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La peligrosa travesía de una minoría doblemente perseguida

Última actualización: Martes, 27 de noviembre de 2012
Samira

Samira dice que su familia no es bien recibida ni en Birmania ni en Bangladesh.

Samira Begum no pudo dormir la noche en que su marido se subió a un bote de madera para ir a Malasia. La terrible noticia le llegó por la mañana.

Su marido, Mohamed Firoz, figuraba entre los desaparecidos luego de que un bote sobrecargado con más de 100 inmigrantes ilegales se hundiera frente a la costa de Teknaf, en el sureste de Bangladesh.

Sólo hubo unos pocos sobrevivientes y el destino de la mayoría de los pasajeros es aún desconocido.

Decenas de personas mueren cada año cuando los barcos que transportan inmigrantes ilegales, en su mayoría refugiados de Bangladesh y Birmania pertenecientes a los musulmanes rohingyas, se hunden en alta mar.

Sentada frente a su pequeña choza en la playa, Samira Begum aún contempla el mar con la esperanza de que su marido regrese.

"Le supliqué que no hiciera ese peligroso viaje en barco", dice Samira, que tiene 22 años.

"Pero él dijo que quería un futuro mejor para nuestros tres hijos y que volvería en tres años con dinero. No sé si está vivo o muerto".

Ella es una de los miles de refugiados musulmanes rohingyas de la vecina Birmania que residen a lo largo de la costa del Bazar de Cox, en la costa suroriental de Bangladesh.

La familia de Samira huyó del estado birmano de Rakhine hace unos años, durante un brote de violencia.

Pero tampoco son queridos en Bangladesh, que presiona para que los refugiados vuelvan a Birmania, pues dice que no puede darse el lujo de recibir más de ellos.

"Fuimos expulsados de Birmania y no nos quieren aquí en Bangladesh. ¿A dónde vamos a ir? ¿Cómo puedo sobrevivir con mis tres hijos ahora?" pregunta Samira.

Naciones Unidas describe a los rohingyas como una minoría perseguida, religiosa y lingüística, de Birmania occidental. El gobierno birmano, por el contrario, los considera inmigrantes ilegales de Bangladesh.

Traficantes de personas

Decenas de miles de rohingyas que cruzaron a Bangladesh en las últimas tres o cuatro décadas han estado viviendo en campamentos en la frontera. A pesar de que tienen estrechos lazos culturales y lingüísticos con Bangladesh, las autoridades los consideran una carga.

Violencia en Birmania

¿Qué provocó la reciente violencia?
La violación y asesinato de una joven budista en Rakhine en mayo desencadenó una serie de mortales enfrentamientos religiosos en junio y octubre.

¿Quiénes son los rohingyas?
Naciones Unidas describe a los rohingyas como una perseguida minoría religiosa y lingüística de Birmania occidental. El gobierno birmano, por otro lado, dice que son inmigrantes relativamente nuevos del subcontinente indio. Vecina Bangladesh ya acoge a cientos de miles de refugiados de Birmania y dice que no puede albergar más.

Phil Robertson, vocero de la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch en Bangkok (Tailandia), dice que está claro que un "número significativo" de rohingyas toman barcos a Malasia o Tailandia para huir del estado de Rakhine.

"Esta gente está desesperada", dice Robertson. "No tienen opciones. Sienten que tienen que huir para salvar sus vidas".

Pero no todos los que se montan en estos barcos de pesca son refugiados rohingyas. Las autoridades dicen que la mayoría son bangladesíes que desean emigrar ilegalmente a Malasia u otros países.

"Hemos llegado a saber de algunos de los sobrevivientes que sólo el 30 a 40% de los pasajeros de estos barcos eran refugiados rohingya. El resto eran todos de Bangladesh", le dijo a la BBC el teniente coronel Zahid Hassan, de la Guardia de Fronteras Bangladesh (BGB), en Teknaf.

Dijo que los rohingyas empezaron a ir en barco hacia el sudeste asiático en la década de 1990. Sólo recientemente los jóvenes de Bangladesh han empezado a sumarse a ese peligroso viaje.

Muchos rohingyas viven en el sudeste de Bangladesh tras haber sido expulsados de Birmania.

"Estos jóvenes no sólo de la Gran Chittagong (la segunda mayor ciudad de Bangladesh.), Ellos vienen de todas partes de Bangladesh. Con la ayuda de los traficantes de personas, intentan llegar a Malasia para encontrar empleo", dice Hassan.

Fragilidad en alta mar

Los traficantes de personas cobran alrededor de mil dólares para llevar a bangladeshíes y birmanos a Malasia o Tailandia en barco. Toma unos 10 a 12 días en llegar a destino.

La temporada de mayor actividad de tráfico de seres humanos es de octubre a marzo, cuando el mar suele estar calmo y los barcos pueden viajar sin mucha dificultad.

Después de mucha persuasión, un traficante de personas en el área de Teknaf accedió a hablar con la BBC. Pero no quiso ser fotografiado ni nombrado.

"La gente viene y me ruega que los lleve a Malasia o a otros países", cuenta.

"Desde la costa los llevamos en un bote pequeño y luego los trasladamos a un barco más grande en altamar. Si encuentro otro trabajo, dejaré esta actividad".

Se involucró en el tráfico de personas hace seis meses y hasta el momento ha enviado a más de 200 personas al sudeste de Asia.

Rohingyas

Los grupos de derechos humanos advierten que más rohingyas van a querer cruzar de Birmania a Bangladesh.

"Me siento mal cuando las personas mueren en accidentes de barcos", dice.

"Yo voy y les digo a sus familiares que se ahogaron en el mar. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Era el deseo de Dios que murieran".

Los habitantes locales dicen que un barco que transporta inmigrantes ilegales parte de la costa sur de Bangladesh dos o tres veces al mes y que rara vez se detiene. Sin embargo, algunas estimaciones indican que, por la fragilidad de los barcos en alta mar, sólo la mitad llegan a su destino.

Las autoridades insisten en que toman medidas suficientes para impedir que los inmigrantes ilegales salgan de la costa.

Pero los grupos de derechos humanos advierten que, tras los recientes brotes de violencia en Birmania, un número récord de rohingyas pueden intentar emprender la travesía.

"Es una situación peligrosa y la comunidad internacional tiene que hacerle frente", dice Robertson.

Mientras tanto, todo lo que Samira Begum puede hacer es mantener la esperanza de tener noticias de su ser querido.

Contexto

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