La peligrosa aventura de saltar a un tren en marcha

  • 4 enero 2013
Lee Marvin en Emperor of the North
Saltar a los trenes en marcha es una actividad peligrosa, pero a algunos les gusta sentir la adrenalina.

Montarse a escondidas en un tren de carga en movimiento es una vieja tradición en Estados Unidos, especialmente popular durante la Gran Depresión. ¿Pero por qué una persona arriesgaría su vida hoy en día montándose subrepticiamente en un tren?

Esta práctica, conocida en inglés como freight hopping o train hopping, está prohibida por ley en todos los estados del país. Pero se hace igual.

Vagabundos (también conocidos como hobos), trabajadores inmigrantes -la mayoría de Sudamérica- y ciudadanos estadounidenses en busca de aventuras se esconden en los trenes a pesar del creciente uso de vigilancia electrónica y la seguridad reforzada en los alrededores de un patio de ferrocarril.

"Me llamo Tuck. Yo monté en los trenes durante 25 años, 24 horas al día".

Tuck es uno de los que utilizó este medio de transporte para buscar trabajo y terminó recorriendo el mundo.

"Dejé mi casa porque sentía que era simplemente una boca más para alimentar. Como éramos tan pobres me sentía una carga, así que decidí irme con mi hermano mayor".

Comenzamos a usar los trenes y terminamos en Odessa, Texas. En los campos petroleros. Trabajamos ahí por un tiempo y luego, cuando estábamos a punto de volver a la calle y comenzar a hacer autoestop [pedir un aventón o hacer dedo], un hombre viejo nos dijo: '¿Adónde van?'"

"Le dijimos 'vamos a California'".

"Así que él nos dijo 'bueno, ese tren de allá va para California. ¿Por qué no se montan para que los lleve?'. Eso hicimos".

La jungla de los vagabundos

tren de carga en Estados Unidos
No sólo vagabundos se montan a los trenes en marcha. También personas que van en busca de la aventura.

Tuck ha pasado muchas noches durmiendo mal, su aliento huele a tabaco y su rostro es gris.

Está sentado frente a una fogata junto con otros indigentes similares en la que se conoce como una jungla de los hobos.

Pero estos hombres y mujeres participan todos en la Convención Nacional de Hobos, que se realiza el segundo fin de semana de cada agosto desde 1900 en el pueblo de Britt, Iowa.

En la época de la Gran Depresión, en la década de los años 30, los desempleados se montaban en los trenes de carga para encontrar trabajo. Viajaban largos trayectos en un vagón abierto con granos, o agachados en un furgón para escapar de los "toros", como eran conocidos los policías de los trenes.

Diseñada en primer lugar para que Britt apareciera en el mapa, la Convención ahora es la reunión de vagabundos más vieja de Estados Unidos.

Hombres como Tuck o sus compañeros son lo que podría llamarse vagabundos profesionales, bien recibidos por los residentes de Britt, incluyendo la directora del museo, Linda Hughes.

"Tenemos una olla con lo que esté disponible, un salón de té para mujeres y la elección de un rey y reina de los hobos", dice.

El ambiente es amistoso: los rumores abundan y hay historias sobre cómo juegan al gato y al ratón con la policía.

Britt también honra a estos aventureros ofreciéndoles una sección de su cementerio local para que tengan un lugar de descanso eterno.

Pero entre los vagabundos de tiempo completo hay algunas dudas sobre otro grupo de viajeros subrepticios: los que tienen trabajos, casas y dinero, pero lo hacen por la aventura y la emoción.

"Subirse y bajarse de los trenes en movimiento es todo un arte. Y si uno no lo sabe puede terminar fácilmente aplastado. ¿El tren? Ni se dará cuenta".

Aficionados

trabajadores cerca de un tren de carga
En la Gran Depresión muchas personas utilizaron los trenes de carga para viajar de un lado a otro.

Firecracker Wendy, uno de los compañeros de Tuck, desdeña a quienes no están preparados.

"Uno no sabe dónde se va a poder bajar. Puede empezar en Sacramento en el desierto y terminar cuando caiga la noche en Washington, congelándose".

Pero esas historias no desalientan a los viajeros que lo hacen por diversión.

Kevin, ahora un bombero en Los Ángeles, ha estado haciendo esta actividad desde que estaba en la universidad, cuando descubrió la emoción de eludir la seguridad, hallar un buen contenedor para esconderse y agacharse para un viaje nocturno a través de los bosques y montañas de su natal California, terminando bien al norte, en Portland, Oregón.

Kevin dice que en la universidad, él y sus amigos pensaron "en saltar en un tren y acostarnos sobre un furgón para mirar las estrellas, viajar por las montañas y sentir el poder del motor. Yo quedé flechado".

Pero incluso los que hacen esto por diversión tienen sus propias reglas: hay libros y páginas de internet que explican cómo ubicarse en la red de trenes de carga, cómo hacerse amigo de los empleados del patio del ferrocarril y qué trucos hay para viajar lo más seguro posible.

Un autor advierte, por ejemplo, que "no salte a un tren en marcha a menos que pueda contar los tornillos en cada rueda o si va demasiado rápido".

Ilegal y peligrosa

tren de carga en USA
Por más emocionante que sea, esta actividad también es peligrosa e ilegal, según expertos.

¿Entonces por qué deciden ciudadanos con vidas normales y corrientes emprender semejante aventura?

Para Kevin representa "la última aventura de los estadounidenses de sangre caliente. Hay tantas prohibiciones hoy en día. El gobierno te dice haz esto o no hagas aquello".

Él dejó de montar en trenes y tuvo suerte de no ser arrestado o morir en el intento.

No hay estadísticas disponibles relacionadas específicamente con esta actividad.

Pero en California hay alrededor de 90 muertes relacionadas con los ferrocarriles al año, de acuerdo con Operation Lifesaver. Dos tercios de los muertos son personas arrolladas por trenes mientras pasan sin autorización por las líneas férreas. Otras personas murieron en sus vehículos mientras las cruzaban.

Pete Aadland, director ejecutivo de la fundación de seguridad ferroviaria California Operation Lifeline, rechaza la noción de que saltar a los trenes hoy en día sea una experiencia auténtica estadounidense o genere cualquier conexión real con el espíritu de los años 30.

"No había trabajo, no había comida, así que decenas de miles de hombres tenían que utilizar los ferrocarriles para viajar a donde pudieran conseguir un trabajo", dice.

"Esa atracción, creo, probablemente sigue vigente. Pero diría que no es romántica, es ilegal y peligrosa".