Cómo los auriculares y el ruido nos dañan el oído

Última actualización: Jueves, 30 de agosto de 2012

Científicos británicos descubrieron por primera vez cómo escuchar música o sonidos a volumen alto daña las células del nervio auditivo, causando sordera.

Audífonos

Los audífonos pueden alcanzar niveles de volumen tan altos como los de un motor jet.

Los auriculares de nuestros aparatos de música pueden causar tanto daño al oído como un motor de jet, afirman los científicos.

El estudio llevado a cabo en la Universidad de Leicester, Inglaterra, encontró que incrementar el volumen de nuestros auriculares o escuchar ruidos altos daña la capa que recubre las células nerviosas que se encargan de transmitir las señales de sonido al cerebro.

Este daño puede conducir a la sordera temporal, pero la exposición repetida a sonidos altos puede causar sordera permanente.

Tal como afirma el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) (Actas de la Academia Nacional de Ciencias), ésta es la primera vez que se observa a nivel celular el daño que causa el volumen alto.

Mielina

Para escuchar los humanos contamos con un sistema auditivo: nuestro oído detecta vibraciones que son transformadas en impulsos eléctricos que las neuronas transportan hacia el cerebro, donde percibimos el sonido.

Según explican los autores, las neuronas que transportan los impulsos eléctricos del sonido están recubiertas por una capa, llamada mielina, la cual es esencial para que esos impulsos lleguen al cerebro.

Los científicos descubrieron que la exposición a sonidos altos, por ejemplo de más de 110 decibelios, puede destruir este recubrimiento e interrumpir la llegada de la información al cerebro. (A nivel medio, un aparato de MP3 alcanza entre 85 y 90 decibelios).

Pero este daño a la mielina, como explica la doctora Martine Hamann, quien dirigió la investigación, puede revertirse y lograr que las neuronas vuelvan a funcionar con normalidad restaurando el oído.

"Ahora entendemos por qué la sordera, en algunos casos, puede revertirse", explica la investigadora.

"En cerca de la mitad de las células que analizamos, demostramos que la cubierta del nervio auditivo se había perdido, casi como si se hubiera arrancado el cable eléctrico que une al amplificador con el altavoz".

"El efecto es reversible y después de tres meses el oído logra recuperarse igual que la capa que cubre el nervio auditivo", expresa la doctora Hamann.

"Con el tiempo, la exposición a música alta de un reproductor de sonido, de los clubs, conciertos y estéreos, puede acumularse y causar pérdida del oido permanente. Los receptores sensoriales en tu oído mueren y no pueden repararse o reemplazarse"

Deafness Research Uk

La región del cerebro que se encarga de que podamos percibir el sonido de los impulsos eléctricos que transportan las neuronas desde el oído es el llamado núcleo coclear dorsal.

Y en estudios previos, la doctora Hamann y su equipo demostraron que el daño a las neuronas en esta región también es responsable de otro trastorno, llamado tinnitus, que es la sensación de un zumbido continuo en el oido.

Se sabe también que la exposición sostenida a sonidos mayores de 90 decibelios (el nivel medio de nuestros aparatos de MP3) puede causar sordera permanente.

Según la organización Deafness Research Uk, "con el tiempo la exposición a música alta de un reproductor de sonido, de los clubs, conciertos y estéreos, puede acumularse y causar pérdida del oido permanente".

"Los receptores sensoriales en el oído mueren y no pueden repararse o reemplazarse".

"La pérdida del oído debido a la música fuerte es a menudo indolora y gradual, lo cual provoca que sólo te des cuenta cuando ya es demasiado tarde".

La nueva investigación, dice la doctora Hamann, ofrece información importante sobre los mecanismos involucrados en la pérdida del oído y el impacto de la exposición a los sonidos altos.

Tal como explicó a BBC Mundo la doctora Hamann, "como encontramos que el recubrimiento de la mielina puede recuperarse con el tiempo, esto nos ofrece la posibilidad de seguir estudiando más detalladamente este recubrimiento para encontrar la forma de limitar o contrarrestar el déficit".

Pero según la investigadora, hace falta llevar a cabo más campañas para informar a la población, principalmente a los niños y jóvenes, sobre los riesgos de escuchar múscia o volumen alto.

"He estado visitando colegios y ninguno de los niños parece estar consciente de estos riesgos" dice Martine Hamann.

"Así que aunque se sabe que los sonidos altos pueden ser dañinos, los jóvenes (y los adultos también) no parecen estar conscientes de que estos peligros se aplican a sus casos individuales".

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