El sindicalista que hizo millonarios a los deportistas

  • 2 diciembre 2012
Mervin Miller, durante la huelga de béisbol de 1981
Miller cambió la relación laboral entre jugadores y equipos.

Marvin Miller nunca bateó, lanzó una bola o corrió las bases en un campo del béisbol profesional de Estados Unidos y, sin embargo, cambió para siempre el deporte nacional de los estadounidenses.

Cuando esta semana, a los 95 años, se anunció el fallecimiento de Miller tras una batalla contra el cáncer, en EE.UU. muchos hicieron una pausa para recordar cuán distinto era el deporte antes de su gestión.

Miller ni siquiera era deportista, sino sindicalista, y desde la Asociación de Jugadores de las Grandes Ligas del Béisbol (MLBPA, por sus siglas en inglés) realizó un trabajo que permitió a los beisbolistas el hasta entonces casi irrealizable sueño de hacerse millonarios jugando a la pelota.

Para cuando Miller asumió las riendas del sindicato de peloteros en 1966, el salario mínimo de los jugadores se había mantenido inalterable por 22 años. Y, según las cifras, no era un sueldo muy atractivo para los estándares de la época.

Cuesta creerlo hoy, pero en esa época, nadie se dedicaba a jugar béisbol esperando convertirse en una estrella multimillonaria. Pero cuando Miller dejó el sindicato en 1982, la relación laboral entre los jugadores y los dueños de equipos era totalmente distinta.

La carrera por los millones había empezado para no detenerse más y el modelo se extendió a otros deportes, como el hockey o el fútbol americano.

¿Deportistas u obreros?

Miller era economista de formación e hizo que los jugadores -al fin y al cabo, empleados- entendieran que sus habilidades únicas valían más que lo que los dueños de equipos decidían pagar.

"Yo amaba el béisbol y amaba una buena pelea y, para mí, los peloteros estaban entre los trabajadores más explotados de EE.UU." escribió Miller en 1991 en sus memorias, al recordar las razones que lo llevaron a asumir la dirigencia sindical.

El hombre no cambió el terreno de juego en béisbol, pero sí puso a los que jugaban en ese terreno en control de sus carreras.

"El objetivo de Miller era lograr que los peloteros pensaran como obreros, persuadir a miembros de una clase profesional a aprender de los miembros de la clase obrera", escribió Malcolm Gladwell en un artículo aparecido en 2010 en la revista The New Yorker.

Hoy el salario mínimo por temporada de un jugador de grandes ligas es US$480.000, pero el sueldo promedio en 2011 fue de US$3.095.183, según datos de la MLBPA.

"Todos los jugadores -del pasado, el presente y el futuro- tienen una deuda de gratitud con Marvin, y su influencia trasciende el béisbol", dijo el actual jefe del sindicato, Michael Weiner.

"Sin lugar a dudas, Marvin fue responsable en gran medida de dar paso a la era moderna del deporte, que ha dado lugar a enormes beneficios para los jugadores, propietarios y fanáticos de todos los deportes. Su legado vivirá para siempre".

Agentes libres y millonarios

Esa era moderna no nació sin complicaciones. Y puede decirse que dentro de la triada deportiva (jugadores, propietarios, fanáticos), los dueños de equipos no consideraban que tuvieran algo que agradecer por lo que consideran "chantajes sindicales".

Con demandas en tribunales, mesas de arbitraje, varias huelgas y hasta un paro de 50 días durante la temporada de 1981, el sindicato que capitaneaba Miller logró que se impusiera el concepto de "agente libre".

Eso acabó con la tradicional cláusula que establecía que los jugadores eran propiedad de los clubes más allá de sus contratos, cuando los equipos mantenían la ficha del deportista por el tiempo que quisieran, incluso sin que tuvieran al jugador en su plantilla activa.

Como "agentes libres" los peloteros quedaron en libertad de ofrecer sus servicios en un mercado casi sin restricciones una vez que hubieran cumplido un periodo inicial de servicio, lo que cambió para siempre la manera en que los equipos construían sus plantillas.

Además, se hizo de la deportiva una verdadera carrera con mejoras en las pensiones y un sistema de arbitrajes para la resolución de conflictos.

A pesar de su influencia revolucionaria en el deporte, Miller tenía fama de tranquilo y hasta de pasivo, aunque los que lo conocían siempre destacaron la pasión y, en ocasiones, el exceso verbal con el que defendía e imponía sus puntos de vistas.

Deportes costosos

Lo que fue un logro sindical, puede verse como una derrota para el consumidor, el fanático que asiste a los juegos en los estadios o el que debe comprar paquetes especiales de TV para poder ver los partidos de sus equipos favoritos en casa.

Como ocurre en todos los sectores de la economía, el aumento de costos (y el sueldo de los jugadores es uno de ellos) suele trasladarse al precio del producto final que es el que paga el consumidor.

Los fanáticos pueden identificar en Miller al culpable de que la típica familia estadounidense de cuatro miembros tenga hoy que gastar un promedio de US$300 para ver un juego en el estadio, incluyendo el consumo de perros calientes a US$15 y cervezas a US$10.

El fallecimiento de Miller generó palabras amables, no sólo de jugadores y comentaristas deportivos, sino, sorpresivamente, de muchos dueños de equipos, los "enemigos de clase" del sindicalista-economista.

Aunque la gestión de Miller logró obtener de ellos mejoras para los jugadores, por muchos años los empresarios del deporte no entendían cómo podrían ellos prosperar con una mano de obra cada vez más costosa.

Finalmente, con la ayuda del mercadeo, la televisión y la publicidad, encontraron un camino que ha convertido al deporte profesional en una sólida fuerza económica.

Contenido relacionado