¡Fantástico!'".

Hacia adelante

Vino en Copenague

Descarga de vino francés en el centro de Copenhague, trasladado en un bergantín.

En 2008, la Compagnie de Transport Maritime à la Voile anunció planes para enviar vino francés por velero. Hubo varios embarques pero la compañía cerró en 2010.

Esto no ha desanimado a otras compañías.

El Tres Hombres zarpó en 2009 de Ámsterdam y ha trasladado carga desde entonces. También da a marineros en tierra la oportunidad de integrarse a la tripulación.

La carga de vino fue planeada con su socio, la empresa de transporte de mercancías a vela TransOceanic Wind Transport (TOWT), que trabaja con una flotilla de veleros y ofrece a los compradores una manera de rastrear el viaje.

"No es un renacimiento aventurero poético de tecnología del Siglo XIX, sino algo que definitivamente encara la transición de energía en el mar", dice el fundador de TOWT, Guillaume Le Grand.

Se calcula que la industria marítima produce 3% a 5% de las emisiones globales de dióxido de carbono, haciendo que la navegación a vela sea muy atractiva al sector orgánico y ecológico.

Al aumentar el precio del petróleo, también sube el costo de las opciones tradicionales de carga.

Esto ha motivado la investigación de combustibles alternativos como gas natural licuado (GNL) y una reducción de la velocidad de las naves de carga, la llamada navegación lenta.

Guillaume Le Grand

Guillaume Le Grand: los precios del petróleo empujan el costo de las opciones tradicionales de carga.

Para Le Grand esto equivale a una oportunidad.

"Hasta hace 10 a 12 años, la mayoría de barcos cruzaban océanos a 20 nudos como promedio. Ahora lo hacen a menos de 15 nudos", dice.

"(Tres Hombres) cruza el océano a entre 8 y 10 nudos. No es una velocidad ridícula".

Hay otros desafíos. El tiempo de llegada es impredecible, la capacidad limitada y, por ahora, la navegación a vela es relativamente cara.

"Estamos usando soluciones del Siglo XIX para la gente del Siglo XXI", afirma Le Grand.

"Ellos saben bien que Tres Hombres es un bergantín de 32 metros, pequeño, pero están preparando el camino para enviar carga por veleros".

El único modo de hacerse competitivos, indica, será construir una gran flota de barcos grandes de carga.

El equipo detrás de Tres Hombres pretende eso, con planes para una embarcación de carga moderna a velas, llamada Ecoliner.

A bordo

Maltese Falcon

El superyate Maltese Falcon tiene velas de fibra de carbono controladas por computadora.

No son los únicos. Diane Gilpin, de B9 Shipping, trabaja en planes para un barco así desde 1994.

La inspiró el "Atlantic Clipper", un velero de carga que navegó entre Reino Unido y el Caribe en la década de 1980.

"Creo que necesitamos observar el impacto significativo sobre las emisiones de gases del efecto invernadero. Un estudio reciente mostraba que si (la flota global) fuera un país, sería el sexto emisor más grande del mundo", señala.

El mundo debe desarrollar una tecnología capaz de trasladar mercancías en grandes cantidades para enfrentar este desafío, agrega.

La propuesta de B9 es un carguero costero que combina enormes velas de fibra de carbono DynaRig -como las usadas en el superyate "Maltese Falcon"- con un motor que emplea biogás hecho de desechos de alimentos en un proceso llamado digestión anaeróbica.

El bio-metano líquido producido así puede emplearse en un motor existente a GNL.

"Combinamos tecnología ya existente en una forma que nos permita construir inmediatamente un barco de carga de energía 100% renovable", afirma.

Usar biogás significa predecir con más exactitud los costos operativos, agrega Gilpin. También significa trabajar de cerca con el Servicio Meteorológico británico con sofisticados productos de rutas climáticas.

B9

El B9, incluyendo sus velas, será controlado totalmente desde el puente, dice Diane Gilpin.

Un modelo a escala del barco fue probado durante el verano en la Universidad de Southampton. Los resultados se usan para predecir el desempeño y optimizar las rutas.

Richard Pemberton, ingeniero investigador de la universidad que participó en la prueba, cree que el proyecto tiene potencial.

"(Con) la carga correcta en la ruta correcta, la navegación a vela se hace viable, particularmente si suben los costos del combustible", afirma.

Pemberton no ve todavía la navegación de barcos híbridos. "Algunos de los cargueros seguirán usando combustibles fósiles".

A navegar

Junto con numerosos proyectos pequeños, están aumentando los intentos comerciales de aprovechar la energía eólica.

La compañía alemana SkySails ya está mercadeando un sistema que usa una cometa gigante para ayudar a remolcar barcos comerciales, reduciendo el consumo de combustible.

En Japón, el proyecto Wind Challenger, respaldado por la Universidad de Tokio, también busca poner velas a cargueros.

Beluga Skysails

El MS Beluga Skysails fue el primer barco con la tecnología SkySail operada por computadora.

Nick Brown, experto de Lloyd's Register, dice que la sociedad está muy interesada en tecnología eólica.

"Creo que todo se reduce a una decisión comercial, una combinación de costos de inversión y las implicaciones de tiempos de navegación probablemente más largos".

Según Brown, en formas de propulsión "más limpias" la elección es limitada.

"Si no hay barcos, no hay comercio mundial. La mitad del mundo se congela, la otra mitad muere de hambre".

"El gran riesgo es la visión sobre las emisiones de carbono, porque GNL es altamente beneficioso -mucho más limpio que los combustibles fósiles alternativos disponibles actualmente- pero siguen siendo combustibles fósiles", señala.

"Obviamente la energía nuclear se ha usado exitosamente en aplicaciones por Marinas durante más de 40 años, pero hay un gran bloqueo sociopolítico para adoptarlo más ampliamente. El foco está mucho más en los renovables. Y el viento es potencialmente apasionante".

Por ahora, usar la tecnología a vela en navegación comercial sigue siendo un nicho. Pero los precios del petróleo en aumento y las consecuentes velocidades más lentas a las que se mueven los cargueros internacionales podrían empujar su viabilidad económica.

"No es una industria emocional, es puramente comercial", afirma Pemberton.

"Si alguien puede hacer dinero de la tecnología a vela, la apoyarán. Así de simple. Las grandes compañías están interesadas, así que deben ver su potencial".

Contexto

En fotos

  • El dúo de fotógrafos de EE.UU. Floto+Warner es el responsable de la serie "Colourant", compuesta por imágenes de ráfagas de vibrantes colores suspendidas inmóviles en paisajes desérticos. Aseguran no haber usado Photoshop.

Destacamos

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