Brasil busca arrancar de raíz la tala ilegal

  • 3 diciembre 2012
Residentes locales mostrando madera talada de forma ilegal

La deforestación en la enorme región amazónica de Brasil se ha desacelerado en los últimos años y recientemente el gobierno dijo que estaba en su nivel más bajo desde que se inició un programa de monitoreo hace 24 años.

Pero a pesar de la introducción de regulaciones más estrictas, los madereros sin escrúpulos siguen encontrando maneras de conseguir madera de la selva y venderla como talada legalmente, denuncian los lugareños.

Fábio Lourenço de Souza, un joven agricultor brasileño, vive en un asentamiento conocido como PDS Esperanza, en el valle del río Xingú, en la Amazonía oriental.

Aunque la tierra es rica en maderas tropicales, él y la mayoría de las 300 familias del asentamiento no quieren tener nada que ver con los madereros.

"Para nosotros no tiene ningún sentido empezar a talar en nuestro asentamiento", dice Fabio, quien para hablar deja de trabajar en la construcción de una casa de madera nueva para él y su familia.

"Las compañías no nos pagan lo suficiente por la madera y destruiría la selva, y la necesitamos para el futuro de nuestros hijos".

Es mejor cultivar la tierra, asegura, especialmente cacao, que da buenos ingresos.

En guardia

Durante años, los habitantes de PDS Esperanza se han preocupado por los madereros que roban troncos de sus tierras.

Dicen que ocurre con frecuencia y que estos personajes inescrupulosos utilizan documentos falsos para hacer parecer que la madera ha sido talada legalmente.

Esta transformación de ilegal a legal es conocida en Brasil como "calentar" la madera.

Fabio Lourenco de Souza
Fabio Lourenco de Souza no quiere tener nada que ver con los taladores.

Para talar de forma legal, un propietario debe hacer un inventario de las especies de árboles que tiene en su tierra y debe solicitarle un permiso al gobierno para poder cortarlos.

Siempre que el plan respete los límites legales para la extracción de madera y contenga el compromiso de reforestar el área despejada, será autorizado.

En los casos de "calentamiento", los madereros sobornan e intimidan a los dueños de las tierras, grandes y pequeños, para la elaboración de la documentación, que luego compran, a menudo bajo coacción y por una suma insignificante.

Los madereros utilizan los papeles para como "pretexto legal" para la madera que han talado de forma ilegal en otra zona.

La BBC quiso entrevistar a un miembro del gobierno nacional sobre esta práctica, pero este se negó a hacer comentarios.

Hace algunos años, los residentes de PDS Esperanza estaban tan preocupados por la situación que bloquearon la entrada a su asentamiento para impedirles la entrada a los madereros ilegales.

Después de siete meses de tensión, persuadieron al Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA), que distribuye y gestiona las parcelas de tierra, para construir un puesto de vigilancia con el fin de proteger el sitio y pagarle a una empresa de seguridad privada para hacerlo.

El puesto todavía está allí y ayuda a entender por qué la vida es relativamente tranquila en PDS Esperanza, aunque algunos residentes aún reciben amenazas de muerte por parte de los madereros.

En el asentamiento de PDS Virola-Jatoba se respira más tensión. La mayoría de las 180 familias que viven allí también están tratando de detener a los mercaderes ilegales de madera.

Tienen una cronograma de 24 horas para custodiar el asentamiento.

A fines de septiembre, una familia descubrió que los madereros habían construido secretamente una pista de aterrizaje detrás de sus tierras para poder sacar madera en barcazas a lo largo de un afluente del río Amazonas.

Al día siguiente, un pequeño grupo de colonos, acompañados por tres funcionarios del INCRA, condujeron en un vehículo lo más cerca que pudieron adonde los madereros estaban trabajando.

Luego, guiados por el ruido de las máquinas, caminaron unos diez kilómetros a través de la selva para encontrarlos.

Uno de los colonos, que no quiso dar su nombre, admitió que tenía miedo. "No sabíamos lo que nos esperaba", dijo. "Temíamos que hubiera guardias armados protegiendo a los trabajadores".

Al final resultó que los trabajadores no estaban armados y entregaron las llaves de la maquinaria sin oponer resistencia.

Las dos partes terminaron compartiendo una cena.

Amenazas de muerte

Muchos de los colonos de la región quieren explotar su madera, pero en sus propios términos.

Algunos están siendo capacitados por el Servicio Forestal Brasileño para dirigir sus propias operaciones de tala, pero se enfrentan a la feroz oposición de las compañías madereras.

Varios lugareños confirmaron que habían recibido amenazas de muerte.

Y pocas comunidades son capaces de mantener lejos a los madereros.

Urara, una ciudad de unos 50.000 habitantes en la carretera transamazónica, es una urbe típica de frontera, sin agua corriente, ni alcantarillado, ni aeropuerto más allá de las pequeñas pistas de aterrizaje clandestinas, las que -según algunos lugareños- se utilizan para el tráfico de drogas.

Lo que sí tiene es muchas empresas madereras que impulsan la economía de la ciudad.

Cuando la luz se desvanece, los camiones sin placas llegan a los depósitos de madera cargados de troncos cortados de forma ilegal, según los residentes locales.

A la mañana siguiente, a la luz del sol, camiones con matrícula salen de los patios cargados con tablones aserrados, cada uno con una etiqueta de identificación, según lo exige la ley.

Esta madera ahora puede venderse en el mercado interno o ser exportada.

Conflicto de tierras

Los asentamientos de Esperanza y Virola Jatobá fueron creados por una monja estadounidense, la hermana Dorothy Stang, como una forma de contrarrestar la destrucción de la selva por parte de los madereros.

Estos sitios ponen un fuerte énfasis en la conservación de los bosques. Los colonos pueden cultivar sus parcelas individuales, pero no venderlas.

Los dos asentamientos están dando buenos resultados, pero -en gran parte debido a que no han sido plenamente respaldados por las autoridades- no han sido imitados en toda la región, como hubiera querido la hermana Dorothy.

Ella misma fue asesinada en PDS Esperanza en 2005 por pistoleros enviados por terratenientes.

El conflicto por la tierra que originó su muerte todavía está candente.

En 2009, se colocó una placa conmemorativa en una árbol cerca de donde la hermana Dorothy fue asesinada. Pero esta no tardó en ser acribillada.

El mensaje parecía claro: los agricultores que se resisten a los madereros lo hacen bajo su propio riesgo.