Estudian el vínculo entre lesiones cerebrales y la propensión a la violencia

  • 19 octubre 2012

Los jóvenes que sufren lesiones en el cerebro tienen más probabilidades de cometer crímenes y terminar en prisión, dicen científicos.

Detenido
La incidencia de lesiones cerebrales es más alta en detenidos que en la población general.

El estudio de la Universidad de Exeter, Inglaterra, afirma que esas heridas pueden conducir a que los cerebros experimenten "fallas" que afectan el juicio y la capacidad para controlar impulsos.

La investigación apoya un informe presentado recientemente en Reino Unido sobre el impacto de las lesiones en los cerebros que están en desarrollo y sus consecuencias sociales.

En el nuevo estudio, el profesor Huw Williams, del Centro de Investigación de Neuropsicología Clínica de la Universidad de Exeter, describe las lesiones cerebrales traumáticas como una "epidemia silenciosa".

Expresa que esto está ocurriendo más frecuentemente entre niños y jóvenes que se han caído o resultan heridos al practicar deportes, así como en aquéllos involucrados en peleas o accidentes de tráfico.

Las consecuencias pueden incluir pérdida de memoria. Y el estudio cita investigaciones internacionales que indican que el nivel de lesiones cerebrales entre los jóvenes delincuentes es mucho más alto que entre la población general.

Más escrutinio

Un estudio de 200 adultos prisioneros varones en el Reino Unido encontró que 60% habían informado haber sufrido una lesión en la cabeza, dice.

Los investigadores reconocen que puede haber factores de riesgo subyacentes en las lesiones cerebrales y en la conducta de delincuencia.

Pero agregan que una mejora en los tratamientos y la introducción de escrutinios entre los jóvenes delicuentes podrían ofrecer beneficios significativos en términos de reducir el crimen y ahorrar dinero público.

"Un cerebro joven, como es una obra en construcción, es propenso a 'tomar riesgos' y por lo tanto es más vulnerable a sufrir heridas en primer lugar, y a experimentar problemas sutiles o severos de atención, concentración y control del estado de ánimo y conducta" expresa el profesor Williams.

"Es raro que los profesionales de justicia criminal consideren una lesión cerebral cuando analizan las necesidades de rehabilitación de un delincuente".

"Se ha demostrado que una lesión cerebral es un trastorno que puede incrementar el riesgo de cometer un delito, y también es un claro marcador de otros factores que apuntan al riesgo de cometer delitos" agrega.

Otro informe reciente llevado a cabo por el Children's Commissioner de Inglaterra, un grupo oficial de asesores sobre asuntos infantiles, llegó a las mismas conclusiones.

Trastornos

El estudio revisó la evidencia publicada en las universidades de Exeter y Birmingham sobre las lesiones cerebrales y la violencia juvenil.

Encontró que un número grande de jóvenes detenidos en Inglaterra tienden a presentan un grado más alto de trastornos de neurodesarrollo y problemas vinculados a éstos que la población general.

Esto puede conducir a dificultades de comunicación y aprendizaje y a problemas emocionales y conductuales, señala.

Se dice que muchos jóvenes delincuentes tienen un nivel de lectura por debajo de la edad de responsabilidad criminal, que en Inglaterra y Gales es de 10 años.

Maggie Atkinson, la comisionada para asuntos infantiles de Inglaterra quien dirigió el informe, está pidiendo al gobierno, al poder judicial y a todos los involucrados en el sistema de justicia juvenil que identifiquen los trastornos de neurodesarrollo en los jóvenes más rápidamente.

"Nuestro fracaso para identificar trastornos de neurodesarrollo y poner en práctica medidas para que los jóvenes con estas lesiones no cometan delitos es una tragedia", dice.

"Esto afecta a las víctimas de sus crímenes, a los niños en sí mismos, a sus familias, a los servicios que intentan mejorar la vida de los delincuentes, a la sociedad en general".

"Aunque los niños que tienen trastornos de neurodesarrollo y/o que sufren lesiones cerebrales pueden conocer la diferencia entre el bien y el mal, quizás no entiendan las consecuencias de sus acciones ni los procesos a los que son sometidos en los tribunales o centros de detención".

"Y tampoco tienen forma de cambiar su conducta para evitar volver a cometer delitos" agrega la experta.