La asombrosa transformación de la cultura bancaria

  • 16 septiembre 2012
Banqueros
En los años 60, era clave que los banqueros tuviesen una reputación intachable.

"Cuando trabajé en Morgan, el lugar eran tan tradicional y conservador, que sentía que mis pijamas tenían que estar planchados antes de ponérmelos para poder irme a la cama".

Así es como un exbanquero de alta gerencia describe el comienzo de su carrera en JP Morgan en la década de los 60, antes de que la industria financiera se transformara en una gigante y global máquina de hacer dinero.

Era una época en la que "cuidar la reputación de tu banco era como proteger el honor de una mujer", dice el hombre que ya está retirado.

La actualidad luce muy distante: la industria se ha convertido en sinónimo de los males de la sociedad -avaricia, inmoralidad, imprudencia- que han provocado la renuncia de múltiples ejecutivos, entre otras consecuencias.

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"La ética general en los bancos ciertamente no es la que solía ser", dice otro banquero jubilado que trabajó en el Citibank toda su vida. Ambos solicitaron permanecer en el anonimato.

En esos años, dice, los banqueros eran gente muy respetada. Éramos una industria prestigiosa que tenía buenos principios", aunque eso no significara que todos fuesen caballeros de guantes blancos. Lo cierto es que la industria nunca ha estado exenta de su cuota de escándalos. Charles Ponzi, por ejemplo, aún es recordado como uno de los estafadores más fraudulentos de la historia.

Pero entonces, ¿qué ha cambiado?

Archipiélago financiero

Charles Ponzi
Charles Ponzi fue uno de los estafadores más fraudulentos de la historia

"Creo que los banqueros se divorciaron del resto de la sociedad y la realidad", dice un director jubilado del Bank of America, que ha trabajado en varios continentes.

"Gestionar una sala de operaciones es como dirigir un equipo deportivo (hay divos, como siempre). Es necesario saber lo que ocurre internamente en el equipo. Luego también hay que entender toda la política exterior, la economía, la psicología del mercado... una tarea muy complicada y a la vez interesante. Sin embargo, se ha vuelto demasiado complicado que la gente entienda el riesgo que implica", dice, refiriéndose a las complejas matemáticas involucradas en el comercio y los múltiples productos financieros.

"Cuando empecé en el comercio podía trabajar con un cliente y ver cómo luego crecía su proyecto de construcción o su fábrica. O cubrir las importaciones de autos de alguien y al día siguiente ver los carros que consiguió importar en el estacionamiento. Teníamos contacto con el mundo real", asegura.

Como los controles de capital se fueron retirando poco a poco, las grandes oscilaciones de mercado se convirtieron en el lugar común. "Hicimos mucho dinero gracias a esa volatilidad", recuerda. "La gente tuvo la oportunidad de hacer mucho dinero, sin hacer trampa".

La regla a mediados de los 80 era hacer énfasis en los beneficios a corto plazo, así que los comerciantes comenzaron a ganar prominencia. Pero ya hoy en día, los bancos de inversión y los mercados trabajan en un "archipiélago financiero", una sociedad cerrada que se encarga de producir miles de millones de dólares.

"Esa isla tiene sus propias reglas, normas y referencias, y después de operar tanto dinero, tienen dificultades para relacionarse con el mundo real: solo comen en los mejores restaurantes, vuelan en primera clase o en su jet privado y hablan con la gente de ese nivel de la sociedad".

Lealtad

La mentalidad cortoplacista también se afianzó debido a la desaparición del espíritu de grupo y del sentido de lealtad hacia la profesión, dicen los banqueros jubilados.

"Había un espíritu de organización en esos días. Si eras empleado de Citibank, debías trabajar con otros para que la imagen del banco fuese positiva. Y si te contrataban en ese banco, se esperaba que permanecieras allí toda la vida", asegura uno de los exdirectores.

El sector financiero se limitaba a una cofradía de hombres bien educados (a menudo de la Liga Ivy, Oxford o Cambridge), un mundo que excluye a las mujeres y las minorías.

Pero al menos existía lealtad entre los banqueros, la organización y su reputación a largo plazo, dice el exempleado de Citibank, quien está releyendo por segunda vez la autobiografía de su exjefe, Walter Wriston. Su lealtad persiste a pesar de que su carrera profesional terminó.

"Ahora, la gente va saltando de un banco a otro. La lealtad a la organización es menor que la lealtad a los propios ingresos y bonos", dice, y agrega que en el pasado eso ayudaba a que los bancos fuesen más reacios a despedir a sus empleados.

De acuerdo con Joris Luyendijk, antropólogo que escribe sobre la industria, la mayoría de la gente en la actualidad cambia de puesto de trabajo después de estar en algún lugar durante un período que va de 18 meses a tres años.

"La manera en la que la gente es contratada y despedida dice mucho de la cultura bancaria. No solo hay movilidad laboral por los despidos, sino también porque la gente recibe ofertas de otras instituciones. El profesional está solo, tratando de hacer dinero. Se crea una cultura de desconfianza y miedo", dice.

"Hay cero lealtad del banco hacia el empleado y viceversa".

Inversores y accionistas

Mujeres en la bolsa
La presencia de las mujeres y los extranjeros estuvo prohibida en la Bolsa de Londres hasta 1972.

Después de los escándalos recientes, los bancos están tratando de limpiar su imagen y recuperar la confianza del público, contratando a nuevas caras.

Pero no es una tarea fácil.

"El nuevo liderazgo es positivo, aunque la cultura no cambie de un día para otro", dice Melissa Fisher, profesora de antropología en la Universidad de Nueva York, que recientemente publicó Wall Street Women, un libro sobre la historia de las mujeres en las finanzas.

"Se trata de estructuras de cultura y poder que están profundamente arraigadas. No se pueden cambiar las reglas formales así como así. Existe una diferencia entre lo que la gente dice y hace. Crear una nueva estructura lleva tiempo".

Y los financistas no son los únicos culpables.

Los bancos, a su vez, se encuentran bajo la presión de inversores y accionistas, pues de lo contrario llevarán su dinero a otro lugar.

"Así que hay mucho de codicia y avaricia de su parte también", dice el Luyendijk.

"Creo que es realmente reconfortante culpar a los banqueros, pero en última instancia, su comportamiento es solo el ejemplo más visible de la conducta de todos", asegura.

"Queda claro que los banqueros no son los únicos egoístas y cortoplacistas".