La visión de un excorreo humano de las FARC

  • 18 octubre 2012
Fabián, desmovilizado de las FARC
Fabián estuvo en las FARC por casi diez años, al mando de una escuadra de 20 hombres.

Se llama Fabián, tiene 30 años y hasta hace ocho meses era miembro activo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero que ahora dialoga con el gobierno colombiano para intentar poner fin a más de 48 años de conflicto armado.

"Pues de pronto es que él [Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, el actual líder de las FARC] ya quiere sentirse libre, ya no quiere combatir más, ya está cansado", dice al ser preguntado por BBC Mundo sobre las posibles razones de la guerrilla para participar en conversaciones de paz.

"O de pronto será una fechoría, como una ilusión, porque ya ha habido más de un diálogo de paz y nunca han quedado de acuerdo", agrega el exguerillero, quien en total estuvo casi diez años en las filas de las FARC.

"Yo hacía de correo, de correo humano, porque hay cosas que no se pueden mandar por comunicación por que lo interceptan", explica.

"Me gané la confianza del comandante (...) si por donde yo iba me hostigaban, ahí me estaba hasta que llegaba el refuerzo. No me quería retirar porque, al fin y al cabo, uno cuando está allá, lo primero que le dicen a uno es 'nosotros somos su familia; usted si tiene su familia haga de cuenta que no la va a volver a ver'. Y eso es así".

Eventualmente, sin embargo, el deseo de tener una vida normal al lado de su verdadera familia llevó a Fabián a desmovilizarse.

Y aunque cree que ese mismo deseo puede hacer que muchos de sus excompañeros vean con buenos ojos las conversaciones, también está consciente de las numerosas dificultades que habrá que allanar en el camino a la paz.

Seguridad

"Algunos queremos [desmovilizarnos], otros no. Yo me pongo en el [lugar del] secretariado de las FARC: él [Timochenko] se siente libre como Pedro por su casa, él no aguantaría una cárcel. O de pronto una investigación más a fondo, que lo extraditen".

"También hay personas de que llevan 91 [muertos encima], 72. Durante le tiempo que yo estuve había uno que llevaba 120 muertos encima. Entonces, si se llega a un acuerdo, uno no puede andar paseándose como Pedro por su casa, porque uno comete errores".

"Le voy a hacer este ejemplo: yo me le llevo un hermano suyo, y usted me conoce: 'Comandante fulano de tal, se me llevó mi hermano, o me mató a mi hermano delante de mí'. ¿Usted estaría dispuesto a perdonar? ¿O a vengarse?".

"Yo le he hecho la misma pregunta a más de uno y me dicen: 'Donde yo lo vea, lo cuelgo'. No se han vengado porque les queda por allá en la montaña, pero ya desmovilizándose, ya en el diálogo de paz, van a estar en la ciudad, entonces le queda más fácil a la gente".

El mismo Fabián no es ajeno a ese tipo de temores, que hacen que prefiera mantener en secreto su pasado guerrillero incluso entre las personas que, sin saberlo, están colaborando con su reinserción.

Si bien actualmente cuenta con un trabajo estable, el exguerrillero admite que el proceso de adaptación a la vida civil no ha sido sencillo.

Y ahí también está, sin duda, otra de las claves de una eventual desmovilización.

"Lo más difícil para ellos va a ser reincorporarse otra vez a la vida civil. Va ser muy duro porque allá hay personas que, la verdad, saben manejar solamente el [rifle] Galil. Va a ser muy duro para ellos aprender y que la gente les dé la oportunidad", dice Fabián refiriéndose a sus antiguos compañeros.

"[Por eso] van a haber muchas personas de que no van a estar de acuerdo [en desmovilizarse]. Porque toda la vida han estado detrás de un uniforme y un Galil y no saben hacer otra cosa. Y de pronto ellos serían el día de mañana un grupo delincuencial".

Ideales

El excombatiente de las FARC considera, asimismo, que las razones detrás del alzamiento guerrillero siguen estando vigentes, aunque ahora se pregunte si la guerrilla no es más parte del problema que de la solución.

Fabián, desmovilizado de las FARC
Fabián está consciente de las numerosas dificultades que habrá que allanar en el camino a la paz.

"[En Colombia] hay mucha, mucha pobreza. A nivel de lo que yo me recorrí si hay mucha pobreza. Pero también por culpa de nosotros, que los estamos mandando [a los campesinos] a las ciudades, porque a toda hora [estamos] combatiendo".

"Ahora, lo primero que queremos es una igualdad. O sea, que si el rico tiene diez casas, el pobre también las puede tener. Una igualdad para todos. Que ojalá haya empleo para todo mundo, así sea poquito. Así no habría tanta pobreza".

"La idea [de las FARC] es llegar a la Presidencia para componerla. Porque en el gobierno colombiano hay mucha desigualdad", explica.

"Aunque así como vamos, no vamos a llegar a ningún Pereira", admite Fabián, dando a entender que la guerrilla ya no confía en la posibilidad de una victoria militar.

Según el gobierno colombiano, son precisamente los duros golpes asestados a las FARC durante los últimos años los que terminaron por hacer que el grupo insurgente regresara a la mesa de negociaciones.

Pero el exinsurgente cree que, entre las filas guerrilleras, no faltan combatientes que todavía están dispuestos a luchar.

"Pues si nos sentíamos como un poquito flojitos, porque cada nada que cae uno, caen dos, caen tres [combatientes]. Pero los que suben, suben con ganas de pelear. Cada mundo es una cabeza", le dice a BBC Mundo.

"Entonces es muy difícil que lleguen a un acuerdo. Porque se acaba [un grupo armado] y ya irá a aparecer otro. Y si se realiza la paz en este instante, el día de mañana le va a salir otra pata al cojo. Ya saben ellos donde tiene armas, no las entregan todas".

Por eso, Fabián se muestra más o menos escéptico frente a las negociaciones.

"Yo creo que sería un milagro de Dios que se encontrara ese coso, o sea el diálogo de paz. Sería muy bonito. Pero yo no le veo, como dice el dicho, ni pata ni pies a eso", le dice a BBC Mundo, al tiempo que recuerda que ésta no es la primera vez que las FARC se dicen dispuestas a negociar.

Pero sus recuerdos de esas otras ocasiones también dan cuenta de lo mucho que esa posibilidad significa para muchos guerrilleros. Y eso eventualmente podría llevarlos a aprovechar la oportunidad.

"Uno se sentía muy contento, muy afianzado de que todo iba a cambiar, de que iba a poder ver a los seres queridos, que ya podría uno andar por todos lados, sin escondérsele a nadie", recuerda Fabián.

"Uno siente una felicidad muy grande, muy grande, porque uno ya no va estar combatiendo, no necesita estar aguantando ni frio ni hambre, ni que los zancudos lo estén picando".

"Es una felicidad, cómo le dijera: como volver a nacer".