Antes de Baumgartner: cinco intrépidos cuyas hazañas contribuyeron a la ciencia

  • 21 octubre 2012
Felix Baumgartner

Félix Baumgartner, el primer hombre que con su salto desde el borde del espacio rompió la barrera del sonido, afirmó que la meta de su proeza era obtener información científica.

El objetivo, insiste el equipo de Baumgartner, es colaborar en el desarrollo de sistemas de paracaídas de gran altura que podrían salvar vidas en el caso de tener que evacuar un nave espacial en la estratófera.

Pero el paracaidista austríaco no está solo en el mundo de los intrépidos: existe una larga lista de osados aventureros que realizaron grandes hazañas y de paso, impulsaron avances científicos.

Les ofrecemos cinco ejemplos.

El capitán Scott

El británico Robert Falcon Scott es conocido como el explorador que no llegó primero al Polo Sur (se le adelantó una expedición noruega).

Scott y sus compañeros de aventura murieron en el viaje de regreso de su segundo viaje a La Antártida.

El capitán Scott
El equipo del capitán Scott pasó meses estudiando las colonias de pingüinos.

Pero su misión instaló las bases de la ciencia polar moderna, según afirma el historiador David Wilson, sobrino nieto del naturalista del equipo de Scott, Edward Wilson.

Junto al cuerpo congelado del capitán se encontró un fósil perteneciente a un árbol de la especia Glossoptera indica y este hallazgo es la prueba de que La Antártida y Australia formaron parte una vez de un antiguo supercontiente.

Wilson afirma además que esto "ayudó a la comprensión geológica de nuestro planeta".

Scott también recogió las primeras muestras de huevos de pingüino emperador, que sirvieron para refutar la teoría vigente en aquel momento que sostenía que un embrión pasaba por todas las fases de la evolución de su especie.

Los científicos esperaban que los huevos mostraran la relación entre dinosaurios y pájaros, pero no lo hicieron.

George Hedley Stainforth

El 29 de septiembre de 1931, el piloto de la RAF (la fuerza aérea británica) se convirtió en el primer hombre que superó en vuelo la velocidad de 643 kilómetros por hora.

Así rompió el récord que su propio equipo había marcado antes, durante una competencia de aviación: el trofeo Schneider.

El hidroavión de Stainforth
El Supermarine fue la base del célebre Spitfire de la II Guerra Mundial.

El hidroavión que utilizó, el Supermarine S.6, fue diseñado por R.J. Mitchell, quien luego lo usó como base para construir el Spitfire, uno de los aviones de combate más veloces de la época y columna vertebral de la Unidad de Combate de la II Guerra Mundial.

El piloto John Russell opina que el premio Schneider, una competencia para estimular los avances en materia de aviación, fue crucial para la derrota de los alemanes.

"Si no hubieran efectuado ese desarrollo exponencial sobre motores a lo largo de los 18 años que invirtieron en ello, no habrían tenido una aeronave como el Huracán o el Spitfire listas para la Batalla de Gran Bretaña", dice.

El trofeo Schneider fue creado por un industrial francés y fue otorgado entre 1913 y 1931, con una pausa durante la I Guerra Mundial.

Stainforth también rompería, eventualmente, el récord mundial para vuelos de cabeza por un total de 12 minutos.

John Paul Stapp

En 1954, el investigador médico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos John Paul Stapp se ganó el título del "hombre más rápido sobre la faz de la Tierra", cuando condujo un trineo impulsado por cohetes para imponer un récord de velocidad de 1.017 kilómetros por hora.

John Paul Stapp
Stapp a gran velocidad.

Stapp pasó de la posición estacionaria a una velocidad mayor a la de una bala de 45 milímetros en cinco segundos.

A continuación, se detuvo en seco en un tiempo de 1,4 segundos, utilizando una fuerza equivalente a 46,2 veces la de la gravedad.

Fue un experimento que probó los límites de la resistencia humana, con el objetivo de mejorar la seguridad en el transporte.

El investigador se rompió varios huesos y se le desprendieron las retinas, pero gracias a estos experimentos increíbles el mundo cuenta con mejores cascos, protectores de brazos y piernas, asientos de avión, arneses y técnicas para posicionar el cuerpo para que absorba fuerzas poderosas.

Stapp hizo campaña para que estos dispositivos de seguridad, que estaban siendo desarrollados principalmente para equipo militar, también fueran incorporados en los automóviles.

Estaba presente cuando el presidente Lyndon Johnson firmó, el 9 de septiembre de 1966, la ley de seguridad que exigía la colocación de cinturones de seguridad en todos los vehículos nuevos vendidos en Estados Unidos.

Según el sitio oficial de la Fuerza Aérea, Stapp también es el autor de una de las frases más famosas de la historia de su país, cuando sufrió un accidente debido al error de uno de sus asistentes, el capitán Murphy.

"Todo lo que puede salir mal, va a salir mal", dijo. Esta máxima se conoce como la "ley de Murphy" desde entonces.

Yuri Gagarin

El cosmonauta ruso Yuri Gagarin se volvió célebre el 12 de abril de 1961, cuando se convirtió en el primer hombre en el espacio.

O en un auténtico conejillo de indias humano, según se le quiera ver.

Yuri Gagarin
Gagarin, el primer conejillo de indias humano en el espacio.

Su vuelo de 108 minutos, en el que le dio la vuelta a la Tierra a una altura de 326 kilómetros y a una velocidad de 27.000 kilómetos por hora, probó que las personas podían soportar los rigores del despegue, aterrizaje y falta de gravedad.

La hazaña lanzó una era de viajes espaciales e intensificó la carrera entre superpotencias que había comenzado con el lanzamiento del Sputnik, el primer satélite de fabricación humana, en 1957.

"Nadie sabía qué efecto tendría la gravedad cero sobre los astronautas cuando estaban allá arriba. Estaban muy preocupados por la posibilidad de que se hallaran desorientados e incapacitados una vez que perdieran el peso", dice Reginald Turnill, el cronista de la BBC para temas aeroespaciales entre 1958 y 1975.

"Se decidió desde el principio que no le sería permitido controlar la nave, sino que sería manejada desde tierra", añade.

De hecho, Gagarin casi quedó inconsciente, pero por una razón imprevista: el módulo de servicio no se separó de la cápsula en que se encontraba antes de regresar a la Tierra, lo que la puso a dar vueltas sin control, mientras que la temperatura en su interior subía peligrosamente.

Dan Martin

Cuando el médico de terapia intensiva Dan Martin escaló el Everest, reportó el nivel de oxígeno más bajo con el que nunca antes hubiera sobrevivido un ser humano: el suyo propio.

Dan Martin
Martin estudia alternativas para los pacientes en terapia intensiva.

Mientras que no se le considera un "intrépido" como tal, forma parte de un equipo de médicos que estudia cómo se comporta el organismo en ambientes de poco oxígeno, en particular a gran altura. Esto con el objeto de encontrar técnicas para el tratamiento de pacientes en estado crítico.

"Cuando una persona entra en terapia intensiva, comúnmente sufre de bajos niveles de oxígeno en la sangre. Algunos pueden tolerarlo, otros no. Nuestra comprensión del asunto es muy escasa", dice.

El equipo ya ha establecido que suministrarle grandes cantidades de oxígeno al paciente no necesariamente lleva a su mejoría.

También ha notado que los sherpas tienen altos niveles de óxido nítrico en la sangre, y está probando si elevar los niveles de este componente en la sangre produce mejores resultados.