En las montañas colombianas, las pláticas de paz son un eco lejano

  • 17 octubre 2012

El gobierno colombiano está por iniciar un nuevo proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero en el humilde caserío de El Chirriadero es poco o nada lo que se sabe de las conversaciones que se inauguran en Oslo, Noruega.

"Tenemos un gobernador mayor del resguardo, y yo creo que él está más avanzado en ese proceso. Yo no tengo bien conocimiento", reconoce Célimo Zambrano, el alcalde menor a cargo de esta vereda indígena ubicada en el noroccidente del departamento de Cauca, uno de los principales escenarios de enfrentamientos entre ejército y rebeldes.

Aquí no hay luz eléctrica ni agua potable y la carretera más cercana está a cuatro horas a lomo de mula por entre las montañas.

Y en esta zona fue abatido, hace poco menos de un año, el máximo líder de las FARC, Alfonso Cano.

Para ese entonces, Cano ya estaba hablando de paz, en secreto, con el presidente Juan Manuel Santos.

El Chirriadero, Cauca, Colombia
En la remota vereda rural de El Chirriadero se sabe poco del incipiente proceso de paz.

Pero, según el mandatario colombiano, desde lo primeros contactos él ya había dejado en claro que el inicio de las conversaciones no traería consigo el fin de las operaciones militares.

Muchos, incluyendo al propio Santos, creen que esa decisión le da mayores posibilidades al proceso, pues así, dice, no podrá ser utilizado por los rebeldes para ganar tiempo y reagruparse.

Pero eso también significa que los ruidos de la guerra casi no dejan escuchar el eco de las pláticas de paz en estas montañas.

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Escenario del conflicto

Parte del problema es que la accidentada geografía de la zona y su aislamiento han hecho de estas montañas un importante corredor estratégico así como un valioso refugio para los irregulares.

Y aunque el ejército sólo acostumbra llegar hasta acá por aire, en operaciones especiales, en los últimos meses éstas han sido cada vez más frecuentes, lo que ha aumentado el riesgo de que los habitantes de la zona se vean atrapados en el fuego cruzado.

"Nosotros tuvimos una confrontación hace poquito. A un señor le volaron la casita con una explosión. La mayor parte de las casas están averiadas", le contó a BBC Mundo Edwin Salazar, profesor de escuela.

"Hoy por hoy nos encontramos que un (helicóptero) anda rondando y ya el miedo. Es decir, el miedo quedó", admitió el maestro.

El Chirriadero, Cauca, Colombia
La casa en la que se escondía Alfonso Cano fue destruida durante un bombardeo.

Para llegar acá desde El Chirriadero, hubo que viajar a lomo de mula, cruzar un río, y bajar y subir empinadas montañas.

Pero la verdad es que historias similares se escuchan por casi todo el norte del departamento de Cauca así que no hay que ir demasiado lejos para encontrarlas.

De hecho, al inicio del viaje, en la cabecera municipal de Morales, nos encontramos con 370 desplazados de las veredas de El Diviso, El Socorro, Altamira y El Playón, que venían huyendo de nuevos combates.

"Estábamos en medio del fuego cruzado, no sabíamos que hacer", relató uno de los desplazados.

Sueño lejano

Así las cosas, no es de extrañar que los pobladores de la zona sientan las conversaciones de paz como algo tremendamente lejano.

"Eso fue noticia a nivel del país o de las ciudades, pero acá no", admitió el profesor Salazar.

Montañas del Cauca, Colombia
La accidentada geografía de la zona y su aislamiento benefician a la guerrilla.

"Eso se habla y es por allá, pero aquí, en nuestro departamento, no, en el departamento del Cauca, no", le dijo por su parte a BBC Mundo Sixto Pilcué, vecino de otra vereda también afectada por los combates.

Y según Moritz Ehrmann, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja para el noroccidente del Cauca, lo mismo pasa en el resto de los caseríos del área.

"La gente de las comunidades rurales no me parece muy enterada de los detalles de las negociaciones", le dijo a BBC Mundo.

"Y por lo tanto cuando uno le pregunta si han tenido alguna diferencia para su vida cotidiana, o alguna consecuencia para el conflicto armado, te dicen pues que no se nota ninguna diferencia, que el conflicto -y por lo tanto sus problemas- siguen igual", agregó.

Eso, sin embargo, no significa que los habitantes del Cauca no compartan el sueño de la paz con millones de colombianos.

"Esperamos que eso de resultado y que eso se dé, ¿no? Por qué eso es lo que todos los colombianos y nosotros esperamos: para que cese la guerra, cese todo lo que está pasando aquí en Colombia, en nuestros territorios", dijo Sixto Pilcué.

Y a lo mismo aspira el profesor Salazar.

"¿Con qué soñamos? Con que esas cosas se den. Que podamos vivir tranquilos, que podamos desarrollar nuestras actividades y estar por acá en nuestra zona sin ningún problema, sin estar pensando de que estamos en un conflicto", concluyó.