BBC navigation

El Concilio Vaticano II: un asunto inconcluso para el papa Benedicto XVI

Última actualización: Viernes, 12 de octubre de 2012
Papa Benedicto XVI

Con una procesión con velas en la Plaza de San Pedro, en El Vaticano, se conmemoró el medio siglo del Concilio.

Esta semana, el Vaticano celebra el 50 aniversario del Concilio Vaticano II (a menudo conocido como Vaticano II), convocado por el papa Juan XXIII en 1959 para reformar e insuflarle nueva vida a la Iglesia Católica como preparativo para el inicio del tercer milenio cristiano.

El Papa Juan XXIII dijo que la idea le vino "como un rayo de luz celestial".

Los 2.800 obispos católicos del mundo se reunieron en Roma en cuatro ocasiones -en el otoño de cuatro años consecutivos a partir del 11 de octubre de 1962- para participar en una serie de debates aparentemente robustos.

Pero una lectura atenta de los registros históricos de lo que realmente ocurrió revela que los nobles objetivos del Concilio nunca se cumplieron. El papa Juan XXIII murió un año después de la primera sesión. Cuando su sucesor Pablo VI asumió el control del Concilio, la visión inicial de Juan y sus ímpetus se habían debilitado.

La Curia Romana -el pequeño cuerpo de cardenales y obispos que controlan la política de la Iglesia bajo la guía del Papa- había tenido suficiente tiempo para prepararse para el encuentro. El anuncio de la convocatoria del 21º Concilio en los 2.000 años de historia de la Iglesia inicialmente los había tomado por sorpresa.

Entre enero de 1959, cuando el Papa Juan XXIII anunció por primera vez la convocatoria del Concilio, y octubre de 1962, cuando se celebró la primera sesión en el suntuoso marco de la Basílica de San Pedro, la Curia redactó una serie de textos preparatorios con la intención de que los obispos los refrendaran con sus sellos de goma.

Pero los obispos rápidamente encontraron su propia voz una vez que arribaron a Roma. Estos dejaron en claro que estaban allí para conducir, para participar en una genuina renovación de las políticas de la Iglesia, no para seguir ciegamente las instrucciones de la Curia conservadora.

Obispos de 116 países, más que la cantidad de miembros de las Naciones Unidas, se reunieron para la apertura.

"Detrás de los tiempos"

Papa Benedicto XVI

Para Benedicto, el Concilio Vaticano II no fue una ruptura con el pasado, sino una renovación de las tradiciones de la Iglesia.

Ladislas Orsy, un abogado jesuita de derecho canónico de 91años de edad, que fue un experto asesor en el Concilio, recuerda con cuánta rapidez con que los obispos aprendieron a ejercer su poder colectivo.

"Ellos fueron educados en un sistema que no sabía nada de colegiatura y fueron entrenados para obedecer al Papa, pero en un tiempo muy, muy corto -quizás dos o tres semanas- con audacia, pero suavemente, desecharon los materiales preparatorios", le dijo a Robert Mickens del semanario católico británico The Tablet.

Algunos cambios generales, pero significativos, efectuados por el Concilio se refirieron al idioma -a partir de ahora la misa no se diría en latín- y al ritual -en adelante, el sacerdote daría la misa de frente a su congregación en lugar de darle la espalda.

También, las relaciones con otras religiones se hicieron más cordiales, en particular con musulmanes y judíos.

El Papa Benedicto XVI, hablando en una misa de aniversario en la Plaza de San Pedro -al que asistió un pequeño grupo de clérigos supervivientes que, como él, realmente participaron en las labores del Concilio-, deploró lo que llamó una "desertificación" de la vida espiritual durante los años que han transcurrido desde el final del Concilio en 1965.

"En aquel tiempo", dijo el Papa, "ya era posible saber, a partir de unas pocas páginas trágicas de la historia, cómo sería la vida sin Dios".

"Ahora", añadió, "la vemos a nuestro alrededor".

