Cuando la seguridad privada se hace cargo en Guatemala

  • 7 diciembre 2012
Se calcula que hay de 100.000 a 150.000 agentes privados de seguridad en Guatemala, lo cual cuadriplica el número de policías.

En la capital de Guatemala no se puede ir muy lejos sin encontrar a un guardia de seguridad.

Las entradas de los restaurantes, los salones y los cafés están rodeados por guardias armados.

Pistola en una mano, un bastón sujeto a sus pantalones y balas ocultas en sus bolsillos, ellos abren las puertas y protegen los carros.

Se pensaría que son los guardias de los restaurantes más caros de la ciudad, pero estos hombres están en las entradas a los McDonald's, Burger King y Taco Bell -una reacción a la alta tasa de criminalidad en Guatemala, lo que impulsa que hasta las más pequeñas empresas busquen mayor protección.

Analistas estiman que hay entre 100.000 y 150.000 agentes privados de seguridad trabajando en el país, los cuales exceden al número de 25.000 policías.

Según las Naciones Unidas, Guatemala tiene unos de los niveles más altos de criminalidad en Latinoamérica y aproximadamente hay 40 homicidios en la capital cada semana.

Los residentes más adinerados y dueños de empresas dicen que en un país donde los secuestros, robos y extorsiones son abundantes, las compañías de seguridad privada ofrecen la protección que la policía no puede.

Asumen la seguridad como un asunto prioritario: aterrorizados por la alta tasa de criminalidad contratan guardaespaldas y conductores que los lleven alrededor de la ciudad en vehículos a prueba de balas.

A la hora de salida, los colegios de la elite del país son un hervidero de guardaespaldas. Pareciera una reunión del gobierno pero ellos solo están esperando para llevarse a los niños.

Mientras tanto, dentro de los centros comerciales de la capital, hombres en trajes negros siguen a familias adineradas.

Maquila con armas

Israel Castillo llegó a la capital cuando tenía 23 años. Durante los últimos cinco años se ha parado afuera de pequeños supermercados y centros comerciales en la capital llevando un revolver .38, 12 balas y un bastón.

Antes de mudarse, nunca había manejado ningún arma; cosechaba café en su ciudad natal de Jalapa, una región montañosa a 175 kilómetros de la capital.

"No me gusta vivir aquí en la capital," dice él. "Crecí en el campo entonces estoy más acostumbrado a ese tipo de vida. Pero tuve que venir aquí; puedes ganar más dinero y siempre puedes conseguir un trabajo como un guardia de seguridad. Así puedo apoyar a mi familia."

Es una escena que se repite en otros países de Latinoamérica, pero en Guatemala el problema es más grande y la "solución" se ha convertido en otro problema.

Seguridad privada Guatemala
En el país centroamericano las compañías de seguridad privada ofrecen la protección que la policía no puede garantizar.

Muchos de los agentes de seguridad ganan salario mínimo, llevan armas peligrosas y a menudo les falta entrenamiento adecuado: una combinación letal que puede amenazar, no proteger, a los ciudadanos del país.

Ya que no muchas compañías de seguridad privada requieren que sus empleados tengan experiencia previa o un alto nivel de educación, muchos desempleados del interior migran a la ciudad para conseguir un trabajo como guardia de seguridad privada donde pueden ganar un sueldo fijo sin necesidad de credenciales.

"La seguridad privada se ha convertido en una opción laboral para un gran segmento de la población desplazada del trabajo agrícola," dice Otto Argueta, Investigador del GIGA Instituto de Estudios Latinoamericanos.

"La seguridad privada funciona como una 'maquila con armas', es decir, bajos salarios, evasión de impuestos, evasión de responsabilidades laborales, contratación informal, ausencia de requisitos de calificación y profesionalización".

El gobierno espera que una nueva ley para monitorear a las empresas de seguridad privadas que no están registradas ponga freno a la cantidad de agentes que operan ilegalmente en el país y proporcione mejor entrenamiento a los que existen.

La regulación tiene el objetivo de crear un base de datos de todos los agentes privados que trabajan en el país para que puedan monitorear sus movimientos y asegurar que todas las armas están registradas. Las empresas que no sigan las reglas recibirán castigos estrictos.

Aunque hay gente escéptica sobre cuán exitosa puede ser la nueva ley, por ahora es un inicio para vigilar una industria que ha estado fuera de control durante la última década.

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