Los sirios que apoyan a Bashar al Asad

Última actualización: Domingo, 2 de septiembre de 2012
Seguidores de Bashar al-Assad

Los seguidores de Bashar al-Assad dicen defender la unidad nacional.

Un periodista sirio, cuyo nombre no detallamos en este artículo para garantizar su seguridad, visitó a la comunidad alawita de Damasco, donde el presidente Bashar al Asad cuenta con mayor número de seguidores y donde la percepción generalizada es que el conflicto esconde un "complot internacional" contra el gobierno sirio.

A pesar de que el área es considerada una de las más protegidas de la ciudad, fue difícil conseguir un taxi que me llevara de la plaza Umayyad, en el centro de Damasco, al barrio de al-Mazzeh 86 en el este de la ciudad. Muchos de los conductores estaban asustados.

"Esas son áreas alawitas y nos podrían secuestrar o matar", dice uno de ellos.

El área está habitada por familias de los militares y miembros de las fuerzas de seguridad, en su mayoría alawitas, la heterodoxa secta chiita a la que también pertenece el presidente.

El único taxista que accedió llevarme envió a su familia a los Altos del Golán para alejarlos de los disturbios que asolan Siria desde marzo de 2011.

Miedo a represalias

La polarización sectaria entre la minoría alawita en el poder y la mayoría sunita, extiende el temor a posibles ataques contra la comunidad. Pero la vida en este vecindario alawita de Damasco continúa con normalidad, ajena a los combates.

Los carteles publicitarios e imágenes del presidente Assad están por todas partes, pero en al-Mazzeh 86 pueden verse además eslóganes pintados en paredes diciendo "Assad o el Día del Juicio Final".

"Este área es clave para el régimen", dice Saed, abogado e hijo de un funcionario de alto rango del ejército sirio. "No veo ninguna señal de fisuras ni en el ejército ni en las autoridades al poder. Ahora son un sólo puño. Es difícil infiltrarse".

En este barrio de clase media, los niños jugan en limpias avenidas, adolescentes pasean y los residentes van a hacer sus compras hasta tarde en la noche.

Los alawitas en Siria, sobre todo en Damasco, constituyen la columna vertebral del régimen de la familia Asad, que ha gobernado el país desde 1970.

Según Saed, aunque las estimaciones varían, en el país habitaría una comunidad de unos dos millones de alawitas, 500.000 en Damasco. La mayoría de los habitantes de la capital son sunitas.

"La gente tiene cada vez más miedo y no se sienten seguros fuera de aquí", explica Saed. "Si yo mismo voy al exterior, trato de evitar las calles laterales y no estoy hasta tarde".

"Lucho por el futuro de mis hijos"

Enfrentamientos sectarios

Las divisiones sectarias extienden el temor a ataques en busca de venganza.

El área está ubicada al pie de la colina donde se erige el Palacio del Pueblo, edificio presidencial donde el presidente recibe a visitas oficiales.

La construcción está circundada por residencias alawitas pertenecientes a militares y miembros de las fuerzas de seguridad, incluida la élite de la Guardia Republicana.

Abu Basil, un general del ejército de unos 50 años vive en una modesta vivienda de cuatro habitaciones en al-Mazzeh 86.

Como es común en las casas de por aquí, en la sala de estar hay un retrato del padre de Bashar Al Asad, Hafez.

Basil es el jefe de una unidad militar involucrada en operaciones en las áreas rurales de Damasco, y está convencido de que en Siria tiene lugar una guerra sectaria respaldada por yihadistas e insurgentes extranjeros.

Esta guerra, según él, está liderada por Estados Unidos y otros países, incluyendo a Qatar, Arabia Saudita y Turquía.

Asegura que el ejército sirio "no les permitirá tumbar el régimen" o "islamizar el país" y "dejar que lo controlen takfires (musulmanes que acusan a otros de no ser creyentes)".

"Como institución militar no podemos aceptar esto", dice Abu Basil. "Nuestra labor (como ejército nacional) es mantener la paz civil además de defender el país de peligros externos".

Basil y sus colegas se sorprendieron con la irrupción de las protestas. Repite la línea narrativa del gobierno de que "grupos armados terroristas se infiltran en áreas rurales y urbanas".

Además explica que como "institución militar", el ejército nunca mata a "civiles desarmados" y que les ayuda a "salir de áreas peligrosas", que luego son "limpiadas de terroristas".

"A principio defendíamos al presidente", dice Basil, "pero la situación ahora es distinta. No lucho por Bashar, sino por el futuro de mis hijos y para combatir los ataques sectarios".

Limpiar el país

Grupos rebeldes

Muchos seguidores de Bashar al-Assad defienden la idea de que fuerzas extranjeras están detrás del conflicto sirio.

El miedo a ser víctimas de secuestros o a ser asesinados por miembros de la oposición ha motivado a muchos a trasladar a sus familias a regiones costeras, bastión de los alawitas en Siria. Sin embargo, el ejército y los miembros de las fuerzas de seguridad se mantuvieron en sus unidades.

Abu Ali, un general de ejército de 43 años, envió su familia a la costa después de que miembros del círculo interno de Al Asad murieran por el estallido de una bomba en Damasco el pasado mes de junio.

Dice que con su familia lejos tiene más libertad para luchar por el "liderazgo político", contra "esos terroristas".

Ali, quien comandó una brigada que participó en la limpieza del barrio de al-Midan en julio, área en el suroeste de Damasco, dice que sus compañeros están luchando para "mantener la unidad nacional y evitar división".

"Nos defendemos del agresivo ataque de los países del Golfo que apoyan a los yihadistas", repite Abu Ali con voz ronca.

"Nos envían yihadistas de todo el mundo y quieren que estemos en silencio; es imposible. No nos retiraremos hasta que limpiemos el país".

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