Desde su elección como Papa hace siete años, Benedicto ha tratado de corregir lo que considera una mala interpretación del Concilio Vaticano II, insistiendo en que no se trató de una ruptura revolucionaria con el pasado, como consideran los católicos liberales, sino más bien una renovación de las mejores tradiciones de la Iglesia antigua.

El Papa ha puesto en marcha un Año de la Fe, a partir de este mes, tratando de traer de vuelta a la Iglesia a católicos bautizados que se han alejado del redil durante las décadas recientes.

Los críticos de Benedicto lo acusan de no mantenerse acorde con los tiempos.

Hans Kueng, un distinguido teólogo católico y antiguo amigo cercano del Papa, ha acusado a Benedicto XVI y sus compañeros de que su espiritualidad sigue anclada en la Edad Media, mientras que el cardenal Carlo María Martini, un erudito bíblico italiano recientemente fallecido, escribió en su lecho de muerte que la Iglesia Católica sigue necesitando una reforma radical y que está "200 años detrás de los tiempos".

Desdentado

Papa Benedicto XVI

Los 2.800 obispos católicos del mundo se reunieron en Roma durante cuatro años consecutivos a partir de 1962.

El papa Benedicto XVI sostiene que el Concilio representa la continuidad, no una revisión radical de la enseñanza de la Iglesia para los tiempos modernos.

En su deseo de traer de vuelta a los católicos disidentes a la Iglesia, el papa Benedicto XVI ha estado negociando con un grupo católico tradicionalista con sede en Suiza, conocido como la Sociedad de San Pío X, que rechaza rotundamente las reformas del Concilio Vaticano II.

Hace dos años el Papa restituyó a algunos de los obispos de la Sociedad que habían sido excomulgados por su predecesor, el papa Juan Pablo II.

Pero luego las negociaciones se estancaron -aunque Benedicto XVI les ha concedido a los católicos nostálgicos de la misa en latín, abandonada en la mayor parte del mundo después del Vaticano II, la posibilidad de volver al antiguo misal en latín.

El debate sobre la interpretación de los textos aprobados por los Padres del Concilio parece destinado a continuar.

Pese a ello, la posibilidad de convocar un tercer Concilio Vaticano (el primero se celebró en 1870) ha sido desestimado por el Papa como inoportuno.

El Sínodo de los Obispos -un encuentro regular de los representantes de las conferencias episcopales de todo el mundo- inventado por el Papa Pablo VI como una señal de que la Curia Vaticana continúa más para escuchar que para gobernar- ha decepcionado a muchos de sus participantes a través de los años.

El sínodo actual, que el próximo mes se celebrará en Roma para discutir La Nueva Evangelización, no tiene competencias colegiadas reales.

Se trata de un órgano consultivo sin dientes, y su agenda y declaración final están estrechamente controladas por la Curia romana, pese a la presencia cosmética, por vez primera, de una obispa metodista -una mujer negra estadounidense- como uno de los cuidadosamente seleccionados observadores extranjeros.

Los cambios en el mundo católico desde 1960 han sido enormes. El eje de la Iglesia se ha desplazado hacia el sur. La edad promedio de sacerdotes y monjas sigue creciendo de forma alarmante mientras que las nuevas vocaciones sacerdotales se han marchitado en países otrora fuertemente católicos de Europa.

La población católica del mundo durante esa década se estimaba entre 700 millones y 800 millones y hoy supera los 1.300 millones con los mayores incrementos registrados en África y América Latina, según las estadísticas del Vaticano.

Y los obispos católicos del mundo casi se han duplicado en número, de 2.800 a más de 5.000. Es dudoso que siquiera puedan caber en la Basílica de San Pedro si alguna vez se fuesen a reanudar los asuntos inconclusos en 1965.

Contexto

BBC © 2014 El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.

Para ver esta página tal cual fue diseñada, debe utilizar un navegador de internet actualizado, que tenga habilitado el uso de hojas de estilo en cascada (CSS, por Cascading Stylesheets en inglés). Aunque en el navegador que está utilizando podrá ver el contenido de la página, no será presentado de la mejor forma posible. Por favor, evalúe la posibilidad de actualizar su navegador y/o habilitar el uso de CSS.