Escuelas para paliar los efectos de la guerra

  • 17 noviembre 2012
Un grupo de niños atiende a las clases que su profesora imparte en sirio. El gobierno turco quiere que estas escuelas funcionen adentro de los campamentos.
El gobierno turco quiere que las escuelas sirias funcionen en los campamentos de refugiados.

Los refugiados sirios, en su intento por volver a la normalidad en su nueva vida en Turquía, han comenzado a inscribir a sus hijos en las escuelas locales.

"Somos de Siria, somos de Siria", dice la profesora en inglés a su clase de niños de 12 años.

Los pupilos se acomodan como pueden, apretujados en bancos de madera en la diminuta habitación de un viejo departamento ubicado en Antioquía, en el sureste de Turquía.

Una estudiante se asoma para ver si queda espacio para ella. Tras dudar durante unos minutos, la pequeña decide sumarse: todos los alumnos tienen que moverse para lograr hacerle un hueco.

Esta escuela, llamada Al Bashayer, fue abierta en septiembre justo a tiempo para iniciar el año escolar sirio.

Más de 300 niños refugiados en la zona, entre 6 y 15 años, estudian en este lugar. Apenas caben en él.

Los 21 profesores que trabajan en esta improvisada escuela eran docentes en colegios de Siria, pero acá trabajan sin percibir ningún tipo de ingreso.

Los padres, eso sí, deben pagar US$20 al mes por el bus que recoge a los niños en sus casas y los trae hasta este edificio, pero las clases son absolutamente gratis.

Una institución islámica de caridad se encarga de proveer materiales escolares, entre los que hay una mochila rosada particularmente popular entre las niñas.

Es una causa noble, pero hay un gran problema: la escuela no tiene licencia para impartir clases.

Al poco tiempo de entrar en funcionamiento, las autoridades locales de Antioquía forzaron su cierre por varios días. Durante aquel tiempo, los profesores se encargaron de llevar a los niños al parque para distraerlos.

Clases de psicología

El gobierno turco no desea que los sirios se establezcan en esta región fronteriza de la provincia de Hatay.

Históricamente, Siria ha reclamado Hatay como parte de su propio territorio, por lo que el aumento de la población proveniente de ese país es un tema sensible.

Una niña sonríe a la cámara mientras atiende a sus clases en sirio, en Turquía.
Nuevos pupilos son registrados en la escuela Al-Bashayer, día a día.

El gobierno local insiste en que los niños refugiados sirios deben continuar con su educación, pero dentro de los campos de refugiados que el estado dispuso para ellos.

Fuentes de la cancillería turca le dijeron a la BBC que las escuelas de los campos de refugiados estaban haciendo lo posible para impartir clases en árabe a los niños residentes. Sin embargo, muchas de las familias refugiadas no desean que sus niños vivan o aprendan dentro de estos asentamientos de emergencia.

Ali Kamal envía a sus dos hijos, Mohammed (12) e Ibrahim (8), a la escuela Al Bashayer.

"Estamos en una situación muy complicada", asegura. "El problema es que en el campo de refugiados, a 40 kilómetros de aquí, las clases se imparten en turco y no en árabe. Yo deseo que mis hijos tengan la niñez que les corresponde. Quiero que tengan un tipo de vida similar al que disfrutaban en su hogar, en Siria".

Algunos refugiados han decidido trasladarse hacia otras áreas en el sur de Turquía, donde las autoridades locales permiten discretamente que las escuelas sirias operen sin problemas.

Entre tanto, Al Bashayer sigue recibiendo nuevos alumnos, día a día.

Temprano en la mañana un padre lleva a sus dos hijos para registrarlos en la escuela. Al borde de un viejo sofá, un niño y una niña permanecen en silencio, tímidos, y esperan para decir sus nombres.

Sally Al Bunni, una de las profesoras a cargo de la escuela, dice que los niños podrán empezar a asistir a las clases dentro de una semana.

A un costado del escritorio de Al Bunni, una bandera turca ondea por fuera de la ventana, quizás para recordarles a los inspectores gubernamentales que esta escuela no representa ningún peligro para el país que la hospeda.

Su aspiración es simple: que los niños sirios refugiados en Turquía sigan recibiendo el mismo tipo de educación que recibían en su país natal.

"Nosotros nos ceñimos al currículum oficial sirio", asegura la profesora. "Sin embargo hemos obviado las partes en que se elogia a Assad. Además hemos incorporado clases de psicología para ayudar a los niños a que superen el trauma. Les decimos que vamos a volver a Siria y a reconstruirla con nuestras propias manos".

Saltos de conejo

En la sala de kindergarten, en la planta baja, hay 70 niños.

No hay espacio suficiente para todos ellos en las bancas de madera, por lo que tres niños deben sentarse en el suelo y apoyarse en la pared.

Un grupo de niños sirios escuchan atentamente a su profesora, en Turquía.
Los docentes imparten psicología para ayudar a los niños a superar el trauma del conflicto.

Todos los niños de la escuela han escapado de la guerra. Bissam, un pequeño de 9 años, sobrevivió a los ataques del gobierno sirio hace dos meses, junto a sus padres y hermanos.

"Nos bombardeaban cada día", cuenta el niño sentado en una de las escaleras de la entrada de la escuela.

Bissam es un seguidor del Real Madrid y sus asignaturas favoritas son ciencias y matemáticas. Para él, sus clases en sirio son una oportunidad para lograr su ambición más grande.

"Quiero ser un piloto", dice sonriente, "porque me gustan los aviones y los helicópteros".

Durante el recreo, los estudiantes corren alrededor del pequeño patio. Una de las profesoras voluntarias les enseña a los niños cómo hacer saltos de conejo.

Los niños en esta escuela han perdido su país. Algunos incluso han perdido a familiares.

Por eso, un día normal de escuela es especialmente reconfortante.

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