Un museo de los sonidos en vías de extinción

  • 3 enero 2013
Personas escuchando una grabación antigua
El museo ofrece un viaje auditivo al pasado.

¡Ah, los ruidos y sonidos de antaño! El carraspeo de un teléfono de disco, el tableteo de una máquina de escribir, el zumbido incierto de un disco floppy, la alegre tonada del juego Gameboy son todos recuerdos de un pasado análogo o una insípida tecnología digital que nos devuelve a esas épocas de nuestra juventud en la que teníamos los últimos aparatos de moda.

Todos esos sonidos, sin embargo, se están perdiendo, están siendo literalmente opacados por los avances de una tecnología más elegante, más exquisita, más silenciosa.

Pero no hay que desesperarse por este vacío auditivo, pues existe en internet un Museo del los Sonidos en Peligro de Extinción donde el usuario puede encontrar esas rarezas que añora, como el ruido de una cinta de un VHS enredándose en el cabezote de un reproductor de video, la monotonía de un casete rebobinando o el acogedor tono del programa Windows 95 arrancando en un computador, entre muchos otros.

Vínculo con el pasado

El museo es la creación de tres jóvenes profesionales estadounidenses, Phil Hadad, Marybeth Ledezma y Greg Elwood, que se conocieron en la Universidad Brandcenter, en Virginia. El primero, que trabaja ahora en una agencia publicitaria, dijo a la BBC que la idea surgió una noche dentro de un auto cuando los tres estaban enviando textos por teléfono.

"Marybeth escribía sus textos en un Blackberry y todos podíamos escuchar el tecleado. Greg y yo lo hacíamos en silencio con iPhone", relató Hadad. "Fue ahí donde empezó la discusión de si la tecnología había llegado a un punto de no producir sonido alguno".

Hadad relacionó el evento con la compra reciente de un televisor que él conectó mal y lo único que obtuvo fue una pantalla azul muda, sin el tradicional carraspeo de estática al que estaba acostumbrado.

La discusión evolucionó a lo largo de las semanas hasta que decidieron construir un sitio internet en donde podían guardar los sonidos de su niñez y adolescencia vinculados a los diferentes aparatos y juegos en el mercado de ese entonces.

Humor y diversión

Cada uno trajo sus sonidos favoritos. Para Phil Hadad era el de la conexión a internet con el módem 56K. Eso le trae recuerdos de la primera computadora que su padre llevó a casa y que conectaron al servicio AOL.

VHS
Uno de los sonidos que más les trae recuerdos es el de una cinta de VHS enredada en el reproductor.

"Ese módem hacía todo tipo de ruidos desconocidos y misteriosos. Algunas veces conectaba y otras no", comentó el publicista. "A todos nos gustó pues la internet fue tan grande que cambió nuestras vidas en los años 90".

Greg Elwood, por su parte, fue un fanático de los primeros juegos electrónicos: 8 Bit, Number Crunchers y Game Boy, dice su amigo. "Tiene muchas memorias asociadas con esos juegos y cobran importancia cuando uno ve lo que han avanzado los juegos de video".

La filosofía del grupo es tener un sitio divertido y que refleje su sentido del humor. Por eso han incluido sonidos como el de la cinta VHS enredándose. "Es uno de los sonidos que más recordamos. Está arraigado en la experiencia de ver una película en casa. Todo el mundo conoce ese ruido", aseguró Hadad.

El factor lúdico se ha extendido al sitio mismo. No solo se trata de un museo virtual pero su curador también lo es. Como estudiantes de publicidad siguieron el principio que una historia puede elevar una idea.

Curador virtual

Así fue como nació Brendan Chilcutt, dueño y operador del Museo de Sonidos en Peligro de Extinción. Chilcutt, un nombre inventado con una personalidad compuesta de varios amigos conocidos por los fundadores del museo tiene su propio correo electrónico y su propia historia de por qué decidió entrar en el mundo del sonido.

Brendan Chilcutt
Brendan Chilcutt es el curador virtual del museo.

Hace sus propias evaluaciones sobre las diferentes grabaciones en exposición con comentarios como "un sonido maravillosamente complejo, sutil pero sin filtros", tal como si estuviera catando un vino.

También hay un imagen de Brendan, que es en realidad una foto de un amigo de Hadad haciendo una mueca. "No pretendemos burlarnos de nadie, solo queremos divertirnos", admite. "Pero llegó un momento en que algunas personas pensaron que Brendan existía y tuvimos que explicar que no es real".

Lo real es que el museo es un proyecto de nunca acabar, a medida que los sonidos del mundo actual empiezan a desaparecer debajo de los nuevo inventos de la tecnología.

"El museo se inició cuando éramos estudiantes. Ahora todos somos profesionales y tenemos menos tiempo para administrar el sitio", reconoció Hadad.

Pero la respuesta podría estar en los usuarios, dice. Como ellos escriben proponiendo sonidos para añadir, los creadores están contemplando volverlo más interactivo donde el contenido puede ser proveído por el usuario. El que quiera rescatar los sonidos de su pasado puede entonces incorporarlos a un sitio donde estarán seguros del olvido.