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Fiestas de Algemesí siguen de pie en medio de las dificultades españolas

Última actualización: Viernes, 28 de septiembre de 2012
Fiestas en Algemesi

Pese a los recortes, la gente de Algemesi estña determinada a pasarla bien.

Es la hora del almuerzo y una banda de música está tocando en el medio de la calle. Un hombre vestido como un caramelo baila con una mujer que luce una peluca afro estilo años 70.

Hay un montón de comida y bebida circulando, porque esta es una semana de fiesta en Algemesí -una oportunidad para un poco de celebración en medio de los difíciles tiempos económicos.

"Al menos por unos días podemos tratar de olvidarnos de la crisis", dijo Raúl, en la calle, cerveza en mano.

Pero el presupuesto para la fiesta en este pequeño pueblo cercano a Valencia ha caído un 20% este año. Es un indicativo de los problemas actuales de España.

Y con el gobierno de Madrid anunciando nuevas medidas de austeridad y un calendario de reformas económicas de largo alcance, todos saben que vienen tiempos aún más difíciles.

"Mi sueldo ya ha sido cortado y he perdido mi aguinaldo", dijo Isidre Pegenaute, un profesor de la escuela primaria local, sentado junto a su hija. "Hay menos dinero para libros y más alumnos en cada clase".

"La gente está preocupada por sus salarios, sus pensiones y por si todos nuestros más brillantes jóvenes van a irse al extranjero".

No todo es pesimismo. No hay duda de que España cuenta con algunas fortalezas económicas: a diferencia de Grecia, por ejemplo, a las exportaciones les está yendo bastante bien.

Pero el desempleo es peligrosamente alto y los elementos clave de la economía local en este pueblo están luchando por sostenerse: los precios de los productos agrícolas están cayendo, la construcción está prácticamente detenida. Una mueblería local cerró esta semana por falta de clientes.

"Ciertamente sentimos los efectos de la crisis", dijo Carmen, mientras servía café en una cafetería local.

"La gente gasta menos dinero y vamos a tener otro par de años malos".

"Pero esperamos que las cosas mejoren con el tiempo", dijo, mientras una lluvia de fuegos artificiales estallaba afuera. "Tenemos que pasar por esto".

Manteniendo las apariencias

Fiestas en Algemesi

Los recortes de 20% en el presupuesto para las festividades no afectaron la preparación de paellas.

Una de las grandes frustraciones, sin embargo, es que mucha gente teme ya no tener control de su propio destino. Y tampoco su país.

España ya ha aceptado decenas de miles de millones para rescatar a sus bancos. La gran cuestión ahora es si -o tal vez cuándo- tendrá que pedir más ayudas económicas en forma de préstamos de los fondos de rescate de la eurozona.

Una cifra tan alta como US$385.000 millones ha sido mencionada.

La Comisión Europea, Francia y otros están diciendo vamos hacia adelante, y cuanto antes mejor.

Alemania, como siempre, es más cautelosa -¿por qué la prisa? Es reacia a asumir responsabilidades adicionales.

Pero ahí está el detalle -sólo tras una petición formal de ayuda el Banco Central Europeo dará el paso y comprará bonos españoles para bajar los costos del préstamo.

Y los mercados otra vez se están poniendo impacientes.

De modo que el gobierno español tiene un margen de maniobra limitado. Por ahora, con el anuncio de un calendario para la reforma, está tratando de adelantarse a las condiciones que podrían venir con la ayuda extra.

Es en parte un ejercicio de salvar la cara política. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, no quiere un rescate con estrictas condiciones. A él le gustaría convencer a la gente de que su programa de reforma es de cosecha propia.

"No creo en él", resopló Joaquín Jordán, un jubilado que se crió en Algemesi. "Ni siquiera él cree en sí mismo".

El rostro de Joaquín se emociona mientras describe su desdén por la clase política. La confianza del público se está agotando.

"La solidaridad dentro de la familia es lo que mantiene a la gente aquí en España", dijo.

"Por eso me preocupa lo que podrían hacerle a mi pensión. Porque soy la última red de seguridad para mis hijos y nietos".

Un castigo doloroso

Mucha gente comprende que el cambio tiene que venir, pero el ritmo de las reformas y el grado de austeridad se han convertido en un castigo y -algunos dirían- contraproducentes.

"El problema es que hemos estado haciendo mal las cosas por 15 años", argumentó el profesor Vicente Pallardo de la Universidad de Valencia.

"Y ahora tenemos que corregir todo en dos o tres años".

"Es un balance muy difícil, para ser honesto".

Entonces, ¿cuánto dolor puede soportar la gente antes de que su fe en el sistema político se extienda más allá del límite?

Los enfrentamientos violentos fuera del Parlamento español esta semana -entre manifestantes y policía- constituyen una señal de advertencia.

Más aún, las elecciones anticipadas, que se celebrarán en noviembre, acaban de ser anunciadas en Cataluña, región que representa el 20% de la economía española.

La votación medirá el nivel de apoyo para mayor autonomía catalana, o incluso su independencia. Los desacuerdos financieros con Madrid repentinamente han puesto el tema en el tapete.

En palabras de un ministro de gobierno, esto añade "una crisis al tope de una crisis" y en un momento en que la recesión se está profundizando.

Así que el estado de la nación española está agitado.

No se sentía de esa manera bajo el sol vespertino de Algemesí, mientras que grupos de juerguistas disfrazados iban en tropel a una plaza de toros temporal.

Pero algunas preguntas básicas acerca de las estructuras económicas y políticas están siendo formuladas en un país que se halla en un profundo -y por tanto incierto- cambio.

Contexto

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