Las lecciones de un fracaso científico en Antártica

  • 28 diciembre 2012
Misión
La misión fracasó tras agotarse el combustible.

Algunos miembros del equipo que trató de buscar vida en el lago Ellsworth en Antártica ya están emprendiendo el largo camino a casa, tristes y decepcionados.

El resto se habrá ido, junto con todo el equipo, las tiendas y una bandera de Reino Unido, en el transcurso de algunas semanas, sin dejar rastro de esta atrevida misión para llegar debajo del hielo.

La ciencia más emocionante a menudo conlleva el mayor riesgo y, a pesar de tres años de planificación, se trata de una apuesta que no ha dado resultado.

Las declaraciones del equipo, por supuesto, hablan de las lecciones aprendidas, de la experiencia valiosa, de reagruparse para intentarlo de nuevo.

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Pero la voz del científico jefe, el profesor Martin Siegert, transmite la dolorosa combinación de agotamiento y fracaso que marca todos los proyectos que terminan mal.

Y hace que algunos recuerden otro valiente intento británico por buscar vida en otro planeta hace casi 10 años.

Escondido por miles de años

El objetivo en la Antártica era usar un taladro de agua caliente para atravesar tres kilómetros de capa de hielo y abrir un pozo que llegara a las aguas del lago Ellsworth.

El plan había estimado que cinco días de perforación lograrían el objetivo y le darían al equipo 24 horas para introducir instrumentos de medición en el agua y el sedimento antes de que el agujero se volviera a congelar.

En teoría, en este momento, el equipo debería estar transportando a la superficie valiosos contenedores con muestras de un mundo perdido y oculto que llevaba aislado cerca de medio millón de años.

Pero en realidad, el taladro de agua caliente no logró llegar a las profundidades necesarias.

Los investigadores querían buscar vida en el Lago Ellsworth.

El plan de perforación requería la creación de una gran cavidad en el hielo para actuar como un reservorio y como un medio de regular la presión desde el lago.

La cavidad se formó pero cuando el pozo principal fue perforado, apenas a 1,5 metros del agujero que conduce a la cavidad, no se pudo establecer una conexión con el agua abajo.

El equipo asumía que el pozo descendería verticalmente, pero tal vez se desvió un poco, lo que llevó a que la conexión no fuese posible.

Y sin poder conectar el pozo principal a la cavidad, incontables galones de agua caliente se gastaron en el intento mientras que los limitados depósitos de combustible con los que se contaba se agotaron rápidamente.

Decisión

La víspera de Navidad, el equipo se acercaba a una decisión fatídica. Este proyecto de cerca de US$12 millones había hecho frente a averías en los equipos y obstáculos de última hora, al clima feroz y la lejanía absoluta.

En un momento dado, un componente electrónico del tamaño de una uña - esencial para el funcionamiento de la caldera principal - tuvo que ser llevado por avión desde Reino Unido.

Pero al final la perforación misma fue la que selló la suerte del proyecto: simplemente no se podía continuar porque el combustible se estaba agotando.

Por la tarde, el equipo reunido en la tienda principal tuvo que enfrentarse a un terrible momento: no había más remedio que darse por vencido.

El científico jefe y principal impulsor del proyecto, el profesor Martin Siegert, preparó unas palabras para decirlas frente a las cámaras: "El juego ha terminado".

Paralelo

Antártica (foto archivo)
La investigación tenía lugar en uno de los sitios más inhóspitos del planeta (foto de archivo).

El verano pasado, cuando conocí al profesor Siegert, por educación no quise recordarle lo que le había pasado a otro proyecto científico británico, la misión Beagle 2 a Marte, llamada así en honor al barco que transportó a Charles Darwin.

Esa ingeniosa pieza de ingeniería era un pequeño módulo de aterrizaje que fue llevado al planeta rojo en 2003 a bordo de la nave de la Agencia Espacial Europea Mars Express.

En ese entonces muchos de nosotros nos reunimos con el autor intelectual del Beagle, el profesor Colin Pillinger, para esperar a que se oyera la primera señal de que la nave había aterrizado exitosamente. La señal nunca llegó; Beagle desapareció, y se presumió su muerte.

Así que fue para mi sorpresa que el mismo profesor Siegert hiciese el paralelo, comparando ese audaz intento de buscar vida en Marte con su propio esfuerzo por buscarla en las oscuras profundidades debajo de la capa de hielo de Antártica.

Beagle se estrelló el día de Navidad de 2003. La misión del lago Ellsworth fue abandonada en la Nochebuena de 2012.

Pero hay una diferencia entre los dos proyectos. Nunca se encontró financiación para lanzar otro Beagle a Marte. En cambio, es probable que haya otro intento en el lago Ellsworth.

El equipo elaborará un nuevo plan el próximo año. Es posible que en cuatro o cinco años lo intenten de nuevo.

Por el momento, sin embargo, la cuestión fundamental que llevó a ambas misiones sigue sin respuesta: ¿cuál es el límite en donde la vida es posible?

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