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El nieto de Trotsky recuerda cómo fue asesinado su abuelo

Última actualización: Miércoles, 29 de agosto de 2012
Esteban Volkov, nieto de Leon Trotsky frente a una foto de familia

Trotsky fue como un padre para su nieto. Pero tuvieron poco tiempo.

Este mes se cumplen 75 años desde que Leon Trotsky, ya expulsado del Partido Comunista Soviético, llegó exiliado a México, donde pasó los últimos años de su vida antes de ser asesinado por un agente de Stalin. Su nieto, que vivía con él, habló con la BBC sobre la vida que compartió con el revolucionario antes de morir.

Para algunos Leon Trotsky fue el verdadero héroe de la Revolución Bolchevique. Para otros, era uno de los hombres más peligrosos de su tiempo.

Pero para su nieto, Esteban Volkov, era como un padre, que le ofreció algunos momentos de felicidad y estabilidad en momentos de caos y persecución política para su familia.

"Mi figura paterna y materna cambiaban constantemente", recuerda Volkov, de 86 años.

Con "el viejo", como le llamaba cariñosamente a su abuelo, "finalmente encontré cierta estabilidad, aunque no duró mucho tiempo".

La BBC habló con Volkov en la misma casa de Ciudad de México donde vivió durante un año con el revolucionario exiliado y su segunda esposa, Natalia, antes de que lo asesinaran el 20 de agosto de 1940.

Color y sol tras el gris europeo

Volkov recuerda el entusiasmo con el que llegó a México desde Europa. Tenía apenas 13 años y se había pasado la mayor parte de su infancia mudándose de un país a otro con su madre Zinaida, hija de Trotsky, tratando de refugiarse de la persecución de Stalin.

"México fue un cambio radical, lleno de color, de sol, tan distinto de Europa", dice. "Empecé a ir a la escuela yo solo, a pie. Nadie en el colegio sabía quién era mi familia".

La vida con su abuelo, en una casa grande y bien protegida en Coyoacán, una zona afluente de la ciudad, era "muy emocionante", recordó.

Trotsky se pasaba los días escribiendo, recibiendo a periodistas que venían a entrevistarlo o hablando de política con los activistas extranjeros y los guardaespaldas que vivían con la familia.

Trotsky, en México, con su esposa Natalia y su nieto Esteban Volkov

Antes de que se lo llevaran de allí, Volkov vislumbró a su abuelo, tendido sobre el suelo de su estudio, sangrando abundantemente.

Durante las comidas, Volkov recuerda escuchar atentamente las bromas y las acaloradas discusiones que tenían lugar sobre la mesa. Pero su abuelo siempre le reprochaba seriamente a los demás que no hablaran de política delante de él.

"Toda su familia había sido asesinada o había muerto por culpa de la política y creo que quería que su nieto sobreviviera", comenta Volkov.

El padre de Volkov, yerno de Trotsky, fue enviado a un gulag en los años 30. Su madre, Zinaida, se suicidó cuando vivían exiliados en París.

Volkov recuerda que su abuelo se levantaba temprano cada mañana para atender a los animales y las plantas antes de retirarse a su estudio.

"Yo le ayudaba a alimentar a los conejos y a las gallinas y a regar el maiz", recuerda.

Hablaban en francés porque Volkov había perdido fluidez en ruso, su lengua materna.

También solían hacer excursiones al campo con toda la familia y los amigos, en una gran caravana de vehículos.

Una vez allí "el viejo" se pasaba horas buscando cactus o charlando con los campesinos mexicanos sobre sus vidas.

Para Volkov, éstos eran días de relativa normalidad y de una vida familiar que hasta entonces nunca había conocido.

Pero pronto terminaría abruptamente.

Primer intento

A las cuatro de la mañana del 24 de mayo de 1940, Volkov se despertó de un sobresalto. Pistoleros enviados por Stalin habían entrado en la casa. El niño saltó de la cama y se escondió en la esquina de su habitación. En medio del tiroteo fue alcanzado en el pie.

Pero los guardaespaldas de Trotsky les hicieron frente y eventualmente los atacantes huyeron.

Trotsky y Natalia salieron ilesos. "Que si tenía miedo? al principio sí", recuerda, "pero cuando escuchamos la voz de mi abuelo, lleno de vida, pues... es difícil describir la alegría al ver que nos habíamos salvado de los atacantes de Stalin".

Pero a partir de entonces Trotsky apenas salía de casa y las medidas de seguridad se incrementaron con más guardias y más armas.

También se acabaron las salidas al campo. "Yo pronto me acostumbré a vivir en esas condiciones", dice Volkov.

Pero lo que todos se preguntaban era cuándo y cómo sería el siguiente intento de acabar con la vida de Trotsky.

Ahora sí

Lo que ocurrió el 20 de agosto de 1940 quedó grabado para siempre en la memoria de Esteban Volkov.

Picahielos utilizado para matar a Trotsky

El arma con la que Mercader mató a Trotsky era un picahielos de montañismo.

Fue el día en que Ramón Mercader, un agente estalinista de origen español que se había infiltrado en el hogar de Trotsky, hirió de muerte al antiguo líder bolchevique al golpearlo en la cabeza con un picahielos.

Hablando despacio, como para no descuidar ningún detalle, Volkov cuenta cómó volvía de la escuela cuando vio que la puerta de la casa estaba abierta y había un coche de la policía estacionado afuera.

Temoroso, corrió hasta la casa y se encontró a los guardaespaldas en estado de confusión.

Antes de que se lo llevaran de allí, Volkov vislumbró a su abuelo, tendido sobre el suelo de su estudio, sangrando abundantemente.

Natalia estaba a su lado. "Que el niño no vea esto", se dice que Trotsky le dijo.

Murió al día siguiente en el hospital.

Volkov estaba tan desconsolado que se negó a ir al funeral de su abuelo. "Después de eso, el ambiente en casa era de mucha, mucha soledad".

Volkov siguió viviendo en México con su abuela después de la muerte de Trotsky.

Fue a la universidad, estudió química, se casó y tuvo cuatro hijas, un gran consuelo para Natalia, en luto por su marido asesinado.

Natalia murió en 1962. Volkov, hoy viudo, convirtió su antigua casa en museo.

Era, dice, su "obligación" para honrar la memoria de su abuelo.

Contexto

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