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En España buscan que política y ética vayan de la mano

Última actualización: Viernes, 21 de septiembre de 2012
Ceremonia en parlamento catalán

La presidenta del parlamento catalán, Núria de Gispert (derecha) fue quien recibió el código.

"Es una falacia hablar de crisis financiera únicamente. La crisis es política", sentenció el pensador español José Luis Sampedro. Y según las mediciones sociológicas esto es ya inocultable: crece indetenible la desconfianza en los gobiernos.

El más reciente estudio del centro Pew Global Research encontró que en 16 de los 21 países analizados la mayoría culpa a sus dirigentes por los problemas económicos.

Como respuesta, un grupo de académicos españoles elaboró un código de ética para políticos.

Durante más de 30 horas, los trece profesores, en su mayoría de filosofía, ética y ciencias políticas, se reunieron para discutir el tema en la Cátedra Ethos de la Universidad Ramón Llul, y concibieron 26 artículos, inspirados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que destacan valores como la justicia, la transparencia, el servicio, la integridad, la imparcialidad y el profesionalismo.

"La idea nace porque estábamos preocupados por la caída en picada de la imagen del político en la vida social. Esta crisis de legitimidad va muy vinculada a la separación entre ética y política, que es cada vez más subsidiaria de lo económico", dice a BBC Mundo Francesc Torralba, profesor de filosofía y director del proyecto.

Lo más destacado

  1. Relación de los políticos con los ciudadanos y la sociedad civil: "Los políticos deberán expresar sus planes e ideas con respecto a todos los ciudadanos y actores políticos".
  2. Relación entre políticos: "La relación entre actores políticos (...) debe estar definida por la voluntad de diálogo, juego limpio y honestidad".
  3. Políticos con sus deberes ejecutivos en la administración pública: "Las acciones de las administraciones públicas no pueden ser gobernadas por intereses arbitrarios o parcializados".
  4. Relaciones con los medios: "La relación entre políticos y profesionales de los medios debe siempre distinguirse por el respeto de la autonomía de cada dominio".
  5. Relaciones con los partidos políticos: "Los políticos pueden expresar libremente sus opiniones dentro de los órganos del partido y transmitir sus discrepancias dentro de los canales que correspondan".

No había en Europa tal código para todos los ámbitos de la vida pública; sólo para partidos políticos y uno para el Parlamento británico, resalta Torralba. Este es un articulado pensado para las "democracias abiertas y caracterizadas por el estado de bienestar" de Europa, en todas sus instancias, desde los concejos municipales hasta el Parlamento Europeo.

¿Cómo puede un código confeccionado en una universidad catalana, en una cátedra que vive de intentar responder las cuestiones fundamentales de la existencia, cambiar conductas inherentes al muy mundano ejercicio de la política?

Torralba responde que muchos de los profesores habían trabajado antes en el Congreso y en consejerías de gobierno, pero que él y sus compañeros reconocieron la limitación y por eso sometieron el texto a la evaluación de una veintena de políticos activos de primera línea.

Antonio Gutiérrez-Rubí, autor del libro "Filopolítica, filosofía para la política", alaba de este texto su regreso "a la lectura de los clásicos". Está convencido de que son esas preguntas fundamentales de la filosofía y la ética las que hace falta asumir en el ejercicio político.

¿Paradoja irresoluble?

"Estábamos preocupados por la caída en picada de la imagen del político en la vida social. Esta crisis de legitimidad va muy vinculada a la separación entre ética y política, que es cada vez más subsidiaria de lo económico"

Francesc Torralba, profesor de filosofía

De hecho, en el libro invita a los dirigentes a incorporar en su cotidianidad prácticas como la meditación: "Un gestor público debe ser una persona de densidad moral y ética, y para ello es imprescindible una actitud reflexiva y pausada y una vida interior rica y equilibrada", escribe.

Con BBC Mundo discurre: "Hemos tendido a creer que los problemas nuevos desdibujaban las preguntas de siempre, y la filosofía y la ética ponen de relieve que no. Hay que situar esas grandes cuestiones morales en el epicentro de la acción política”.

¿Por qué han sido la ética y la política conceptos casi irreconciliables, una paradoja -en términos generales- irresoluble?

Torralba dice que los estados-nación y las organizaciones que los rigen, la ONU principalmente, no han sido capaces de desarrollar mecanismos que controlen el desboque financiero.

Gutiérrez-Rubí sostiene que la democracia representativa ha tendido "demasiadas veces a postergar la soberanía delegada (a través del voto) y piensa que el único momento de rendición de cuentas es con el electorado cada cuatro años. Esa representación, para que sea fuerte y pueda ser el último poder de los poderes necesita volver a nutrirse permanentemente de su contacto con la sociedad".

Entonces interviene en esta conversación un político en activo, Lluis Corominas, el vicepresidente primero del Parlamento catalán, la primera institución que recibió el código de ética en marzo -Torralba no descarta llevarlo también al Congreso nacional- y que en octubre debatirá el texto "como un papel de trabajo", para posiblemente incorporar parte de su contenido en la Ley de Transparencia de Cataluña.

Democracia imperfecta

"Los desafíos a los que nos enfrentamos no se pueden resolver sólo desde la política, sino con una gran alianza pública y privada"

Antoni Gutiérrez-Rubí, autor del libro "Filopolítica, filosofía para la política"

La ley estaría aprobada a principios de 2013, confirma el diputado.

"Pero hay un déficit general", dice. "Ética y sociedad es un diálogo interesante que se ha producido cuando hemos visto que esta democracia que estábamos construyendo es imperfecta. No es un debate que haya llegado tarde a la política, ha llegado tarde también a la sociedad".

¿Haría falta, pues, un código de ética para ciudadanos? Torralba dice que sí, que valdría la pena recuperar aquel intento de escala mundial de 1998, cuando la Declaración Universal cumplió medio siglo.

Gutiérrez-Rubí, también experto en comunicación política, discrepa, porque dice que ya hay suficientes leyes y lo que hay que hacer es que se cumplen.

"Los desafíos a los que nos enfrentamos no se pueden resolver sólo desde la política, sino con una gran alianza pública y privada que nos obligue a comprender que no hay horizontes individuales seguros si no hay un horizonte colectivo".

Contexto

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