Las despiadadas caricaturas políticas que evitaron revoluciones

  • 9 diciembre 2012
Caricatura de James Gillray
Caricatura de James Gillray de 1805 que muestra al primer ministro británico William Pitt y al líder francés Napoleon Bonaparte.

El despiadado humor de las viñetas políticas aparece todos los días en los periódicos británicos y ha ridiculizado a líderes por generaciones. Para algunos, esta tradición satírica ayudó a evitar en Reino Unido los tumultos de sus vecinos europeos.

Por cerca de 400 años, los británicos han eludido las grandes confrontaciones violentas y las revoluciones políticas.

En 1789, mientras Francia estaba ocupada derrocando a su familia real y descabezando a su aristocracia, Reino Unido moderaba su entusiasmo revolucionario y se decantaba por cambios más pausados.

Y ante el liderazgo francés, otros le siguieron. En los siglos XVIII, XIX y XX virtualmente todos los otros Estados europeos vivieron al menos un derrocamiento forzoso de gobierno.

Los historiadores tienen varias teorías al respecto, pero el exministro conservador británico Lord Baker tiene la suya propia y es bastante novedosa: las caricaturas políticas.

Baker, quien integró el gabinete de la exprimera ministra Margaret Thatcher como secretario de Interior, es coleccionista y especialista en viñetas, además de vicedirector del Museo de la Historieta de Londres.

Según él, el humor gráfico político es invención británica, y esta contribución única al mundo del arte ha ayudado a contener las frustraciones de los ciudadanos desde su origen, hace casi 300 años.

Private Eye
Los calzoncillos de John Major, primer ministro británico entre 1990 y 1997, fueron protagonistas de muchas de sus caricaturas.

"Yo creo que si puedes reírte de tus gobernantes, no les cortas la cabeza", dice.

"La risa es un escape para esos sentimientos acumulados, y hace que una sociedad sea más tranquila".

"Defecar, orinar, fornicar"

Debido a la ausencia de leyes de censura en Gran Bretaña en el siglo XVIII –la "edad de oro" de las caricaturas políticas, según Lord Baker– la sátira gráfica pudo florecer.

"En Europa, los demás países tenían censura".

"Si criticabas al rey o a la reina de Francia, te enviaban a la Bastilla – de hecho, si criticabas a Luis XIV, el castigo era ser desmembrado por cuatro caballos, algo que desalentaba bastante a la gente".

"Pero en Reino Unido no había censura, nos reíamos de nuestros reyes y reinas y de nuestros primeros ministros".

La cultura de la caricatura no solo colaboró para mantener la estabilidad del país, también fue el comienzo de la participación pública en la política al establecer una conexión entre los mandatarios y el pueblo por primera vez.

"Antes de las cámaras, la radio y la televisión, era la única forma de que la gente viera a sus políticos", dice Lord Baker.

"(Los dibujos) se ponían en las vidrieras de las tiendas para que todos pudieran verlos. Era la primera vez que el pueblo veía los rostros de miembros de la realeza, de jueces, parlamentarios, aristócratas y celebridades del momento".

"La clase media era la que compraba caricaturas, ya que era la única que podía permitírselo, pero así se inició el interés público por sus políticos".

Los primeros dibujos podían ser muy groseros y ensañarse con la apariencia física o las necesidades fisiológicas.

"En el siglo XVIII no tenían los mismos complejos que tenemos ahora: había gente expulsando gases, defecando, orinando, vomitando, fornicando, de todo. Nadie se libraba".

"Jorge III fue retratado abonando su propio campo", cuenta Baker.

Robert Walpole, generalmente considerado como el primero en ocupar el puesto de primer ministro entre 1721 y 1742, fue representado exhibiendo sus nalgas.

"La primera caricatura de Walpole fue la de su gran trasero desnudo sentándose sobre el Tesoro".

Caricatura de Robert Walpole
Esta caricatura anónima de 1740 satiriza la afición al clientelismo del primer ministro Robert Walpole.

"No podías ver su cara, pero todo el mundo sabía quién era porque sabían que había que besar su trasero para conseguir algo. Dirigía el estado a través del clientelismo y las influencias, distribuyendo cargos, y todos lo sabían".

Otros políticos tuvieron sus propias caricaturas distintivas, y los caricaturistas elegían un rasgo fácilmente identificable para que la audiencia supiera de quién se estaba mofando.

Y a menudo estos dibujos captan la personalidad de un político mejor que los retratos oficiales, opina Lord Baker.

"El humor gráfico puede decir en un instante lo que otros dicen en una columna escrita o en tres minutos de TV".

"Las viñetas tiene un impacto inmediato. Son instantáneas de un momento particular y pueden caracterizar a una persona para siempre".

Y así ocurrió con otros primeros ministros británicos: William Pitt, conocido como "el Joven" (1783-1801, 1804-1806), fue descrito como un borracho, Benjamin Disraeli (1868, 1874-1880) tenía "mechones rizados judíos", Winston Churchill (1940-1945, 1951-1955) era fácilmente identificado por su grueso cigarro y Margaret Thatcher (1979-1990) por su cartera.

Más recientemente, dice Lord Baker, John Major (1990-1997) fue retratado con "calzoncillos baratos", después de que se dijo que había sido visto llevando la camisa por dentro de la ropa interior.

En las caricaturas, Tony Blair (1997-2007) era todo "dientes y orejas" y Gordon Brown (2007-2010), extremadamente gordo.

En la actual cosecha de políticos, David Cameron y Nick Clegg han sido más difíciles de caricaturizar porque tienen una "apariencia muy similar".

"Aún no tienen rostros muy marcados. Hacen falta rasgos más distintivos", dice Baker.

Sin embargo, esto no ha sido un problema para el líder laborista Ed Miliband, que "fue Wallace and Gromit (personajes de dibujos animados) desde el principio".

El gato de Cheshire

Dibujo de Nicholas Garland
Este dibujo de Margaret Thatcher como la "Dama de Hierro" no se publicó en el diario Daily Telegraph porque su editor pensó que no iba a gustar a los lectores verla con los "calzones en los tobillos".

Pero, ¿deberían preocuparse los políticos cuando son cruelmente ridiculizados a la vista de su electorado?

¿Tienen las caricaturas un impacto negativo en la forma en que la gente los ve?

"No lo creo", dice Baker, "a todos los políticos les gusta, es más, ansían que los caricaturicen".

"Muchos de los miembros del actual Parlamento nunca tendrán sus caricaturas, son desconocidos", opina, "pero una vez que te han caricaturizado, lo has conseguido".

Sin embargo, advierte, hay que tener "una piel muy, muy gruesa" para encajar los retratos desfavorables.

Además, dice Baker, las caricaturas no crean impresiones negativas, más bien reflejan las que ya existen, y la mayoría de las "víctimas" se merecen sus caricaturas.

Durante su carrera política, Baker no ha sido inmune a la sátira, y fue dibujado varias veces por los caricaturistas que admira.

Cuando Thatcher fue destituida como líder del Partido Conservador, Baker prometió "ser leal hasta el final", lo que motivó que el renombrado dibujante Gerald Scarfe los retratara juntos en un barco que se iba a pique.

En los buenos tiempos fue caricaturizado como un león o un águila, "pero eso no duró mucho", dice el veterano político.

"Después, fui una serpiente y una lagartija", cuenta, "y el gato de Cheshire, porque sonreía mucho".

"Fui un caracol y una babosa, pero no me importó".

El truco, dice Lord Baker, es no dejar que te afecten estas caricaturas divertidas, a veces crudas y frecuentemente crueles.