En el Caribe los tiburones nadan con GPS

  • 28 septiembre 2012

"Yo no tengo un perro ni un gato. Mi mascota es Laura, un tiburón martillo", cuenta Laura Bracken, de la Universidad de Miami, en Estados Unidos.

Bracken ayuda a coordinar un programa mediante el cual una persona puede 'adoptar' un tiburón, bautizarlo y seguir cada uno de sus movimientos en Google Maps.

Todo gracias a un moderno dispositivo GPS de rastreo satelital, equipado con celdas solares y hasta una carga de pólvora, que el equipo de esa universidad en Miami instala en las aletas de tiburones tigre, martillo y sarda, considerados los principales depredadores en la región y especies clave para el ecosistema.

Unas 40 veces al año, estos científicos navegan por las aguas de Florida en busca de nuevos escualos para el proyecto, con el que analizan sus patrones de migración y su hábitat.

BBC Mundo los acompañó en una de sus expediciones.

"¡Esto nunca pasa!"

David Shiffman, uno de los líderes de la investigación, está feliz.

"¡Esto nunca pasa!", grita.

La jornada de expedición acaba de empezar, hace poco se lanzaron las carnadas al agua y ya un tiburón mordió el primer anzuelo.

Y no es cualquier tiburón: es un tiburón nodriza de 2,5 metros, que aletea con desespero mientras los investigadores forcejean para subirlo al barco.

Una vez arriba, el equipo de investigadores se divide para sostener al animal, asegurarlo, medirlo, identificarlo y tomar muestras de sangre, aletas y tejidos.

Es un procedimiento que en 2011 repitieron cientos de veces, cuando capturaron tiburones de 11 especies, entre ellos 117 nodrizas y unos 50 tiburones tigre, martillo o sarda.

"El tiburón nodriza es una especie muy común en el sur de Florida", dice Shiffman. "Pero precisamente porque son tan comunes es que son tan importantes para el ecosistema local".

En el proyecto no sólo participan los investigadores. También ayudan grupos de colegio que quieren conocer más sobre estos animales a los que muchos temen.

"Hay un gran mito de que los tiburones son depredadores que comen hombres, que son sanguinarios y tenebrosos", dice Bracken.

"Al interactuar con los tiburones, estos estudiantes se dan cuenta de que son criaturas impresionantes, majestuosas".

Bracken cuenta que algunas de las escuelas donan uno de los GPS y adoptan a uno de los tiburones para llamarlo como su colegio y seguirlo en Google Maps durante las clases.

En fotos: GPS para analizar el impacto del ecoturismo en los tiburones

Ecoturismo y migración

Pero los objetivos de los científicos van mucho más allá de la adopción de un tiburón y su seguimiento en tiempo real por internet.

Los dispositivos de rastreo y las muestras de sangre y tejidos han revelado información importante sobre la conservación y el comportamiento de estos animales tanto en zonas recreativas - donde turistas bucean con tiburones- como en aguas abiertas (ver galería de fotos).

imagen de google maps con tiburones
Estos son los movimientos que ha hecho Laura, el tiburón martillo que es la mascota de Laura Bracken, según los registros de la Universidad de Miami.

Ha habido un debate sobre los posibles daños que pueden causar las compañías turísticas en las poblaciones de tiburones, al atraerlos con carnadas para fomentar el ecoturismo.

Neil Hammerschlag, director del programa sobre tiburones en la Universidad de Miami, dice que su estudio concluyó que si bien estos peces sí se sienten atraídos por la comida, no cambian sus patrones de migración a largo plazo.

Esta conclusión fue posible gracias, en parte, a los sistemas de rastreo satelital instalados en los tiburones, que revelaron migraciones de hasta 3.500 kilómetros en el océano Atlántico.

En su opinión, el ecoturismo responsable puede beneficiar la protección de estas especies.

Aletas cotizadas (y tóxicas)

El tiburón nodriza que tanto alegró a David Shiffman al comienzo de la expedición ya está de vuelta en el agua, y con él se fue la buena suerte.

Una a una, su equipo recogió las otras 29 carnadas de barracuda que habían lanzado al agua.

Todas regresaron mordisqueadas. Estaba el esqueleto pero no la carne.

Y sólo dos tiburones más mordieron el anzuelo: un cazón picudo atlántico de apenas 89 centímetros y otro tiburón nodriza que se les escabulló a los científicos y saltó del barco antes de que pudieran tomar las muestras

Shiffman aprovecha la poca presencia de tiburones en esta jornada para explicar que estas expediciones les han permitido determinar la abundancia y las tasas de crecimiento de especies costeras, los patrones de permanencia y movimiento así como la toxicidad en los ecosistemas.

Además, las muestras revelaron que las aletas -alimento preciado en algunos países y un factor clave en el declive de estos peces- son tóxicas para los humanos, según el investigador.

"Tienen altos niveles de mercurio -una toxina que uno no quiere consumir- y una biotoxina que se asocia con el Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica", dice.

Esos son los resultados de los que se precian estos científicos tras dos años de exploraciones en los cayos de Florida, en las que han tenido jornadas exitosas y otras no tan positivas.

"Ya quisiera que estos animales me obedecieran cuando les ordeno que hagan algo", dice Hammershlag en referencia a los pocos tiburones que aparecieron en esta expedición.

"Pero es el océano salvaje".

Y Shiffman agrega: "Cualquier día en el agua es mejor que un día en la oficina".

*Con la colaboración de Carlos Chirinos en Miami.